Hace unos meses La Crónica de Salamanca propuso a alumnos de 3º de la ESO del colegio Calasanz realizar una serie de reportajes para conocer: ¿Por qué se levantan? ¿Qué les incomoda? ¿Cuáles son sus ídolos? En este reportaje, Paula Nieto Hernández y Jimena Domingo Andrés, de 3ºA, escriben sobre el suicido entre adolescentes y jóvenes, una realidad incomprensiblemente silenciada.
En Salamanca, los datos del servicio de emergencias 1-1-2 Castilla y León reflejan una realidad preocupante: en 2025 se registraron 520 intervenciones por suicidios o intentos, lo que supone más de un caso al día. En 2023 se contabilizaron veinticinco muertes y cerca de trescientas en la última década. Las cifras confirman que no se trata de episodios aislados, sino de un problema de salud pública persistente.
Especialistas advierten que, en periodos de crisis económicas, familiares o personales, el riesgo puede aumentar. Sin embargo, en la mayoría de los casos hay trastornos mentales detrás, como la depresión o la ansiedad, que requieren detección y tratamiento. Negar o minimizar estos problemas solo incrementa el aislamiento de quienes los sufren. Y aunque el fenómeno afecta a todas las generaciones, preocupa especialmente su impacto en jóvenes y adolescentes, donde el sufrimiento a menudo pasa desapercibido.
Para comprender mejor esta realidad, hemos hablado con estudiantes del centro en los pasillos del colegio, en conversaciones cercanas y sinceras. Sus palabras reflejan una realidad silenciosa que no siempre se percibe desde fuera, pero que forma parte del día a día de muchos jóvenes.
La primera persona entrevistada es una alumna que reconoce que, en algunos momentos, aunque no de forma constante, sí ha pensado en suicidarse. Explica que ha habido etapas en las que se ha sentido tan mal que ha llegado a pensar que desaparecer sería más fácil. Señala que una de las principales razones es la presión que siente en su día a día: las notas, las redes sociales y la constante comparación con los demás le hacen sentir que nunca es suficiente.
Además, comenta que no sufre acoso físico directo, pero sí pequeños comentarios o risas que le afectan profundamente y que acaba guardándose. Afirma que no conoce a nadie cercano que se haya suicidado, pero admite que se siente sola muchas veces, incluso estando rodeada de gente. Cree que, si algo ocurriera, sus conocidos dirían que no se lo esperaban, ya que considera que muchos adultos tienden a pensar que los jóvenes exageran sus problemas.
Con la segunda persona, un alumno del centro, mantuvimos la siguiente conversación.
¿Alguna vez has pensado en suicidarte?
Sí, en momentos en los que me he sentido completamente superado, como si todo se me viniera encima.
¿Por qué?
Porque a veces no sé cómo pedir ayuda y siento que puedo decepcionar a los demás. Por ejemplo, cuando suspendí varias asignaturas, pensé que había fallado a todos.
¿Algún grupo o persona te está haciendo algo?
Sí, he tenido problemas con compañeros, sobre todo en redes sociales. Son comentarios que parecen pequeños, pero con el tiempo afectan mucho.
¿Conoces a alguien que se haya suicidado?
Sí, el padre de un amigo. Eso hace que todo sea más cercano y real.
¿Te sientes solo?
Sí, muchas veces. Pero no se lo cuento a mis padres para no preocuparles. Prefiero callarme.
¿Qué crees que pensarían tus conocidos después?
Que podrían haber hecho algo más. Y la verdad es que pensar eso es una de las cosas que me frena cuando tengo esos pensamientos.
Los testimonios coinciden en un punto clave: el silencio. La dificultad para expresar el malestar y el temor a no ser comprendidos retrasan, en muchos casos, la búsqueda de ayuda. En Salamanca, entidades como Teléfono de la Esperanza 923 22 11 11 o al 717 003 717ofrecen atención gratuita y confidencial tanto a personas en crisis como a sus familiares. A nivel nacional también está disponible la Línea 024, un servicio público y gratuito de atención a la conducta suicida.
Las cifras muestran una tendencia sostenida, pero las voces de los adolescentes revelan la dimensión humana que hay detrás de los datos. El reto no es solo reaccionar ante la emergencia, sino crear entornos donde el sufrimiento pueda expresarse antes de convertirse en tragedia.
Según un informe de Save The Children, en España, las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes están estrechamente ligadas a factores evitables, siendo el suicidio, los accidentes de tráfico y la violencia interpersonal las tres principales amenazas.


















