Cosas de la vida

De la rana al astronauta… 500 años de diferencia

No por conocidas son menos atrayentes. De hecho las leyendas tienen ese no sé qué que nos encanta, al menos a mí, por cautivadoras, por misteriosas, por no saber hasta qué punto son ciertas o por todo lo contrario, por ser auténticas, que la verdad es lo más atractivo del mundo.

 

No hay visitante o salmantino que se precie que no quiera encontrar la Rana de la Universidad, tanto es así, que es uno de los símbolos más reconocidos y reconocibles de la ciudad. Cuenta una de las leyendas, porque hay muchas, que los estudiantes antes de examinarse tenían que verla, para poder superar sus estudios. Quizá por ello, encontrar la rana ‘posada’ sobre la calavera atrae a la suerte.

La Rana, no vamos a desvelar en qué calavera se encuentra, está en el edificio histórico de la Universidad. La primera fase de este precioso recinto se inició en 1415, ¡600 años!, bien es cierto que los canteros no esculpieron la rana ese mismo año, por lo que no nos aventuraremos y aseguraremos que entre el escultor de la rana y el del astronautas, que se encuentra en la Catedral median 600 años, por lo que año arriba, año abajo, pondremos que median unos 500 años.

Pues de una leyenda, que da suerte, a otra que parece increíble, porque en un edificio que tiene 500 años, el de la Catedral Nueva, aparece un Astronauta gravitando. Bien es cierto que no está esculpido hace cinco siglos, más bien en 1992. El cantero, al igual que sus predecesores, plasmó lo que para él eran los avances más significativos de nuestro tiempo. Y para el artista la llegada del hombre a la Luna y la posibilidad de comerse un helado de cucurucho, reflejaba, uno por avances en la técnica y otro por chascarrillo, perfectamente el devenir del hombre en el siglo más bélico de la historia de la humanidad.

Y van dos. La tercera leyenda se la daremos a la Casa de las Conchas y su declaración de amor en las dos fachadas, ya que las conchas son símbolo de la familia Pimentel. Arias Maldonado manda colocarlas tras su boda con Juana Pimentel en 1517. Además, este palacio renacentista tiene más ‘secretos’ como el que debajo de sus conchas hay un tesoro escondido, pero aún no se ha descubierto lingote ninguno o al menos no se ha hecho público si así aconteció.

El Lunes de Aguas es una de las tradiciones de la ciudad que se ha extendido a toda la provincia, porque una semana después de Pascual, es difícil encontrar un pueblo que no meriende hornazo. El Lunes de Aguas nada tiene que ver con la lluvia, más bien con las aguas del Tormes. La putas regresaban a Salamanca después de haber permanecido fuera del perímetro de la ciudad en cuaresma y Semana Santa, pasado este tiempo, el Cura Putas las iba a buscar en su barca y los salmantinos las esperaban sentados a la orilla del río comiendo el rico hornazo, una especie de empanada rellena de embutido y huevo.

El broche final lo pone la Cueva de Salamanca, que según cuenta la leyenda, es donde habita y da clases el diablo… ¡Cuidado! El Marqués de Villena perdió aquí su sombra. Miren para atrás para ver si la tienen.



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Un comentario

  1. ¡Muy bien, querida periodista! ¿Pero… puede haber alguien que no haya oído estas leyendas en Salamanca? Un día de estos contaré la de la tortuga, que esa sí que no la sabe nadie…
    Un abrazo

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