Dejar de fumar

El tabaco es egoísta, tengo que dejarlo

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

 

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (7º Post)

El tabaco es egoísta, para dejarlo tienes que ser mucho más avaro contigo mismo, que lo ha sido el tabaco hasta ese momento. Todas las veces que he dejado de fumar han tenido el mismo denominador común: Me encontraba cansada. Sé que lo he dicho antes, pero es cierto y la fatiga es muy reiterativa, quizá por ello lo repito tanto.

La primera vez que deje de fumar fue porque sentí un pinchazo en la zona del pecho y me dije que mi cuerpo me daba un aviso. Tenía 21 ó recién cumplidos los 22. Era junio con todos los exámenes finales en cuestión de días. Fumaba alrededor de dos paquetes diarios, pero no sólo eso, sino que además dormía en la misma habitación donde estudiaba, por lo que al tabaco fumado hay que sumarle el humo respirado. Me puse una fecha para dejarlo, el 1 de julio, y ese día no fume, al día siguiente tampoco y así hasta cinco años. Me creía salvada.

Entonces se produjo un cúmulo de circunstancias, nunca es una excusa ni una justificación, por ello lo cuento, comencé a vivir con una persona que fumaba y también me inicie en la vida laboral.

Al terminar de trabajar, volver a casa y relajarme…, no sé porqué asocie ese momento al de fumarme un cigarrillo. Pedí uno y me lo dieron. Pedí otro a la noche siguiente y también me lo dieron. A la tercera, me lo ofrecieron, a la cuarta la que ofreció fui yo, ya tenía en mi bolso un paquete.

Estaba perdida. Cinco años sin fumar y en cinco días había vuelto. Pero este no es el capítulo que quiero contar de mi historia, porque esos hechos pasaron en la prehistoria de mi vida como fumadora. Eso sí, lo importante es querer dejar de fumar y no pensar que las recaídas son un fracaso, si no un triunfo el haber conseguido dejarlo, incluso un solo día. Decía Confucio que ‘Nuestra gloria más grande no consiste en no haberse caído nunca, sino en haberse levantado después de cada caída’.

Sigamos, que me voy por las ramas. El proceso que va desde que decides dejar de fumar hasta que consigues pasar un día entero sin encender un cigarrillo, no es de la noche a la mañana. No te levantas y dices: lo dejo. No, hay que desterrar esa idea. Es un proceso que dura unos meses. Los expertos dicen que al menos seis meses. No sé si dura uno o seis o incluso más, pero si sé que lleva su tiempo.

Precisamente he hablado con Eduardo. Un compañero de un curso que hice el año pasado. Es joven, unos 23 años. Fuma casi un paquete diario y está dejando de fumar.

Le pregunté qué cuándo pensaba no volver a encender un cigarrillo y me contestó que como en unos cuatro o cinco meses.

-¿Desde cuándo te ronda la idea?
– Creo que comencé a pesar dejar de fumar hace como un mes, más o menos, me levantaba cansado y me costaba ponerme en marcha.
– ¿Qué proceso estás siguiendo?
– La reducción – me comentó Eduardo –De casi un paquete diario, he pasado a fumarme 15, luego 10 y quiero conseguir en los próximos días fumar sólo cinco cigarrillos. Así hasta que lo deje definitivamente.

Yo no he podido hacer nunca eso, pensé.

Pero sí existe un matiz común con Eduardo. El procedimiento comienza con un único pensamiento. ‘Tengo que dejarlo’. Sin este primer paso es imposible conseguirlo. Es el más importante.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto. (SA-79-12)


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