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Del día de los difuntos a Halloween

Ya queda menos para que llegue la noche más oscura y terrorífica del año, la noche en la que los muertos (interpretados por nosotros) salen de sus tumbas y vuelven a la vida. La tenebrosa noche del 31 de octubre, una noche repleta de mitos y leyendas sobre los difuntos.

 

A todos se nos vienen las mismas imágenes cuando pensamos en el 31 de octubre: imágenes de penumbra, muertos vivientes, inocentes calabazas que sonríen de manera diabólica gracias a unos ligeros cortes y una vela en su interior. Pero esto no siempre fue así; hace años, si alguien nos hablaba de Halloween lo etiquetábamos, inmediatamente, como otra festividad más adoptada de los norteamericanos debido a la globalización, pero la realidad es que nuestro 31 de octubre se llama el día de los difuntos. Desde esta perspectiva, son las mismas celebraciones a pesar de la diferente denominación; además, tanto Halloween como el día de los difuntos son de origen celta, algo que la mayoría de los españoles desconoce.

Por ejemplo, en la comunidad gallega se celebraba, antiguamente, el “Samhain”: una festividad también de origen celta que da entrada al año nuevo, tras el fin de las cosechas; de hecho, etimológicamente significa “fin del verano”. Actualmente, como en el resto del mundo, el Halloween la ha absorbido.

Casas terroríficas

Año tras año, en España hemos ido cambiando del día de los difuntos a Halloween, desplazando poco a poco la costumbre de llevar flores a las tumbas de nuestros seres queridos; una ofrenda que solo mantiene plena vigencia entre las generaciones mayores. Sin embargo, las casas se vuelven terroríficas durante esa noche, aunque, eso sí, no en la misma medida que en Estados Unidos. Y, sobre todo, nos disfrazamos para convertirnos en zombis, esqueletos, brujas, vampiros y demás personajes aterradores. Quizá la última la tradición por importar sea la de llamar a las casas al grito de “truco o trato” con dulces esperanzas; esta aún no se ha llegado a instalar dentro de las costumbres españolas.

En Salamanca, igual que en la mayoría de España, esta celebración se ha instalado con fuerza entre los más pequeños y no hay centro que no organice su propia fiesta, pero son los locales los que incitan a una mayor presencia de Halloween durante la noche del 31 de octubre. Ya durante toda esta semana se podían ver telarañas en la entrada de los bares, animando a los universitarios a disfrutar, disfrazados, de la farándula salmantina y los habituales eventos temáticos las madrugadas del jueves 29 y del sábado 31. La noche está servida.

Texto: Teresa Gil



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