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Mascotas

 

Me dice mi hermana que el otro día, en Madrid, vio la «cola» para entrar a ver una película con el mismo título que he puesto a esta «ocurrencia» mía de hoy, y que en ella había muchos niños y mamás con un perrito en brazos. ¿Les gustaría a los canes el film, me pregunto yo? ¿Ladrarían a todo pulmón dentro de la sala? ¿Tendrían ganitas de «marcar» su territorio? La verdad es que me hubiese gustado verlo, para reírme un poco de lo que se aprovechan los avispados empresarios a costa de los ingenuos –o no sé cómo llamarles– espectadores humanos.

Eso por un lado. Por otro me asombra ver la controversia que se ha originado sobre una llamémosla «discriminación racial –¿xenofobia?– canina», hacia las razas denominadas peligrosas, con un debate sobre si deben o no llevar correa y bozal en sus paseos.

En un cruceiro gallego (grabado del autor, 2001)
En un cruceiro gallego (grabado del autor, 2001)

¡Y me admiro al ver la capacidad humana para sacar las cosas de su sitio!

Porque se puede querer a los animales; son una inapreciable compañía. PERO NUESTRA, NO DE LOS DEMÁS.

¿Pensáis, al leer esto, que a mí no me gustan? ¡Pues estáis totalmente equivocados!

A Pili le encantaban los gatos. Siempre me hablaba de su «Morita», su compañera de infancia. Un día de 1984 estábamos paseando por Villoruela, cuando en un solar vimos a una gata siamesa que estaba preñada. Al bisbisearla vino hacia nosotros y se dejó acariciar, muy cariñosa. En esto que salió su dueña. Hablamos. Y nos preguntó si queríamos un cachorrillo, cuando pariera. ¡Por supuesto que sí! –dijo Pili.

Pasó el tiempo, y cuando calculamos que ya estaba parida, fuimos a ver a la parturienta. Tenía dos trocitos de su carne, mamando. Nos dijo aquella amable señora que cuando estuviesen destetados nos llamaría.

Pero, quizás afortunadamente –no sé–, al cabo de pocos días nos avisó para que fuésemos a recoger una cachorrita porque su madre había enfermado y no podía alimentarles.

Allá nos presentamos a por la que fue, durante 16 años, la alegría de nuestro hogar. ¡Y también algunas veces, cuando se ponía malita, nuestra preocupación!

Aquel día me cabía en la mano. ¿Sabéis lo que hizo, tan pequeña, nada más llegar a casa? ¡Buscar el cajón con arena, para hacer pis! Como no estaba destetada Pili le daba biberón con uno de juguete. Y yo la bañaba para limpiarla el culete metiendo previamente el codo en el agua tibia, como si fuese un bebé recién nacido. ¿Y mis hijos? Para ellos nunca fue un juguete. Fue su amor, su ojito derecho, su compañera de juegos y cariños. ¡Se educaron juntos! Pedro, su padrino, la llamó «Nena». Tito, mi artista, cuando pintaba aquellas aerografías de animales destacaba en ellos su mirada de inmensa ternura: eran los ojos de su querida gatita. ¿Y Pili? Hoy, en su casi total olvido sin dolor, aún la llama alguna vez: ¡Nena!

La picara mirada del cocodrilo (aerografía de Tito Jiménez, 1988)
La pícara mirada del cocodrilo (aerografía de Tito Jiménez, 1988)

Jamás nos rompió nada ni nos dio un disgusto. Bueno,… sí. Como todos los gatos, tenía la tendencia a ocultarse para dormir durante el día o a explorar su mundo más cercano y nos llenaba de angustia cuando no la encontrábamos…

Con 16 años, la pobrecita tenía reuma, cataratas, sordera… ¡Mi ancianita! ¡La tenía que subir a la cama, porque siempre durmió en mi regazo! ¡Salvo cuando venía Pedro, de Madrid! ¡Entonces se iba con él!

El 7 de noviembre del 2000, estando en mis brazos, bajó la cabeza y murió. Mis hijos, los tres, vinieron de donde estaban. Tuvo su entierro en una tumba de ladrillos que hizo José Santos para ella. Yo la arropé con su mantita, como si estuviese dormida, en una cajita de madera que tenía preparada. Y Tito añadió un muñequito, un búho, que siempre acompañaba a su hijito para que durmiese bien. Escribió una nota que decía: «Llévate este buhito para que no tengas miedo en el viaje. Diego ya no lo necesita«.

Esta es la historia, muy resumida, de mi «Nena». ¿Creéis que exageramos al darle tanto amor a un animalito? Pues si lo pensáis así, estáis muy equivocados. Estoy convencido de que ella dio mucho más de lo que recibió. ¡MUCHÍSIMO MÁS!


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2 comentarios

  1. Pues, me has dado donde me duele, amigo mio.
    Qué voy a decir yo, si ya son tres mis seres de compañía al cual más especial. Paquita la compañera fiel e inseparable de mi madre hasta el último momento de la enfermedad de su ama, amiga, dueña,…….y después mía hasta que decidió que debía irse y vaya final!….En fin.
    Y ahora mi Luna, otro miembro más de la familia, la compañera más desinteresada, la que me ha dado tanto amor cuando me ha visto mal.Mi terapeuta en muchos momentos.
    Emiliano, todo lo que cuentas, lo entiendo y lo comparto.
    Ojalá mi lunita, me acompañe tantos años como la «nena» de Pili y me siga enseñando la fidelidad sin limites que yo creo que sólo los animales son capaces.
    Un abrazo muy fuerte.

    1. ¡Qué razón tienes, amiga mía! Tú y yo sabemos lo que es amar, porque no sólo se ama a los humanos queridos. Los animalitos llegan a ser parte de nuestra vida. ¡Muy importante! Naturalmente, si tienes alma para ello. ¡TÚ LA TIENES!
      Un fuerte abrazo

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