Opinión

La gallina y la copa fina

 

A la gallina siempre le importó esa planta de tallo y hojas triangulares de color verde oscuro. Le gustaba llamar a las cosas por su nombre. Le parecía precioso el de su favorita, la sencilla y maltratada Amaranthus Retroflexus, la que no marchita. Por eso se ofendió al escuchar a la zorra con sus guardadas orejas mentar al bledo mirando con desabrimiento las maduras uvas que no alcanzó a conseguir.  

Particular visión la suya. Afectada, claro. Se puso tan contenta cuando le avisaron de que llevaría ojos de ave. Se vio dominando extensiones infinitas con ellos desde el cielo como hacen águilas, halcones y buitres, deseaba poder ver en la oscuridad como los noctámbulos búho y lechuza, a través del agua como las playeras gaviotas o interpretar el magnetismo como hacen las errantes golondrinas. Se frotaba las plumas solo con pensar en poder vivir cualquiera de esas aventuras. Sólo una le habría bastado, sin mayores ambiciones, tampoco aspiró a ser un Martín Pescador. Tuvo que conformarse con calentar sus dorados huevos y poder ver los racimos.

Los conoció inflorescencias. Paciente vio cómo cada grano se despojó de su verde y amarga cara dura y cómo después se vistió de tierno, jugoso y dulce negro. – Curioso luto el de este fruto – se decía. – Lo pisarán y se hará sangre. Y con el vino que resulte, se querrán quitar las hambres

Llegó el invierno e invitó a la zorra. – Quiero que compruebes con un sorbo lo que es ahora lo que entonces te pareció verde. Quiero que te asomes a la ventana, que no pierdas tiempo en buscar en el suelo las hojas caídas, ni en el dormido tronco las que traerá la primavera.

>> Quiero que no te vuelvas loca por la fría sed, que no te dejes llevar por el cálido alcohol. Quiero que no tengas más prisa que el propio vino. No son botellas sino el sabor de sus gotas. No es el trago sino el gusto. No es el estómago sino el paladar. Quiero que no te la quieras beber de un trago. Quiero que no lamentes jamás no saber a lo que habría sabido de haberla respetado.  

>> Quiero que lo pruebes, que lo tengas en la boca y lo saborees. Quiero que notes su calidez cuando baje de tu garganta, que puedas dar nombre a lo que percibe tu nariz por dentro, que cuentes cada segundo de caricias en tus labios, que trates de grabarlo, que te prepares para el siguiente sorbo, para descubrir que será distinto al anterior. Quiero que tengas memoria…

– Y oye, hablando de memoria ya que sacas el tema – replicó la zorra, – ¿Éste cuento que me narras..? ¿Cuánto tiene que ver con aquello de que tu anterior dueño quiso abrirte en canal para ver cómo eras por dentro porque no le pareció suficiente encontrar cada mañana una pepita de oro bien gorda bajo tu culo?

– Uy, una mosca. ¿Más vino mi cuadrúpeda amiga?

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