Dejar de fumar

Ponle nombre a tu síndrome de abstinencia

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (8º Post)

Aquí arranca el primer acto del drama, en el que yo, como protagonista encarno varios personajes, algunos de ellos muy sensatos y otros absolutamente esquizofrénicos, y hay un invitado que sale de vez en cuando a escena, el cigarrillo o mejor dicho, las ganas de fumar, al que vamos a llamar Endriago, como diablo, como monstruo que se pone a tu lado, y siempre para hacerte daño, cuando menos lo esperas.

Bauticé mi síndrome de abstinencia con este nombre porque siempre es más sencillo vilipendiar a algo con un nombre concreto. Insultar por insultar me resulta ridículo y siempre desahoga más, decir: ‘a tomar por c… Endriago o j…. con Endriago, dando un puñetazo al aire que ‘mecaguen el síndrome de abstinencia… o la p… madre que parió al síndrome de abstinencia. ¡Vamos que le puse nombre!

Una vez que había bautizado a mi obsesión me entró otra: ‘Si no fumo, no podré hacer tal cosa’. ‘Yo no puedo pensar, si no tengo un cigarrillo entre los dedos’. ‘Qué van a pensar de mí si dejo de fumar’. ‘Y si no puedo hacerlo, mejor no lo intento por si acaso’. Absurdeces de este estilo que le sirvieron, o eso creía él, a Otto von Bismark para arreglar el mundo o a Groucho Marx para tener una salida airosa con la estúpida frase que mencioné anteriormente, esa de lo fácil que es dejar de fuma cada noche.

Cuando Joaquín Sabina sufrió la isquemia cerebral estuvo algunos meses sin fumar. En esos momentos concedió una entrevista a Jesús Quintero, en Canal Sur.

Sabina decía esto:

(…) No quiero morirme de un enfisema. Además sé que el tabaco me hace mal, pero es muy difícil dejarlo. Estuve ocho meses. Es más

difícil quitarse del tabaco que de la coca. He dejado la coca sin gran problema. Es un infierno no fumar. Escribir sin fumar es inhumano. Vivir sin fumar es inhumano. Aunque pienso dejarlo”. 

(…) Entre risas le confiesa a Quintero que el mejor amigo que tiene es el tabaco y pone un dato sobre la mesa: La última voluntad del 80 % de los condenados a muerte es fumarse un cigarrillo. (…)

 Todos los fumadores tenemos un momento en el que dejamos de fumar, aunque sea con la muerte. Pero afortunadamente para muchos de nosotros el Yo sensato, el Yo que quiere dejarlo es más fuerte que el Yo miedica y es el que más interviene en la obra y consigue rescatarnos del infierno de fumar, por muy sugerente que pueden parecer las palabras del mejor poeta urbano que conozco.

Ese Yo sensato es el que te dice una y otra vez que se puede vivir sin fumar. Sí, aunque nos parezca mentira a los fumadores, hay muchas personas que no han encendido un cigarrillo en su vida.

Seamos sinceros, sin tabaco se vive mejor. Pero en estos momentos iniciales de la obra, es difícil pensar que se disfruta más de la vida sin humo. Quizá penséis que es fácil decirlo, cuando ya lo has conseguido, pero nada más lejos de la realidad. Siempre tengo presente una frase: Hoy no he fumado. Mañana, no lo sé. Además yo ahora mismo estoy en ese proceso, en el de dejar de fumar.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto. (SA-79-12)


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Un comentario

  1. Querida periodista. No fumo, pero leo. Y te digo: «Gracias por fumar o haber fumado, porque escribes sobre ello maravillosamente»
    bbss sin humo y con mucho humor.

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