Han pasado cinco años desde que el fotoperiodista salmantino perdiera la vida en Burkina Faso, y este lunes, el jardín que lleva su nombre se ha convertido en el lugar donde los recuerdos y el apreció por su familia se mezclan para que su legado no se pierda nunca.
Una vida dedicada al compromiso y a la verdad
Nacido en Barakaldo en 1974, Roberto Fraile se convirtió en salmantino tras décadas trabajando en los medios locales de la ciudad. Sin embargo, su pasión por el periodismo de investigación lo llevó a compaginar su labor diaria con la cobertura de conflictos internacionales. Su valentía ya quedó probada en 2012, cuando resultó herido en la guerra de Siria, pero su compromiso no se detuvo y continuó documentando realidades en países como Colombia o Brasil.
Su última misión ocurrió en abril de 2021 en Burkina Faso, donde rodaba un documental sobre la lucha contra la caza furtiva junto a su compañero David Beriáin. Tras una emboscada de grupos terroristas, fueron asesinados en un suceso que conmocionó al país. Aquel sacrificio final, por el que recibió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, es el que reverbera en este jardín de Ciudad Jardín que lleva su nombre.
Un vecino con el mundo en la mochila
Caminar hoy por este rincón de la ciudad es descubrir la labor humana que hizo el fotoperiodista. Los vecinos más veteranos, recuerdan con una sonrisa cómo Roberto regresaba de sus misiones. Cuentan que lo suyo era pura vocación y que, a pesar de los riesgos a los que se exponía, siempre volvía a casa con mil historias que contar y a menudo acompañaba a algún compañero de la profesión. Era un hombre previsor; sabía los riesgos a los que se exponía y se aseguró de que, si algún día no regresaba, su familia estuviera protegida.

El espejo de su legado
Una amiga de su mujer cuenta con cariño cómo su hija mayor, Carla, ha heredado el carácter fuerte y decidido que tanto caracterizaba al reportero: “Es igualita a su padre”. Toda la admiración que recibe la labor de Roberto, se ve reflejada en el cariño que tienen los vecinos hacia la familia del periodista.
Hace dos años, en un acto honorífico al reportero, una pieza de metal artesanal en forma de cámara de fotos, hecha por un vecino, se colocó junto a la placa que aún permanece en el jardín. Aquel gesto, que simboliza lo más característico de Roberto, desapareció al poco tiempo. Nadie sabe con certeza si fue robada o si el propio autor decidió quitarla ante el temor de que el vandalismo nocturno, que ya ha dañado algunas de las vallas bajas del recinto, termine por destruirla.
Un jardín que pide cuidado constante
Sin embargo, el inmenso cariño de los vecinos contrasta a veces con la sensación de que el entorno podría lucir con más brillo. Una vecina que llegó al barrio hace pocos años, y que conoce a Roberto a través de las historias de los demás. Mientras los equipos de limpieza barren las calles, declara con resignación que el mantenimiento del espacio es irregular y que ha pedido más atención al Ayuntamiento varias veces: “Este barrio sería precioso si lo cuidarán más”.
Según explica, el despliegue de limpieza y cuidado municipal aparece de forma selectiva cuando llegan las fiestas del barrio (del 24 de abril al 1 de mayo) o los días de homenaje oficial. Existe entre los residentes el deseo de que el cuidado de la zona verde sea constante y especialmente en verano, cuando el riego automático se queda corto y el calor hace que la vegetación se seque más rápido.
Por. Lara Arias Lordén.



















