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Las restauraciones más polémicas de Salamanca

Desde un Cristo que cambia de color a un astronauta en una fachada del siglo XVIII

Texto y fotos: Ical

Nunca llueve a gusto de todos. Este refrán se podría aplicar perfectamente a las restauraciones y reformas de las figuras históricas y edificios del país, con las que muchas veces no se ha alcanzado el objetivo deseado y han sido motivo de mofas o incluso de pleitos. Hace unos años, el Ecce Homo de Borja (Zaragoza) sorprendía a todo el mundo con la particular transformación que realizó una aficionada a la pintura que se ocupó de la renovación.

 

Más recientemente, la ‘restauración’ de la escultura de San Jorge en Estella (Navarra) ha provocado la indignación de muchos, que han visto cómo se ‘destrozaba’ una figura que data del siglo XVI. Sin embargo, estas polémicas son más habituales de lo que parece y la ciudad de Salamanca, con una riqueza cultural y artística inigualable, no podía ser menos.

La iglesia de Santiago

La iglesia de Santiago, situada junto al puente romano y a la orilla del río Tormes, es un templo mudéjar que data del siglo XII, por lo que fue declarada Bien de Interés Cultural de la ciudad de Salamanca. Sin embargo, su antigüedad es relativa. Entre los años 1961 y 1965, el arquitecto vallisoletano Anselmo Arenillas Álvarez la reformó completamente debido a su avanzado estado de ruina. De esta manera, adoptó un estilo modernista que poco o nada tiene que ver con su aspecto originario, por lo que se puede decir incluso que el arquitecto ‘inventó’ un nuevo edificio.

Esta versión ‘idealizada’ con ladrillos dista mucho de la iglesia que se edificó en un principio. La rigurosidad no fue una prioridad para Arenillas, que creó el ejemplo perfecto de iglesia románico-mudéjar sin tener en cuenta su estructura original.

 

Nuestra Señora de la Esperanza

Si continuamos haciendo repaso por la capital del Tormes, Nuestra Señora de la Esperanza de la Hermandad Dominicana nos da otro ejemplo de restauración polémica. Esta figura, tallada por Damián Villar en 1951, fue reformada en 2001 por el sevillano Javier Roán.

La intención de la hermandad con esta renovación era otorgarle un estilo mucho más afinado, pero el resultado final fue completamente distinto a lo que se buscaba: la reforma acabó con una denuncia por parte de los herederos de Villar y un revuelo en el seno de la hermandad.

El Cristo de las Batallas

Sin duda una de las restauraciones más curiosas es la del Cristo de las Batallas, una de las imágenes más antiguas de la ciudad. Dos años de trabajo transformaron la figura completamente, pasando de tener una pigmentación oscura a una clara que sorprendió a todos los devotos.

Al parecer, el humo de las velas fue oscureciendo al Cristo hasta que, en el Barroco, alguien decidió pintarlo de negro definitivamente. En el año 2012, se decidió recuperar la policromía blanca original, algo que no sentó muy bien a algunos devotos, que reclamaban que siguiera luciendo el color negro.

Astronauta de la catedral

‘¿Cómo se ha ‘colado’ un astronauta en una catedral del siglo XVIII?’ Esa es la pregunta que se hacen muchos turistas que visitan la ciudad cada año y que despierta curiosidad y asombro a partes iguales.

En el año 1992, se llevó a cabo una restauración de la Portada de Ramos de la Catedral Nueva en la que el cantero Miguel Romero introdujo un astronauta y una especie de fauno comiendo un helado de dos bolas. La restauración de la fachada se enmarcó en la exposición temporal de ‘Las Edades del Hombre’, por lo que se incluyeron estos detalles contemporáneos para hacer referencia a la era espacial y homenajear al Café Novelty, establecimiento centenario de la ciudad conocido especialmente por sus helados.

La visita al astronauta se ha convertido en obligatoria para muchos: decenas de turistas acuden cada día a la catedral en busca de este guiño contemporáneo, un atractivo que rivaliza con la archiconocida rana de la fachada histórica de la Universidad de Salamanca.

La Casa Lis

La Casa Lis, edificio emblemático de Salamanca que data de finales del siglo XIX, no siempre ha tenido el aspecto que conocemos hoy en día. A raíz de su conversión en Museo de Art Noveau y Art Decó en el año 1995, se cambiaron las vidrieras transparentes en las galerías de la fachada sur y el patio por otras con una amplia gala de colores.

El nuevo estilo modernista del museo fue obra del artista catalán Juan Villaplana según el diseño de Manuel Ramos Andrade. En este caso, la reforma no causó polémica y aportó la riqueza cromática tan característica de la que hoy presume el museo.

Preservar el patrimonio es sin duda una tarea fundamental a la que se deberían dedicar todos los esfuerzos. Aunque todas estas restauraciones fueron realizadas por profesionales, un cambio siempre implica polémica, sobre todo si la devoción entra en juego.

Casos como el Ecce Homo de Borja nos demuestran que muchas veces es peor el remedio que la enfermedad, aunque también que no hay mal que por bien no venga: la localidad aparece ahora en el mapa mundial y recibe una afluencia turística impensable para un municipio de apenas 4.000 habitantes.

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