Opinión

Una estrategia europea 2020

En el último artículo me refería a una serie de cuestiones de la UE a la hora de cumplirse los sesenta años del Tratado de Roma. Hoy, dentro de las referencias comunitarias, veremos cuál es la actual estrategia de los 27 países que formamos la Unión. En ese sentido, cabe decir que como casi todas las demás grandes regiones del mundo, Europa está atravesando un período de grandes transformaciones sociales y tecnológicas, en el segundo decenio del siglo XXI, dentro de la crisis económica mundial que se inició en 2008. Que todavía persiste en una serie de aspectos (empleo, endeudamiento, incertidumbres); porque si escapamos de la Gran Recesión en 2012, la crisis se manifiesta en no pocas debilidades estructurales de la economía. Al tiempo que se intensifican los retos a largo plazo como son la globalización en peligro, la presión sobre ciertos recursos naturales, el envejecimiento de la población en Europa, la cuestión de las migraciones/refugiados, el cambio climático, etc.

Con el fin de hacer frente a esas nuevas circunstancias, la UE y sus Estados miembros pusieron en marcha un conjunto de acciones de crecimiento sostenible para toda la década: la denominada Estrategia Europa 2020, con la necesidad de una serie de reformas, recurriendo al tiempo a medidas destinadas a estimular el crecimiento y preparar a la economía europea para el futuro, como sucede con el Plan Juncker.

Más en concreto, la UE estableció para 2020 cinco objetivos ambiciosos en materia de empleo, innovación, educación, integración social y clima/energía. Sintéticamente, se trataba de:

–    Garantizar el empleo al 75 por 100 de las personas de 20 a 64 años. Lo cual en España supondría una población de 29 millones, y el 75 por 100 21 millones, debiendo recordarse que el objetivo actual en España según Rajoy es llegar a los veinte millones de ocupados, uno menos que la meta estratégica.

–    Invertir el 3 por 100 del PIB de la UE en investigación y desarrollo. Una situación que en España dista mucho de ser la planteada: 1,3 por 100 con el objetivo siempre optimista del 2 por 100 al que nunca llegamos.

–    Situar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) un 20  por 100 (o incluso un 30  por 100) por debajo de los niveles de 1990, y generar el 20  por 100 de las necesidades de energía a partir de fuentes renovables y aumentar la eficacia energética un 20  por 100. Metas que luego, en 2016, fueron superadas con el Acuerdo de París para 2030: 40 por 100 de reducción de emisiones de GEI, y para las energías renovables en esa misma fecha de 2030, el 27 por 100 de toda la energía consumida. En este tema, España no cumple todavía: quemamos demasiado carbón y las renovables se frenaron.

–    Reducir las tasas de abandono escolar por debajo del 10 por 100 y lograr que al menos un 40 por 100 de las personas de 30 a 34 años hayan terminado estudios superiores. Unas metas de las que todavía estamos alejados.

–    Reducir al menos en 20 millones el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social. En este caso, en España tendríamos la amenaza de exclusión por lo menos de cuatro millones, en vez de los dos que le correspondería según el ratio europeo propuesto.

Además de los objetivos señalados, los líderes europeos acordaron una serie adicional de actuaciones concretas -de las que destacamos las esenciales – a escala de toda la UE, apostillándolos con la situación de España.

–      «Unión por la innovación». Su objetivo es mejorar las condiciones y el acceso a la financiación para I+D+i, con el fin de que las ideas innovadoras puedan convertirse en productos y servicios que generen crecimiento y empleo. En este aspecto vamos con bastante retraso: las inversiones están muy bajas.

[pull_quote_left]Cabe apreciar una cierta idea de horizonte para una planificación indicativa, cierto que muy laxa[/pull_quote_left]-      «Juventud en movimiento». Aspira a mejorar los resultados de los sistemas educativos y facilitar el acceso de los jóvenes al mercado laboral, mediante diversos mecanismos (programas de estudio, aprendizaje y formación financiados por la UE, plataformas para que los jóvenes puedan buscar empleo en toda la Unión, etc.). En la materia parece haberse mejorado en España últimamente, en lo cuantitativo, pero con muchos déficit de calidad.

–      «Agenda digital para Europa», a fin de acelerar el despliegue de la internet de alta velocidad y la implantación de las tecnologías de la información y la comunicación. Lo cual sigue siendo un problema en las áreas más rurales del territorio español, que no disfruta, todavía, en muchos casos, de accesos convenientes a las redes, siendo significativa la denominación de Agenda Digital que figura en el título del Ministerio de Energía y Turismo. Hay que forzar más la marcha por esa senda.

–      «Plataforma europea contra la pobreza». Su objetivo es garantizar la cohesión social y territorial, ayudando a las personas pobres y socialmente marginadas a acceder al mercado laboral y ser miembros activos de la sociedad. Lo cual es todavía un desideratum en muchas zonas de España, donde se combinan efectos negativos de envejecimiento y bajo nivel de renta, a veces con paro crónico.

–      La crisis que comenzó en 2008 planteó cuestiones sobre la confianza en la Eurozona a las que se dio respuestas: se reforzaron los cortafuegos y el potencial de intervención para ayudar a los países del euro en dificultades (Grecia por tres veces, Portugal, Irlanda y Chipre; y España para el sistema crediticio), con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), dotado de 700 000 millones de euros, más capital que cualquier otra organización financiera del mundo. El MEDE, que entró en funcionamiento en septiembre de 2012, sustituyó a dos mecanismos temporales anteriores: el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y el Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (MEEF), y concede créditos hasta por 30 años, con un bajo tipo de interés del 1,5 por 100 anual.

Sintetizando, en el repaso que hemos dado a los objetivos y actuaciones de la UE en su estrategia, cabe apreciar una cierta idea de horizonte para una planificación indicativa, cierto que muy laxa. Lo que es fundamental para el modelo económico en que vivimos: hay unos objetivos, guide posts, que no se sacralizan, como sí se hizo, en cambio, en la URSS con los planes quinquenales, y también en China hasta 1978. Los objetivos diseñan un horizonte al que se aspira, y cuando en el 2020 se haga balance de las Estrategias 2020 de la UE, habrá que estudiar en qué se falló, y en que se fue por delante de lo previsible.

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