Opinión

Gatos y perros

 

El Hombre tiene tendencia a clasificarlo todo. Pues bien, a mí se me ha ocurrido –puede que antes lo haya hecho alguien– clasificar a los humanos en amantes de los gatos, de los perros o indiferentes a esos amores.

 

Una vez establecida esta clasificación. ¿En qué cajón te metes tú?

Yo, lo confieso, entraría en el de los gatos. Mejor dicho, ¡con mi gatita «Nena»!

Y al llegar a este punto me dejaría llevar por la pluma, el bolígrafo o, simplemente, por el dedo ordenadorilero para contaros, largo y tendido, como era aquel ser insignificante, nada más y nada menos que una minina, que nos dejó aquel 7 de octubre del 2000.

Pero no lo voy a hacer. Hay ya mucho escrito sobre el vacío que dejan nuestros queridos animales de compañía, de modo que si estabais esperando que abriese mi alma dolorida por su ausencia, os vais a quedar con las ganas.

Gatos (Póster de E. Jiménez con texto de W. Fernández Flórez).
Gatos (Póster de E. Jiménez con texto de W. Fernández Flórez).

¿De qué os hablaré entonces? ¿De los gatos en general? ¡Pues tampoco! Ahí está lo que de ellos escribió el gran Wenceslao Fernández Flórez en El bosque animado. ¡Es lo mejor que he leído sobre el tema!

¿Hablaré de las luchas entre perros y gatos? ¿O me inspirare en las infinitas fotografías –preciosas todas– en las que reposan juntos el mejor de sus sueños? ¿O de las que muestran las caras juguetonas, que parece que sonríen, de los cachorrillos de unos u otros? ¿O de aquella gallina que daba su calor empollando a unos gatitos casi recién nacidos? ¡No, no y no!

Entonces… ¿de qué?

Pues os podría hablar de muchas personas que piensan que no se debe dar ese cariño tan aparatoso a sus animalitos, cuando hay en el mundo tanta hambre, tanta miseria, tanto desamor u odio…

Hubo un tiempo en que yo también pensaba así. ¡Era tan joven! Después vino otra etapa de indiferencia… Luego tuve unos periquitos. ¡Qué simpáticos eran, volando por toda la casa… y ensuciándola! Pero creo que a los pájaros o a los peces no se les llega a querer. Gustan, sí, pero nada más.

Más tarde, Pili puso en nuestro camino a aquella gatita que tanto bien derramó sobre nosotros y nuestros hijos.

Desde entonces comprendí que si das amor a un animalito estás también capacitado para darlo a otras personas que lo necesitan, que, sin saberlo, te lo están pidiendo, en especial, a los enfermos de alzhéimer.

Luke y Han.
Luke y Han.

¿Quiere esto decir que para amar a los enfermos, o a quien lo precise, debes pasar por la escuela de un animalito de compañía, un perro o un gato?

¡Tampoco es eso, caramba!

¿Cómo continúo esta «ocurrencia» tan deslavazada? Me estoy haciendo un lío que no sé cómo voy a desenredar, de modo que dejo que cada cual piense lo que quiera.

Eso sí: recomiendo a los papás y mamás que enseñen a sus niños a amar a su animalito, gato o perro, que les eduquen aprendiendo a ser responsables de su limpieza, comida, salud y demás menudencias que conlleva su cuidado. ¡Que no vean en su trocito de carne un juguete, sino un compañero de juegos! Y a vosotros, adultos que me estáis leyendo, no tengáis vergüenza de proclamar que cuando estáis a solas con ellos les habláis, que descargáis vuestra alma acariciándolos, que buscáis la paz que os transmite su mirada fiel.

¡Hacedlo! ¡Os sentiréis mejor!


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2 comentarios

  1. Querido Emiliano,

    ¿Como crees tu que podría ser el antepasado común, según las modernas teorías darwinistas en boga, de perros y gatos? Dicho de otro modo ¿Crees que es posible que semejante ser pueda haber existido? Hay que echarle imaginación ¿verdad?

    1. Pues qué sé yo, querido amigo. Lo más probable es que el antepasado común viviese en el Paleoceno. A lo mejor, por los bosques y sabanas del Eoceno salmantino ya estaban pululando separados. Pero son tan escasos que han originado pocas pistas. No sé que dicen los analistas de ADN.
      Un abrazo

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