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¿Me dejas que te cambie?

«Lo que no podemos entender es que no hay ‘otro’ que liberar y que, en el fondo, hay un deseo egoísta de que el otro esté bien para no tener que sufrir por él. Pues bien, eso es lo que hay que trabajar, el ¿por qué yo sufro si el otro no vive como yo creo que tiene que vivir?» (del artículo ‘5 Errores de Novatos / Transgeneracional‘)

Quién no ha querido cambiar a alguien? Sin reconocerlo abiertamente, quién no se ha sentido salvador, persona tocada por la gracia, inteligencia sobresaliente, visión única, elegido, adelantado a su momento o simplemente perspicaz, ingenioso, bondadoso múltiple o vivo (digamos «vivales»), con un cúmulo de características suficientes para llevar a alguien por la buena senda, a alguien errado, perdido, dolorido, ignorante. Llevarle por el camino del entendimiento, de la paz y de la luz. ¿Quién puede decir que no? Yo, desde luego, estoy en la lista de los salvadores del mundo. Salvar al mundo y a los sufrientes es una buena causa con la que levantarse todas las mañanas: «Señor, ayúdamente a salvar al mundo y a ayudar a los que en él habitan tan perdidos»… y, en la letra pequeña, esto: «y recompénsame por ello debidamente, al tiempo que, así, me voy olvidando un poco de mí mismo como consecuencia de esa entrega magnánima y pertinaz hacia el otro». Qué bonito. Mientras te lo crees, hasta te sientes bien y cuelgas tu frasecita en facebook. «Esto, sí, debe ser el camino del amor iluminado».

Aquí es donde hay que responder: «¡Y una porra!» Pero, para llegar a ese punto, tienes que haber pasado por todas las fases del -vamos a llamarlo- «Programa del Salvador». Fases que incluyen la búsqueda de un ‘filón de mercado’ («¿de qué salvamos a esta parte del mundo?»), un público adecuado a quien «salvar», y las dosis de inspiración suficiente para hacerlo (aquí sí que aparece una cierta, digamos, ‘gracieta’ personal). Por supuesto, el cénit del ‘Salvador’ llega cuando se cree el papel y vive salvando. Vive salvando todos y cada uno de sus días. «Yo soy el camino», parece decir. ¡Qué momento!

El ‘morrazo’ se produce cuando te das de bruces con la Verdad, que es sólo una y está justo al otro lado de ese comportamiento brutalmente egoico tan disfrazado. De una u otra forma, la Vida (que siempre, siempre, siempre cuida de ti) se encarga de pegarte el tortazo para que te enteres de que no tienes que cambiar a nadie, de que no tienes que salvar a nadie, de que no tienes que vender ninguna moto. Y de que lo único que tienes que hacer es SER FELIZ.

La salvación del Salvador consiste en reconocer que no quiere tener razón nunca más jamás de los jamases y que sólo quiere hacer eso que le hace feliz siendo él mismo sin ninguna necesidad de convencer ni (sobre todo y muy importante) de transformar a alguien en alguien a su gusto. La salvación del Salvador consiste en andar su propio camino mirando en su interior y viajando hacia Ítaca en su propia compañía.

jjUna vez llegados a este punto, aparentemente puede seguir haciendo las mismas cosas… aparentemente. No se engañen: el Salvador, por fin, se está salvando. Y (¡milagro!) por fin empieza a estar preparado para jugar su papel en el verdadero mundo.


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