Uno de los bancos de la plaza de San Justo amaneció tumbado panza arriba.
Los que lo levantaron debieron de pensar que con eso era suficiente, no quisieron volver a colocarlo en el mismo sitio.
Debieron de pensar que lo que es de todos, no es de nadie y que ya se encargará el personal municipal de ordenar lo que chiquillería –de cualquier edad- ha dañado.

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