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‘Freegans’ en Salamanca: quienes eligen buscar comida en lugar de comprarla

El término, originalmente en inglés, proviene de las palabras ‘free’ (gratis) y ‘vegan’ (vegano)

 

El freeganismo es un movimiento anticonsumista basado en buscar en la basura como alternativa a la compra de productos. Freeganismo es la adaptación al castellano de la palabra anglosajona ‘freeganism’, y quienes lo practican se denominan freeganos o ‘freegans’. El término ‘freegan’ proviene de la unión de las palabras ‘free’, gratis, y ‘vegan’, vegano.

 

Aunque pueda parecer un término muy moderno y ligado a personas que viven en grandes ciudades, el movimiento comenzó en los años 90 y tiene decenas de adeptos en Salamanca. Se trata de una “ideología en la que se reaprovecha todo, pero principalmente se habla de comida”, como explica Mónica Ortiz, una de las chicas que lo practica en Salamanca.

FOTO. willparson.com

Aunque está estrechamente ligado al veganismo, existe un intenso debate sobre si incluir en el término a las personas que no tienen la opción de elegir y buscan en los contenedores por necesidad. “Creemos que esas personas rechazarían el término porque es una ideología”, explican, “pero lo que hacen sigue siendo freeganismo”.

Pero, ¿qué beneficios tiene esta práctica? Mónica Ortiz explica que “no estás creando demanda por productos nuevos, sino consumiendo lo que ya se ha producido y que ha llegado ya al final de su ciclo. Por lo tanto, no contribuyes a crear contaminación. Cuando yo cojo una bolsa de espinacas del contenedor, al no haber pagado por ellas, en la fábrica se entiende que yo no he pedido otra, por lo que no se produce”.

Lo único que compran… el aceite

Es un acto de protesta. En Europa se tiran grandes cantidades de comida que podría ser aprovechada, aumentando la contaminación y el hambre en el mundo. La comida que los establecimientos tiran en Salamanca, se debe a que no está permitida su venta cuando pasa su fecha de caducidad, aunque el producto esté en perfectas condiciones. Del mismo modo, no es legal donar la comida que no se puede vender por motivos de seguridad.

Además de estas razones, se ahorra una importante suma de dinero en compras. Según quienes lo practican, se puede ahorrar todo el presupuesto que se dedique a comprar comida, así como artículos de limpieza como detergentes. “También te ayuda a aprender a cocinar”, confiesa Begoña Martín, otra freegana de Salamanca, “como te tienes que adaptar a lo que tiren…”.

El secreto se encuentra en buscar en contenedores que estén situados cerca de supermercados y  otros establecimientos de alimentación, así como conocer los horarios en los que tiran la basura. “Se encuentra de todo”, explican. Pasta, legumbres, verduras, fruta, bebida, yogures, chocolate, comida para mascotas… Lo único que necesitan comprar es aceite.

Los establecimientos se deshacen de productos caducados, normalmente el mismo día que caducan  o dos días más tarde, elementos que están a punto de caducar, especialmente cuando llega el fin de semana y van a cerrar, y cosas que se han roto y no pueden vender. Normalmente, son productos empaquetados que “pasan de la estantería a una bolsa y no tocan el contenedor”, afirman.

“Si eres vegano, lo que quieras”

“Hay cosas no caducas que tiran como café, cacao en polvo, azúcar… A veces han tirado hasta agua”, cuenta Mónica Ortiz. “Casi todas las chorradas que no compra nadie, las tiran”, añade Begoña Martín, “nosotros nos hinchamos a setas que nadie compra porque son caras”. Lo que más escasea son los productos cárnicos, “pero si eres vegetariano, lo que quieras”.

“Una parte por la que el freeganismo engancha es que no sabes lo que te vas a llevar, es como cuando abres los regalos de Navidad”, manifiesta Martín, “a mí me sorprendió una vez que nos encontramos compresas. Es que es súper indignante, es un bien necesario que es ultra caro, que lo podrían donar porque realmente no está caducado”.

Sobre si comer alimentos procedentes de la basura tiene algún riesgo, Ortiz comenta que “yo quiero creer que lo que consumo yo no, porque no consumo ni huevos ni carne”. Lo que consideran que podría dar algún problema son los productos cárnicos y los huevos. “Obviamente, si ves que algo está mal no te lo comes”, argumentan. “En invierno la temperatura del contenedor es la misma que la de una nevera, así que permanecen en frío”, explican, sin embargo, en verano es más arriesgado, ya que el contenedor “es un horno”.

La basura es del Ayuntamiento

Esta práctica no está exenta de conflictos. No es legal coger cosas de la basura porque, según indican, “todo lo que esté en el contenedor o en la cercanía pertenece al Ayuntamiento en el momento en que tú lo dejas ahí”. De hecho, muchos supermercados se enfadan porque hay gente que deja comida fuera (a veces para que se lo lleve alguien que pase por allí y no quiera meterse) y les pueden multar, por lo que rompen los productos antes de tirarlos para que nadie se lo pueda llevar.

Sin embargo, Ortiz asegura que la Policía es permisiva. “Me han visto muchas veces y nunca me han dicho nada. Deben entender que lo necesito y me dejan”. No lo son tanto otras personas que suelen buscar comida en los contenedores. “Al parecer, hay gente que toma ciertos contenedores como su territorio y, si vas cuando están ellos, te echan o te agreden”.

En ocasiones, a los veganos les surge un dilema moral. ¿Qué ocurre si encuentran productos de origen animal? “Depende de la persona”, comentan, “existen dos argumentos: uno es que, al no consumir, no estás colaborando con la opresión animal porque no produces demanda. Aprovechas porque al animal ya lo han matado y que se carguen una vida para que vaya a parar al contenedor es muy cruel. Hay otras personas que deciden no hacerlo porque es una forma de normalizar el especismo”.

En su círculo se conoce como ‘friganeo’ a la comida de origen animal que se encuentra gratis. Mónica Ortiz expone que la gente que consume productos de ‘friganeo’ está más preocupada por el ecologismo que las personas que lo rechazan por completo. En cuanto a estos últimos, opina que “sus dos luchas no están equiparadas. Salvar a los animales es más importante que salvar el planeta”. A los primeros “les preocupa al mismo nivel. Saben todo lo que ha ido en producir eso y les da tanta pena que se plantean comerlo”.

Por: Paula Castro. 

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