Los ilustres de la UsalPortada

Góngora, ilustre de la literatura,… y de la noche salmantina

El gran poeta del Siglo de Oro español fue alumnos de la Universidad durante cuatro años, pero no termino Cánones, lo que ahora sería Derecho

 

Ocho siglos contemplan a nuestra Universidad y desde entonces incontables estudiantes han pasado por sus aulas, en la serie ‘Ilustres de la Usal’ queremos rescatar la vida y trayectoria profesional de algunos de estos alumnos o personas con notoriedad mundial que se han acercado hasta Salamanca para formarse o para transmitir su saber

 

En esta ocasión, queremos traer a esta sección a Luis de Góngora que estuvo ‘matriculado’ en la Universidad de Salamanca entre los años 1576-1580, durante este periodo estudió Cánones, lo que ahora sería Derecho, pero el joven Góngora, no concluyó sus estudios, según cuentan sus biógrafos, le interesaba más el culto de las musas que el análisis del Fuero Juzgo y las Partidas.

Vamos que no pasó a la historia como un estudiante más laureado que ha pisado la Universidad de Salamanca. Eso sí, durante los años que paseo por las calles salmantinas, el estudiante Góngora tuvo mucho éxito entre sus compañeros de aula ya que fue aquí, donde comenzó a disfrutar de las diversiones profanas y a fraguarse su vocación de poeta, de hecho se cuenta que Salamanca le inspiró para sus poesías amatorias, letrillas satíricas y romances.

Biblioteca de la Universidad de Salamanca.

¿Por qué estudió Luis de Góngora en Salamanca? Por dos razones. La primera es que su padre, Francisco de Argote, juez de bienes confiscados por el Santo Oficio de Córdoba, se había licenciado en Salamanca, pretensión que albergaba para su primogénito, y era un gran erudito, poseedor de una importante biblioteca que valoraba en más de quinientos ducados.

La segunda razón, fue porque un tío suyo muy rico decidió que Luis de Góngora estudiase en Salamanca. No vino solo, llegó acompañado de un criado. El joven Góngora compartió aula con los estudiantes hijos de familias nobles y pudientes, pero no hay ninguna huella de que obtuviese algún título.

Durante sus años como estudiante, cuatro para ser exactos, Góngora escribió un poema después de superar una enfermedad que lo tuvo tres días tenido por muerto.

Muerto me lloró el Tormes en su orilla,
en un parasismal sueño profundo,
en cuanto don Apolo el rubicundo
tres veces sus caballos desensilla.

Fue mi resurrección la maravilla
que de Lázaro fue la vuelta al mundo;
de suerte que ya soy otro segundo
Lazarillo de Tormes en Castilla.

Entré a servir a un ciego, que me envía,
sin alma vivo, y en un dulce fuego,
que ceniza hará la vida mía.

¡Oh qué dichoso que sería yo luego,
si a Lazarillo lo imitase un día
en la venganza que tomó del ciego!

El no poseer título universitario, no impidió que Góngora adquiriese una formación humanista que conocía el latín, leía el italiano y el portugués, por lo que se podía considerar que era un gran intelectual.

Góngora fue de los primeros estudiantes en estrenar el Edificio Histórico de la Universidad y sus aulas, ya que su construcción concluyó en 1533 y Góngora se matriculó en 1575.

Culto e inteligente, tuvo a Cervantes como amigo. De hecho, el padre de El Quijote escribió de Góngora.

Aquel que tiene de escribir la llave,
con gracia y agudeza en tanto extremo,
que su igual en el orbe no se sabe
es don Luis de Góngora, a quien temo
agraviar en mis cortas alabanzas,
aunque las suba al grado más supremo.

Góngora, Quevedo y Lope de Vega.

Bien es cierto que tenía sus enemigos, Lope de Vega y Quevedo, que sin duda fue la cruz de Góngora. Coincidieron en Valladolid, donde tuvieron sus primeros encontronazos.

Aquí dejamos una muestra:

Contra don Luis de Góngora y su pesía
Este cíclope, no sicilïano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisfero
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;
el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;
éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.

Y responde Góngora:

Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope
¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

Lo cierto es que entre Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Cervantes y otros lograron escribir nuestro Siglo de Oro de las letras.

Salamanca homenajeó a Luis de Góngora con este monumento, inspirado en el cuadro de Velázquez. Además, se pueden ver en la escultura un águila y unas alegorías que representan la Fábula de Polifemo y Galatea, uno de los poemas más representativos del gran poeta del Siglo de Oro.

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