90 aniversario del mayor ataque a la democracia española

Nueve décadas del golpe de Estado

Dos jóvenes con dos banderas de España muy diferentes entrando en la Plaza Mayor.
Dos jóvenes con dos banderas de España muy diferentes entrando en la Plaza Mayor.

El 14 de abril de 1931, tan solo 2 días después de la celebración de las elecciones municipales en las que globalmente en España se impusieron las candidaturas republicanas sobre las monárquicas, se proclamó oficialmente la Segunda República Española y el rey Alfonso XIII abandonó España. Fue un régimen político muy demandado por los intelectuales de la época y las clases trabajadoras, que supuso un avance económico y social sin precedentes en nuestro país en los últimos siglos.

Se celebraron elecciones generales en las que vencieron las fuerzas políticas de izquierdas y se constituyó un Gobierno de coalición republicano socialista, que se encargó de la elaboración y aprobación por las Cortes de la Constitución Republicana, el 9 de diciembre de 1931. Es decir, tan sólo seis meses después de proclamarse la II República se aprobó un texto constitucional que garantizaría un Estado Social y Democrático de Derecho moderno, que reconocía y amparaba los derechos humanos de todos los ciudadanos en libertad, igualdad, justicia y solidaridad. Garantizaba, incluso, la libertad de conciencia y de culto, impulsando el derecho a la educación de todos los ciudadanos, considerándose ésta como publica, gratuita, laica e inspirada en ideales de la solidaridad humana.

El impulso de la educación y la cultura por parte del Gobierno de la Segunda República, fue crucial, materializándose en la construcción de miles de escuelas sobre todo en las zonas rurales más deprimidas, la contratación de maestros y la dignificación profesional de los mismos y la llegada a los pueblos más recónditos de la península de las Misiones Pedagógicas y la Barraca, para combatir un analfabetismo que superaba el 40 % de la población española y para hacer llegar a las zonas rurales más alejadas, actividades culturales como la proyección de cine y las representaciones teatrales, proyectos en los que se implicaron intelectuales tan prestigiosos como Bartolomé de Cossío, María Zambrano, Luis Cernuda o Federico García Lorca (entre otros). También se produjo una importante reforma agraria para que los jornaleros sin tierras y sometidos al yugo de los poderosos y de los caciques, tuvieran pan para poder llevar a la boca y alimentar a sus familias y se les reconociera la dignidad que todo ser humano, con independencia de su origen y procedencia, debe poseer. Recordemos que la propiedad de la tierra estaba en manos de muy pocas manos y que se la repartían aristócratas y terratenientes

En 1933 se celebraron nuevamente elecciones generales, ganadas en esta ocasión por una coalición de derechas, la Radical Cedista, de Lerroux y Gil Robles. En febrero de 1936 se volvieron a celebrar elecciones en las que se impusieron las fuerzas de izquierdas coaligadas en la conocida formación política denominada Frente Popular.

El auge de los fascismos provocó las intervenciones incendiarias de miembros de la Falange e incluso de grupos más radicales de la CEDA en ese, para mí, “bienio negro”. Surgió la insurrección obrera en Asturias, en octubre de 1934, iniciada con la huelga general, en la que los trabajadores demandaban mejoras de unas condiciones laborales muy próximas a la esclavitud. Esa huelga fue duramente reprimida por militares africanistas (fuerzas regulares del ejército de África y la legión)  dirigidos desde Madrid por el general Franco y se produjeron entre 1.500 y 2.000 muertos y cerca de 30.000 detenidos.

Indudablemente, el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, supuso un duro golpe para los poderosos, para los que se consideraban dueños de España, por casta y tradición y veían peligrar sus privilegios sociales y económicos en favor de las clases trabajadores, de los más humildes, de los jornaleros sin tierras, de quienes nunca tuvieron la posibilidad de ser escolarizados y condenados a vivir en la más indigna esclavitud. A éstos, se unieron poderes fácticos como la Iglesia Católica, que se veía amenazada porque la Constitución Republicana de 1931 instauró la libertad religiosa y la consagración de un estado laico que asumía una educación pública y gratuita para todos, quitando a la Iglesia Católica uno de los privilegios ancestrales más preciados con el que adoctrinaban a la población: la educación. Se ideó, por militares como Mola, Sanjurjo, Queipo de Llano o Franco, una rebelión militar que comenzó por las posesiones españolas en África, pensando que se harían con el poder por la fuerza de las armas en pocas horas, acabando con las libertades democráticas de un Estado Social y Democrático de Derecho consagrado en la Constitución. La resistencia del legítimo Gobierno Republicano y del pueblo leal al sistema democrático, provocó una guerra civil cruenta y fratricida que duró cerca de tres años.

Durante la Guerra Civil se produjeron excesos y barbaridades por ambos bandos, hay que reconocerlo. Cruel y gravísimos fueron los bombardeos de Guernica, los fusilamientos de miles de personas en la plaza de toros de Badajoz o los crímenes de la conocida como Desbandá en la que fueron masacradas miles de personas que huían de la ocupación de Málaga por las tropas sublevadas fascistas. Pero no menos crueles fueron otros crímenes horrendos cometidos por el bando republicano, como los asesinatos de miles de presos del bando sublevado en Paracuellos del Jarama, cuando, presuntamente iban a ser trasladados a cárceles de Valencia ante la posible llegada de las tropas franquistas para tomar Madrid. Ahora bien, también hay que dejar muy claro, que la Guerra Civil se produjo porque el Gobierno democrático tuvo que defender el orden constitucional republicano ante una rebelión militar que pretendió acabar con esas libertades democráticas y que lo consiguió con la victoria en la guerra y la instauración de una larga y cruel dictadura.

En Salamanca

En Salamanca todo comenzó con el famoso tiro de la plaza, suceso trágico producido en la Plaza Mayor la mañana del domingo 19 de julio de 1936, cuando un escuadrón de caballería entró en la plaza leyendo el bando de declaración del Estado de Guerra. La Plaza Mayor se encontraba abarrotada de público. En aquéllos momentos alguien gritó: "¡Viva la República!”, que fue contestado por el público, instantes después se escuchó un tiro que hirió a un cabo y automáticamente los militares sublevados comenzaron a disparar indiscriminadamente contra todo tipo de personas. Al final murieron 12 (algunos al instante y otros pasados unos días producto de las heridas) entre ellos una niña de 14 años.

Salamanca fue tomada por los sublevados al inicio de la Guerra Civil, cometiéndose por parte de éstos las mayores atrocidades. A los pocos días de la sublevación fueron sacados de la cárcel salmantina y asesinados el alcalde de Salamanca, Casto Prieto Carrasco y el diputado socialista José Andrés Manso. Con el transcurso del tiempo se iban sucediendo ejecuciones y asesinatos, bien por sacas de la cárcel, ejecuciones extrajudiciales o por consejos de guerra sumarísimos.

Personajes conocidos como el periodista, redactor y cronista taurino del diario El Adelanto, José Sánchez Gómeaz, más conocido como El Timblero, el pastor anglicano Atilano Coco, amigo de Unamuno, el diputado provincial de Salamanca, Valentín Garrido o Salvador Vila, discípulo de Unamuno y rector de la Universidad de Granada, fueron vilmente asesinados en esos primeros meses de la Guerra Civil (aunque éste último, igualmente salmantino, fue ejecutado en el barranco de Viznar, lugar donde también se cree que lo fue García Lorca).

Otro personaje que fue duramente perseguido también por enfrentarse con la fuerza de la palabra y de la razón a los rebeldes, fue Unamuno, que murió el último día de 1936 y cuya causa de la muerte –oficialmente por causas naturales, por hemorragia bulbar según el médico que hizo el informe- se ha puesto en duda con las hipótesis de investigadores como Carlos Sáa Mayoral, el cineasta Manuel Menchón o el profesor de literatura y novelista Luis García Jambrina, de que su muerte fuera por causas naturales, sino probablemente provocadas por terceras personas y, en consecuencia, pudo ser asesinado por los rebeldes que habían tomado Salamanca. Recordemos que Franco, que había sido nombrado Generalísimo de los ejércitos, Caudillo de España y jefe de los rebeldes, instaló su residencia oficial en el Palacio Episcopal de Salamanca y Unamuno era un personaje repudiado y odiado por los rebeldes.

El final de la Guerra Civil y la victoria franquista no acabó, por desgracia, con las atrocidades, con las ejecuciones de miles y miles de ciudadanos simpatizantes del bando republicano y, por consiguiente, del sistema democrático implementado en España con la proclamación de la II República. No hubo ni paz, ni piedad, ni perdón, que tanto demandaba Azaña en 1938, sino durísima represión, persecución, exilio y hambre. Las cifras de la tragedia posterior a la finalización de la guerra fueron espeluznantes: cerca de 300.000 personas encarceladas, en cárceles, batallones disciplinarios y campos de concentración, unas 50.000 ejecutadas después del 1 de abril de 1939 y hasta 1945, cifras que se incrementaron notablemente con las horribles condiciones de vida de las cárceles franquistas y cerca de medio millón de exiliados, además de unos 30.000 niños que fueron robados a sus madres republicanas, muchas de ellas presas en las cárceles.

Nueve décadas depués

Han pasado 90 años desde que los militares rebeldes acabaron con el régimen democrático, constitucional y republicano en España, de aquéllos bárbaros amigos del nazismo de Hitler y del fascismo italiano de Mussolini, que siguieron masacrando a miles de españoles que tuvieron que exiliarse después de la Guerra Civil y que fueron capturados y enviados a los campos de concentración y exterminio nazis. Han pasado 90 años y en virtud de la normativa internacional y de la creación de Naciones Unidas, el franquismo ha sido condenado como régimen ilegal, autoritario y contrario a los Derechos Humanos.

Por desgracia, a pesar de ello, están surgiendo fuerzas políticas reaccionarias que no tienen complejos en admitir que el régimen de Franco fue muy bueno y están reivindicando la vuelta a aquéllos tiempos. Fuerzas políticas como VOX reivindican cada día más el régimen franquista y en esta deriva reaccionaria están arrastrando al PP, partido conservador que nunca ha roto el cordón umbilical que les unía al franquismo político y sociológico y aunque haya gobernado en España, la fusión con VOX en las Comunidades Autónomas en las que gobiernan es un hecho tremendamente peligroso porque se están imponiendo, poco a poco, muchos de los principios y valores de aquélla ominosa época.

Lo último ocurrido en Salamanca con la detención del humorista Héctor de Miguel (Quequé) es una prueba de ello. Resulta vergonzoso que debido a una reclamación judicial por desobediencia al no haber cumplido con una parte de la sentencia que le condenó por “intromisión ilegítima en el honor” del periodista Alfonso Rojo –la parte principal de la condena, la indemnización de 41,800 euros a Alfonso Rojo, ya la había satisfecho-, haya sido detenido y haya tenido que pasar la noche en comisaría.

Recordando lo que ocurrió a partir del 18 de julio de 1936, estos hechos de la detención del humorista salmantino, lamentables, me hacen pensar en aquéllas detenciones, aquéllas sacas de la cárcel, aquéllas atrocidades. Los que nos sentimos profundamente demócratas, que creemos firmemente en los principios y valores del Estado Social y Democrático de Derecho, que consideramos que la dignidad, los derechos humanos y las garantías individuales previstas en las normas internacionales y las constituciones políticas, son fundamento y límite del ordenamiento jurídico, sentimos una honda preocupación por la deriva reaccionaria que se vislumbra en la arena política española y los conflictos sociales que esto pueda producir en un futuro, por desgracia, no muy lejano.

Recordemos que esto también es la consecuencia de declaraciones públicas retrógradas e incendiarias de políticos reaccionarios que están instigando constantemente al enfrentamiento y al odio al diferente. Mensajes indignantes como los de Ayuso, Abascal, Feijóo o Tellado contra políticos que no les gustan o contra los migrantes -y todo ello porque quieren conseguir el poder a toda cosa- son muy peligrosos, que pueden conducir a momentos históricos no deseados, como los que ahora recordamos, 90 años después.

Por. Julio Fernández García. Profesor de Derecho Penal y presidente de la asociación “Salamanca por la Memoria y la Justicia”.

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Julio Fernández García