Graham Greene está relacionado con el mundo del espionaje por vinculaciones familiares y propias. Mantiene una relación cercana con Maurice Oldfield, jefe del servicio secreto inglés -MI6-. Greene viajaba con frecuencia a Portugal en los años setenta y al morir Franco, tiene interés también por cruzar la frontera y adentrarse en España.
Greene recibía centenares de cartas de sus admiradores. Uno de ellos, era un cura español llamado Leopoldo Durán. Durante una década, el escritor inglés solo es cortés con su seguidor español. La cosa cambia cuando muere Franco. Tira del hilo de su ‘amigo’ español, porque Oldfield, jefe de los servicios secretos ingleses daba dos o tres consejos a sus informantes, uno de ellos es que se hicieran amigos de los curas, porque eran una fuente de información privilegiada.
Este preámbulo sirve como excusa para hablar de Tras las huellas de Greene, una novela que firma Carlos Villar Flor y que presentó en Letras Corsarias. La ciudad del Tormes sale muy bien parada. «Greene era un enamorado de Salamanca», comparte el autor como aperitivo.
Greene vio el cielo abierto al saberse admirado por un cura español, Leopoldo Durán, que además estaba haciendo una tesis sobre el escritor inglés. Le escribió y quedaron en verse en España. El primer viaje fue en 1976, Leopoldo Durán y Graham Green de camino a Galicia –el cura era gallego- pasan por Salamanca. “A Greene le fascinó Salamanca, su Plaza Mayor y le gustó el restaurante Valencia, donde descubrió el vino tinto Rioja Marqués de Murrieta. Salamanca le encantó. Greene vino a ver la España post franquista y, en principio, no iba a volver. Pero, hubo más viajes y en casi todos ellos incluyó a Salamanca como destino”, señala Carlos Villar Flor, autor de Tras las huellas de Greene.
Según Carlos Villar Flor, Greene quedó cautivado de España por el ambiente, la cantidad de alcohol que bebían, el descanso, la relajación y las cuestiones de informar al servicio secreto inglés pasaron a un segundo plano. “Greene comenzó a venir a nuestro país de manera regular por pura amistad con Leopoldo Durán. Además, en Salamanca se inspiró para escribir la novela Monseñor Quijote, según Leopoldo Durán fue a raíz de visitar la tumba de Unamuno donde se inspiró. La pareja preguntó al responsable del cementerio dónde estaba enterrado Unamuno y el funcionario les contestó: ‘el nicho 340’. Para Greene fue una decepción esa contestación tan fría, casi como si estuviera en una fosa común”, puntualiza el autor de Tras las huellas de Greene.
Para Leopoldo Durán, ‘biógrafo’ de Greene, ese fue el germen de Monseñor Quijote. Es una novela ambientada en España, con un cura como protagonista y con un elemento muy fuerte donde se homenajea a El Quijote a través de Unamuno. “Greene conocía muy bien la obra de Unamuno y se consideraba unamuniano. Tenía ese sentimiento trágico de la vida; esa agonía del Cristianismo como lucha. Greene se identificaba con Unamuno. Quería conjugar El Quijote con Unamuno, por lo tanto Salamanca está presente cien por cien”, matiza Carlos Villar Flor.
Greene se enamoró de Salamanca. Le gustaba la alegría de la ciudad y sobre todo la presencia de Unamuno. “Cuando asocias una ciudad a un escritor al que admiras, es como un itinerario literario. Le gustaba pasear por donde había estado Unamuno. La duda unamuniana era el pan nuestro de cada día de Greene, porque la duda era parte de la creencia. Estaba muy conectado. Salamanca era el entorno donde floreció intelectualmente Unamuno y le gustaba mucho a Greene”, explica Carlos Villar Flor.

Tras las huellas de Greene
Tras las huellas de Greene es una novela donde se mezcla la realidad y la ficción y en la que Salamanca tiene su cuota de protagonismo.
“Salamanca significa mucho para mí. Aquí hice seis meses de mili, en el cuartel de Ingenieros. Intenté buscar trabajo en la Universidad, no lo conseguí, pero es de mis ciudades favoritas”, explica el autor de Tras las huellas de Greene.
Es una novela escrita con calma, pensada y muy culta. “Al no ser escritor de bestseller, no sé lo que opinará mi editor, me da la posibilidad de escribir lo que quiera. Es una novela de personajes… un poco quijotestos. He hecho una labor de detective, reportero y académico… para escribir el libro”, especifica el autor.

A Villar Flor le gusta Greene por muchos motivos, entre ellos porque consiguió hermanar las técnicas del cine y la literatura. “Mamo cine mudo. Las acciones eran muy importantes y los diálogos muy condensados. Casi todas sus obras han sido llevadas al cine. Conseguía que las obras de aventura tuvieran un trasfondo ético, político, religioso y las serias también tenían esa característica de aventura que te atrapa”, analiza el autor de Tras las huellas de Greene.
La novela presentada en Salamanca tiene pinceladas de thriller, aventuras, amistad, homenaje al Quijote de Greene y de Cervantes… “Me gusta mezclar, el thriller le da ritmo para contar mucho más. Los dos personajes son muy distintos. Hay muchos guiños a El Quijote. El mejor homenaje al Quijote era la esencia, el hecho de que haya dos protagonistas distintos que aprenden a quererse y respetarse a pesar de las diferencias. Las personas son respetables, las opiniones no todas. Tenemos que aprender a dialogar, vivir y compartir”, concluye Carlos Villar Flore.



















