Opinión

Ocupación

 

El otro día os contaba que, como fruto de mi pasión lectora de mapas, había encontrado en la provincia de Ávila el Ventorro de Pascualcobo, pegado a la Cañada Occidental Soriana. Y que una vez allí nos entró a Pili y a mí el hambre de recorrerla, marchando primero hacia el sudoeste, hacia Extremadura.

 

El paisaje de la Cañada en primavera es cautivador, todo verdor y flores, con arroyos repletos –no sólo de agua– de fauna y vegetación rozagantes, pasarelas de grandes lanchas graníticas… ¡Una maravilla natural que destaca entre los suaves relieves con encinas!

Llama la atención la rectitud de su trazado. Inmediatamente pensé, y más tarde comprobé, que se debía a que coincide con una gran falla que ponía en contacto, abruptamente, grandes masas graníticas entre sí o a éstas con otros tipos de rocas. Pero este accidente tectónico no es un plano, como estáis pensando los que recordáis las figuras que vienen en los libros. La gigantesca fricción repetida en el tiempo ha formado una zona de trituración entre los grandes bloques desplazados, en una anchura de unos 60 metros, que viene a ser, más o menos, la de la Cañada. Así se explica la abundancia de fuentes.

Un puente sobre el río Gamo, en la Cañada Occidental Soriana.
Un puente sobre el río Gamo, en la Cañada Occidental Soriana.

Eso por lo que respecta a la geología. Uno se imagina al ganado de la poderosa Mesta recorriendo este secular trayecto dos veces al año, que hoy continúa siendo activo, aunque muy reducido si lo comparamos con el pasado. Pero, yendo más allá en el tiempo, durante el Cuaternario, resulta fácil ver en nuestra mente las manadas de rumiantes haciendo el mismo camino anual y a los depredadores que los acechaban. Y, entre ellos, a nuestros remotos antepasados cazadores, aquellos homínidos que nos precedieron en nuestro lento paso por la Prehistoria.

Marchábamos Pili y yo por la Cañada cuando, de pronto, nos tropezamos con una valla que la atravesaba de lado a lado, e incluso continuaba más allá. Su construcción denota que no es muy antigua. Había un portillo fácil de abrir, de modo que se podía pasar sin problema. Mejor dicho, había uno, ¡y grande!

Al otro lado de la valla pastaba ganado vacuno que si no era bravo, lo parecía. No entiendo mucho, pero me parece que era de raza avileña. Y más vale, por si acaso, tener cuidado con estas vacas.

La valla era lo suficientemente ancha y bien hecha, como para que se pudiese andar sobre ella tranquilamente, y eso hicimos durante medio kilómetro. Pero más allá había una explotación ganadera, incluso con tentadero, ¡en plena Cañada!

¿Cómo es eso posible? -pensé. ¿Es que las vías pecuarias, grandes y pequeñas, milenarias, que tenían tantos privilegios, protegidas por la Corona, pueden ser ocupadas por quien le apetezca, aprovechando –supongo– un vacío de poder?

Pues parece que así es. Luego me enteré de que los propietarios ocupantes no ponen  ningún obstáculo cuando llega el escaso ganado trashumante actual. Todo lo contrario. ¡Pero ahí están las construcciones, en medio de la Cañada Real, disfrutando, sabe Dios desde cuando, de unas tierras inmejorables! ¿Habrá documentos que justifiquen su presencia allí? ¡Averígüelo Vargas!

Nos volvimos hasta el Ventorro de Pascualcobo y, desde allí hasta donde dejamos el coche. En otra ocasión decidimos ver si desde más allá de esta explotación se cerraba con una valla. Fuimos hasta Zapardiel de La Cañada y emprendimos la marcha hacia el nordeste. Ocurrió lo mismo. ¡Estaba cortada a todo lo ancho!

Algo después decidimos ver que ocurría al nordeste del Ventorro de Pascualcobo. Llegamos a la dehesa de Revilla. Una puerta, fácil de abrir, cerraba la ruta. Y en toda la dehesa el trazado de la Cañada estaba vallada a ambos lados. No se trataba, pues, de una ocupación.

Y lo mismo ocurría en otros puntos más al nordeste. Había portillos, sí, pero pasajeros. No se impedía la entrada, como ocurría en otros lugares, que ya os contaré. Y encontramos maravillas del pasado medieval, pero eso… ¡es otra historia!


Noticias relacionadas

3 comentarios

  1. Querido Emiliano,

    El abuso y disfrute de un bien público para fines privados es algo que está hoy a la orden del día a todas las escalas. No quiero poner muchos ejemplos que no iban a valer para nada pero bien has titulado tu entrada de hoy Ocupación puesto que estamos viviendo tiempos de auténtica ocupación física y mental. No obstante no me voy a ahorrar uno que tu bien conoces puesto que es el del cordel de la Mesta en donde se encuentra nuestro querido Instituto, el IRNASA, llamado IOATO en tiempos mejores y de menor ocupación.

    Como bien sabes nuestra dirección postal es Cordel de Merinas, 40 y estamos ubicados en medio de una vía pecuaria que como dices debe permanecer libre al tránsito e ininterrumpida según leyes milenarias, basadas en aquella lógica de la Naturaleza que antiguamente se llamaba Derecho Natural y que hoy sólo produce medias sonrisas sarcásticas. ¿Quién autorizó a los ingenieros del Puente Príncipe Felipe a interrumpir la ruta de la Mesta? nadie. No hizo falta. ¿Habrá documentos que justifiquen su interrupción como tu bien preguntas? Seguro que no. No te quepa duda. No hace falta esperar a Vargas a que lo averigüe. Vivimos tiempos de Ocupación como bien dices. La autoridad no está ya para asegurar el cumplimiento de las leyes sino para otras cosas.

    Un saludo

  2. Se nota tu vena científica en como analizas el porqué de las montes, las fuentes, etc. Sin duda caminar por el campo con tus conocimientos ha de ser una experiencia excepcional. Un abrazo

    1. Querido amigo. ¡en algo se me debía notar mi larguísima labor docente, en tantas y variadas materias! Y siempre procure aprender de todo y de todos. Gracias por tu comentario y tu amistad. Un abrazo.

Deja un comentario

Botón volver arriba