Es de un gusto discutible sembrar las calles del centro de pegotes y obstáculos, que, en ocasiones, estimulan los instintos más bajos de algunos especímenes que transitan por Salamanca.
Como el que en la madrugada del sábado al domingo no ha tenido mejor idea para terminar una noche de fiesta que vandalizar uno de esos obstáculos de dudoso gusto instalados por el Ayuntamiento.
Toda una metáfora de nuestra fauna: un tarugo siente una irresistible tentación y destroza el anuncio de un festival cultural.
















