Aventuras de una fumadora y su médico

El primer día sin fumar…

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

 Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (20º Post)

 

Pasé varias horas entretenida. Me levanté y fumé un cigarrillo. No tengo un recuerdo especial de ese momento. De verdad. Esa misma sensación tuve con el último al día siguiente. Apunté en el cuaderno verde -esperanza- cómo, con quién y cuándo me había fumado esos cigarrillos. Así como el grado de necesidad de fumarlos que había tenido. La verdad no mucho, dos sobre cuatro.

Leí el cuaderno, donde me aconsejaban no comer frutos secos, beber mucha agua, comer fruta y hacer ejercicio, y si me entraban ganas de fumar distraerme por unos pocos minutos, los que dura el impulso de fumar. Y tenía que ir apuntando las sensaciones que sentía. La clasificación iba del cuatro, cuando la sensación era muy fuerte, al cero, cuando era inapreciable.

Cuando tiré el paquete vacío a la basura, no me planteé que era mi último cigarrillo, pero me quedé mirándolo: allí estaba, entre la basura, vacío, arrugado, pero sus colores blanco y rojo seguían destacando, llamando mi atención. Ya no era nada, pero desde el fondo del cubo seguía siendo atractivo. Maravillas del diseño.

No hice un drama de ello, ni un entierro con plañideras. Simplemente cerré la tapa y me sentí fuerte, quizá el coraje de superación de uno mismo. No sé, pero experimenté alivio. Además sin quererlo y por causas ajenas a mí, como los dos meses que permanecí en lista de espera, hizo que tirara el paquete la víspera de Reyes, por lo que me echaría este regalo a mí misma. Sin olvidar que no existía ticket, y en esta tienda, donde era yo la propietaria, no se permitía ni devolverlo, ni que te reembolsaran el dinero. Este regalo me lo tenía que quedar.

Allí estaba envuelto en papel celofán ese primer día sin tabaco. Enterito para mí. Rasgué el papel colorido y mi cuerpo no experimentó ningún cambio. Nada ¿Sería posible que no notase nada? Por experiencia sabía que mi cuerpo comenzaría a notar síntomas y echaría de menos el paquete de tabaco.

Más temprano que tarde aparecería mi obsesión, mi angustia, mi tormento, mi desesperación. Mi Endriago particular no es un hominoide. No es un animal tan simpático como el mono o el chimpancé. Está más cerca de los monstruos que pueblan los cuentos infantiles y las películas de ciencia ficción. Si, es más bien como un Alien, que lo tienes metido entre las entretelas.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto. (SA-79-12)

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Un comentario

  1. Querida periodista de mi alma: tengo una amiga, que tuvo que dejar de fumar por problemas de corazón (no sentimentales, no. Se lo han abierto dos veces). Antes de ello tenía la manía de guardar el dinero entre la cajetilla y el celofán. Bueno, pues un día estaba comiendo con otros compañeros en un mesón y tiró la cajetilla (ya sin cigarrillos) al fuego. Corrió a rescatarlo, pero no llegó a tiempo. Las llamas eran muy intensas y se llevaron 1000 ptas, que entonces eran un buen dinero.
    Imagínate que te pasa lo mismo, o hazlo adrede. A lo mejor es una buena manera de dejarlo.
    Un abrazo

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