«El glifosato es el herbicida más usado y uno de los más dañinos para el ambiente. Su uso requiere de formación y medios de protección por parte de las personas que lo aplican, pero normalmente esto no se tiene en cuenta; ni siquiera se avisa a la población para que tenga cuidado. En algunos pueblos, como Frades de la Sierra, Palencia de Negrilla y Aldeatejada han colocado cartel de advertencia, pero de forma muy poco precisa. En otros como Monleón, ni siquiera se advierte a los vecinos para que tenga cuidado. Y esto ocurre también en la ciudad de Salamanca, al menos, en los solares privados», denuncian desde la asociación Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca.

Desde la asociación, sugieren que lo ideal sería segar la hierba con operarios bien formados y equipados. «Los ayuntamientos deberían contratar a trabajadores para tener controlada la maleza. El objetivo principal de eliminar la hierba es evitar los incendios y para ello no es necesario eliminar el 100% de la hierba, dañando gravemente la poca biodiversidad que queda en los núcleos urbanos, con segarla, es suficiente», puntualizan.
Aunque esta asociación, Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca considera que la declaración del Principio de Precaución de la Unión Europea está muy lejos de ser la ideal, se la debería tener en cuenta en el caso de las fumigaciones con productos químicos. “El principio de precaución es un enfoque de la gestión del riesgo, según el cual, en caso de que una determinada política o acción pudiera causar daños a las personas o al medio ambiente, y no existiera consenso científico al respecto, la política o acción en cuestión debería abandonarse”, advierte la Unión Europea.

Este principio se puede aplicar perfectamente a lo que ocurre con los herbicidas, ya que la OMS advierte de que son, probablemente, carcinógenos. En Estados Unidos la agroquímica Bayer ha sido condenada a pagar miles de millones de dólares en indemnizaciones a personas que han sufrido enfermedades por el glifosato, por eso algunos estados han prohibido su uso.
«Recordamos también, que en España tenemos un problema grave con los herbicidas presentes en las aguas. Los análisis oficiales de las masas de agua españolas en 2022 indicaban que el 34,6% de las aguas superficiales españolas estaban contaminadas por glifosato en una concentración que incumple la norma de calidad ambiental. Si envenenamos las calles de los pueblos, también envenenamos el agua. El agua que después tenemos que beber. No podemos estar en guerra continua con la naturaleza. Es una guerra perdida porque, además, es una guerra contra nuestra propia salud», concluyen desde «, señalan desde Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca.



















