Opinión

Cíclopes

 

– ¿Qué le parece si hoy seguimos desmitificando?

 

– Por mí, encantado. ¿Quiere que le hable de algo en especial?

– Pues… No sé… ¿Sobre los gigantes, quizás…?

– ¿Los gigantes…? Veamos… Se trata de un numeroso conjunto de leyendas, presentes en casi todas las culturas… Incluso en América… Por todas partes se pensó que hubo una antigua raza de hombres de una talla enorme. Esa dispersión global nos habla bien claro sobre su origen…

– ¡Ah, síi! ¡Pues yo no lo veo tan claro! Explíqueme por qué lo está.

. Cráneo sin defensas de un Palaeoloxodon falconeri (Busk, 1867), del Cuaternario de Sicilia (tomado de B. Meléndez).
. Cráneo sin defensas de un Palaeoloxodon falconeri (Busk, 1867), del Cuaternario de Sicilia (tomado de B. Meléndez).

– Pues es muy sencillo. En muchos sitios, por todo el mundo, se encuentran restos esqueléticos de los grandes mastodontes y otros mamíferos del Terciario y, sobre todo, de los elefantes del Cuaternario, como los mamuts que habitaron las praderas periglaciares hasta épocas muy recientes…

– Pero esos animales tenían unos colmillos enormes. ¿Es que no veían, por eso, que no eran de apariencia humana?

– Es que usted está viendo en su mente las imágenes de esqueletos completos y reconstruidos, tal y como se muestran en los libros. Pero piense que los cadáveres pueden ser, primero, despedazados por los carroñeros. Y luego, las fuertes lluvias, o los ríos, arrastran los restos, separando cada hueso, entero o roto, de lo demás…

«Suponga que la cabeza del elefante, más grande y pesada, queda aislada y reposa sobre un lado; la defensa que queda arriba puede desprenderse del alvéolo fácilmente. Al primer envite de la corriente puede perder también la otra. Nuestros antepasados remotos, que no habían visto jamás un elefante vivo en sus tierras –salvo, quizás, los egipcios– ni sabían nada de Paleontología ni de Anatomía Comparada, se encontrarían cráneos enormes y pensarían que la vacía cuenca nasal, más grande que las oculares, sería de un único ojo… ¡Ahí tiene usted el origen de los CÍCLOPES!

– ¡Los cíclopes! ¡Los herreros de los dioses!

– ¡Efectivamente! ¿Pero a que no sabe usted por qué se les consideraba herreros?

– ¡Pues la verdad es que no se me ocurre la razón!

– Pues precisamente por su único ojo. Mire, las chispas de las fraguas –¡me refiere a las humanas, claro; no a las divinas!– podían saltar a los ojos de los herreros. Por eso se solían tapar con un parche uno de ellos, para que en caso de accidente les quedase uno todavía sano.

– O sea, que trabajaban con un único ojo…

– Eso es. Y como los cíclopes tenían sólo uno, por eso se suponía que eran los herreros de las fraguas divinas situadas en los volcanes…

Así debió nacer el mito de los cíclopes, a partir del cráneo de un elefante cuaternario.
Así debió nacer el mito de los cíclopes, a partir del cráneo de un elefante cuaternario.

– Pero… ¿y Polifemo? ¿Cómo se explica que viviese en una cueva?

– En la cueva podía estar la fragua. ¿Noo? Pero también ese detalle tiene su explicación. Fue el gran paleontólogo escocés Hugh Falconer, a mediados del XIX, el que primero describió restos de elefantes cuaternarios en cuevas del Mediterráneo, no recuerdo si en Creta o en Sicilia…

– ¿En Creta o Sicilia? ¿Y cómo llegaron hasta allí esos elefantes? ¿Cómo cruzaron el mar?

– Es que usted está pensando en la geografía actual, que no era la misma en los periodos glaciares e interglaciares que caracterizan al Cuaternario. Y menos aún en el Plioceno.

– ¡Ah! ¡Así se explica que llegasen allí, al estar las actuales islas conectadas con los continentes!

– ¡Claro! Es de suponer que los antiguos cretenses conociesen la presencia de aquellos huesos gigantescos. O en Sicilia y otras islas.

– Pero… ¿cómo es que estaban en cuevas?

– Quizás sirviesen de refugio en condiciones climáticas adversas…

– Todo tiene su lógica… ¿Así que los famosos gigantes de la Antigüedad se inventaron a partir de restos fósiles de grandes mamíferos?

El elefante de las terrazas cuaternarias del Manzanares. Detrás, el Megaterio sudamericano que estudió Cuvier (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid).
El elefante de las terrazas cuaternarias del Manzanares. Detrás, el Megaterio sudamericano que estudió Cuvier (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid).

– ¡Seguro! Incluyendo al «Gigante de Madrid«.

– Nunca oí hablar de él. ¡Cuente, cuente!

– Ocurrió en el XVII. Se estaban haciendo unas obras cerca de la Real calle del Barquillo, cuando se encontraron unos huesos gigantescos. Alguien –no se sabe si un albañil, el capataz o alguna autoridad de las que fueron a verlo– gritó «¡VÁLGAME DIOS!». Bueno, pues esta expresión dio origen al nombre a la calle.

– ¡No me diga! ¡Yo la conozco! Es más bien una calleja que está entre Augusto Figueroa y Gravina.

– ¡Efectivamente! ¡Por allí jugaba de niño! ¿Más de una vez he pensado si yo estaría predestinado por el influjo de aquellos huesos?

– Pero… ¿Se sabe donde están?

– No. Quizás los hicieron reliquias…, o los quemaron… No sé. El caso es que en Madrid, mucho después, ya en el siglo pasado, se encontraron esqueletos de elefantes en los arenales cuaternarios del Manzanares. Se conservan en el Museo Nacional de Ciencias Naturales…

– ¡Ah, sí! Los vi en la gran sala donde están el Megaterio y la histórica réplica del Diplodocus.

– ¡Allí supongo que siguen! Pero… ¿ha visto que tarde es? ¿Nos vemos mañana…?

  • ¡De acuerdo! Hasta mañana…

 


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4 comentarios

  1. Hola Emiliano:
    Gracias por este fresco diálogo del lunes y los cíclopes y gigantes que tanto han dado que hablar y tanto susto han metido en el cuerpo…
    Un fuerte abrazo

    David

    1. ¡No te asustes, David. No te asustes! ¡Todo es quimera! ¡Pero qué bonito es desarrollar la imaginación! Esos fantasmas de nuestros cuentos y leyendas, que nos la poblaron, siempre están ahí, como elemento cultural de nuestra vida y sirven –siguen sirviendo– para solaz y entretenimiento de nuestros herederos. Un abrazo muy fuerte, amigo David.

  2. Querido Emiliano,

    Una pregunta difícil para el tema tan interesante que traes hoy:

    ¿Los cíclopes son herreros en su origen o es al revés, es decir que se llama cíclope al herrero por tener un sólo ojo al descubierto?
    Dicho de otro modo: ¿En las primeras descripciones aparece el cíclope como herrero?
    Quedo intrigado en espera de tu respuesta…

    Un abrazo,

    Emilio

    1. Has dado en el clavo, querido amigo. Hubo dos generaciones de cíclopes. De la primera, hijos de Urano, eran tres hermanos que vivían en los volcanes y se les atribuyen el resplandor, el trueno y el relámpago. Forjaron el rayo para Zeus y fueron los encargados de levantar el Olimpo. Se les llama también «los Artesanos Principales».
      La segunda generación es la de los «Cíclopes pastores», antropófagos, solitarios, descendientes de Poseidón, entre los que estaba Polifemo.

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