Dejar de fumar

Sólo tú puedes dejar de fumar

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (6º Post)

Volvamos a mi realidad. No soy una chiquilla ya. Cada vez piensas más y más detenidamente las cosas. La sensación de que no me va a pasar nada malo, es un pensamiento de juventud, que por definición es atrevida y pasajera.

No soy una muchacha, pero tampoco una vieja. Aún soy joven, pero los años pesan. Parece una contradicción pero la explicación es sencilla: Sales una noche, fumas un paquete de tabaco y bebes un par de copas, al día siguiente tienes una resaca de campeonato. Te encuentras fatal y eso a los veinte no pasa factura, rondando los cuarenta es casi un desahucio.

¿Y qué decir de la voz? La música de los locales nocturnos está alta, fuerzas las cuerdas vocales y la ronquera te dura semanas, en la que te cuesta mucho hablar y la voz suena a tafallera, para desgracia de los oídos ajenos.

A esta parte visible o mejor dicho, audible, hay que sumarle el agotamiento con el que amaneces por la mañana y te viene a la mente el refrán castellano: ‘Mozo dominguero, no quiere lunes’. Recuperarme de una noche de fiesta, se traducía en una semana arrastrándome por las esquinas.

Pero me di cuenta que el sentirme tan cansada no venía motivado sólo por trasnochar. Era por el tabaco. Sí, el paquete de cigarrillos. Si habitualmente no dormía de un tirón ni una sola noche, porque me tenía que levantar a beber agua para hidratar mi reseca garganta y ello rompía el ritmo de mi sueño, cuando salía de marcha era aún peor.

Salir de fiesta y tener resaca no significa que quieras dejar de fumar. No es tan sencillo. Es más, no puedes con tu alma y lo primero que haces por la mañana es encenderte un cigarrillo.

No es sólo un único motivo el que hace que tomes la decisión. Lo mismo que no es sólo una gota la que hace rebosar el vaso. Son muchas, eso sí la decisión siempre es tuya. No puedes decir que dejas de fumar por otra persona, porque volverías a caer.

Razones del tipo: Este chico me ha dicho que si fumo, no saldrá conmigo. Abandono el tabaco porque mi padre me lo ha prohibido o mis amigos me miran mal si me enciendo un cigarrillo. Todo esto son pretextos, que pueden ayudar, sí, pero la decisión tiene que ser tuya, personal e intransferible.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto.  (SA-79-12)


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Un comentario

  1. ¡¡¡Estupendo!!! ¿Te hará caso alguien? Que sí o que no da lo mismo. Sigue así, querida periodista…

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