Opinión

La Semana Santa de Blanca

Emilio Ramos Delgado.
Emilio Ramos Delgado.

Al llegar a la altura de la ventana miré,… pero los visillos me impedían verla. Toqué con los nudillos en el cristal y, como de costumbre, retiró el visillo un poquito, lo justo para que yo pudiera ver sus ojos sonrientes. Blanca estaba sentada en su sillón con la cabeza reclinada sobre uno de esos cojines para viajar. ¡Qué paradoja!  Viajar Blanca, que estaba inmovilizada  en su piso bajo de una calle  estrecha. Allí estaba desde hacía un mes, cuando al caerse, se fracturó varias vértebras. Por la osteoporosis, le dijeron los traumatólogos. Por los años, decía socarronamente Blanca.

Blanca vive sola desde que, hace unos años, murió su compañero; bueno…,  sola del todo no,  porque sus hermanos la acompañan todo lo que pueden. Ellos me avisaron cuando se cayó, contándome cómo fue y lo que le dijeron en el hospital. Pero los hermanos de Blanca tienen también más de ochenta años y sus propios achaques. A veces son los sobrinos o los vecinos quienes la cuidan.  Decía Manuel Vicent en un artículo hace unos años que siempre habrá esperanza mientras haya cuatro porteadores para una camilla. La solidaridad, los cuidados entre familiares e incluso vecinos,… uno de los tesoros de la cultura mediterránea. Seguro que también de otras culturas.

Cada año cuando llega Semana Santa, el gran puente de cuatro días, se produce una evacuación masiva de las ciudades. Se cierran todos los servicios. Prácticamente también los de salud porque queda un punto de guardia en Atención Primaria para toda la ciudad y las urgencias hospitalarias. Pero me pregunto si todas las personas que están en una situación como la de  Blanca, pacientes con enfermedad severa en sus domicilios, sometidos a cuidados paliativos…  quedan suficiente atendidos. Siempre pienso que desde cada centro de salud urbano deberíamos mantener la atención continuada,  bien directamente con sanitarios de guardia o, al menos, remitiendo información sobre pacientes con mayor necesidad de atención a los servicios de guardia, que no sólo atenderían a la demanda.

Blanca estrenaba su nuevo andador, ella misma me abrió la puerta orgullosa por ser capaz de hacerlo. Me contó que ya sólo le duele, y no mucho, si se mueve; que es capaz de aliñarse la comida que su familia le trae o le deja  preparada. La ausculté y los pulmones sonaban tranquilizadores. El corazón, casi tan saltarín como sus ojos,… era otra cosa. Pero resistía.

Blanca tiene mucha ilusión por poder salir a la calle, al sol de esta hermosa primavera tan seca pero siempre hermosa. La ilusión de Blanca.

PD: Su verdadero nombre no es Blanca, pero espero que ella se reconozca en este intento de homenaje a la voluntad y la ilusión por ser independiente.

Emilio Ramos Delgado

Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Salamanca.

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