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El festival de Yulin

Perro asado. O gato tal vez. Cocido si lo prefieres, con verduras y alguna salsa de acompañamiento. Quizás con un toque de pimienta. Delicioso ¿verdad? Seguramente me habrás llamado salvaje en voz baja, mientras pensabas en tu mascota. ¿Acaso no comes pollo, cerdo, pescado o ternera? La cuestión es que a nuestras mascotas, las hemos humanizado hasta el punto de no verlas como animales, pero mientras tú te comes una vaca, en la india estarías cometiendo sacrilegio, todo depende del ojo con que se mire.
En muchos países, sobre todo de Asia, el consumo de perros y de gatos como alimento es una práctica completamente normalizada. Se crían a los animales expresamente para el consumo humano, existen puntos de venta de productos caninos, etc.

Mi ceño fruncido aparece cuando se tortura al animal en cuestión, cuando se le maltrata gratuitamente, cuando se le humilla. En estos casos, al traspasar el umbral de la necesidad humana de pertenecer a una cadena trófica en la que comemos casi de todo, es cuando nos escandalizamos, claro. ¡Cómo para no hacerlo! Igual que cuando aquí humillamos, maltratamos y asesinamos toros para el entretenimiento de cuatro sádicos.

Estoy hablando del festival de la carne de perro de Yulin, de la región china de Guangxi, en el que el pasado 21 de Junio se consumieron unos 10.000 perros y gatos. El problema no es ese pico de consumo desmesurado sino el procesamiento de los animales, el cual comienza varios días antes del festival con la captura de perros y gatos callejeros y con el rapto de mascotas domesticas además de los animales que se crían expresamente para ser vendidos como carne. La crueldad continúa con el maltrato que supone el traslado hasta los puntos de venta en jaulas atestadas sin agua ni comida. Siguiendo a esto, las ventas se celebran mediante subasta pública, golpeando al animal de turno, sacándolo en volandas de la jaula con lazos atados al cuello y zarandeándolos en el aire. Posteriormente se lleva acabo uno de las acciones más crueles que puedo imaginar, se asan o se cuecen, se descuartizan y desuellan a los perros y los gatos vivos, ladrando y maullando de dolor, a la vista del resto de animales que esperan su turno. Y a la vista también de una multitud que jalea y se deleita con los quejidos de los animales.

Esta “tradición” es relativamente reciente de hecho surge en los años 90, popularizando un consumo bastante antiguo de carne de perro. Pero en realidad ¿es necesaria tanta barbarie? No voy a rendirme al morbo de poner vídeos ni fotos, que los hay, porque de nada sirve provocar la náusea y herir sensibilidades.

Dicen los defensores del festival, los cuales me recuerdan a los pro-taurinos de los que hablare otro día, que además de las propiedades nutritivas que tiene la carne de perro, cocinar a un animal vivo atrae a la buena suerte.

Pues eso, buena suerte. ¡¡ANIMALES!!

Por Jonatán Durán Sánchez


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