Cultura

“Las redes sociales han dado voz a legiones de idiotas”

Sin pelos en la lengua y con un verbo fácil y fluido, así se presenta el escritor salmantino Santiago Alonso, autor del libro La fórmula del Bestseller

 

Santiago Alonso no elude ninguna pregunta y se lanza a las contestaciones como si no hubiera un mañana. ¿Las respuestas de Alonso? Con algunas estará de acuerdo y otras te enfadarán, pero ninguna te dejará indiferente. Es un rato de lectura, cuánto menos, entretenido.  Para muestra“El problema es que hay algunos escritores como yo que además buscamos dinero y reconocimiento” o “La historia de la literatura española ha sido la historia de una impostura”.

 

¿Cómo está actualmente el sector de la industria literaria?
Las revistas literarias en las que yo empecé a publicar han desaparecido del mismo modo que otras de tirada nacional como Interviú, que ya también han dejado de existir. Se venden menos de la mitad de los diarios que se vendían años atrás y con los libros en papel pasa lo mismo. Internet, las nuevas tecnologías, los videojuegos (que cada vez son también narrativamente más sofisticados) suponen una gran competencia para el libro de papel y han relegado la literatura a un segundo plano.

¿Cómo afecta a las empresas la era digital?
Amazon es, de lejos, la mayor librería a nivel mundial. Vende cerca del 65% de todos los libros en versión digital en todo el mundo y 45% de ejemplares impresos. Tiene además su propia casa editorial Amazon Publishing, su propia plataforma streaming Amazon Prime (donde puede convertir sus libros en películas en la forma en que la gente las consume hoy) y dispone de cada vez más librerías físicas propias. Los autores en español – la segunda lengua después del inglés- tenemos, a diferencia de los angloescribientes, mucha menos competencia. Creo que hay unos cincuenta libros publicados en inglés por cada uno en castellano. Por todo esto estoy bastante convencido de que Amazon va a terminar por comprar (o por cargarse) a los grandes conglomerados editoriales de este país -aunque ahora trabaje con ellos – y tengo que decir que no lo lamento para nada. No obstante, creo que perdurarán las mejores librerías. Un público intelectual, minoritario, siempre queda.

¿Cómo afecta al escritor?
Ahora hay más escritores que lectores. Todos podemos sacar un libro a la venta. Cuando Amazon empezó a coger fuerza pensé que iba a ser el fin de la literatura, porque como artista estoy en contra de la democratización del arte. Quiero decir que creo que nueve de cada diez libros no merecen ser publicados, y las editoriales tradicionales eran un filtro bueno para que la gente se diese cuenta de que no todo vale. En Amazon, sin embargo, cualquiera puede publicar un libro.
Umberto Eco dijo que las redes sociales habían dado voz a legiones de idiotas, y es cierto. Ahora todo el mundo se piensa que tiene algo importante que decir, y yo quería que fuesen los comités editoriales y los estudiosos de la literatura los que reconociesen mi talento; no por mí – yo sabía que lo tenía – sino para dar buena impresión al lector potencial. Ese fue el motivo por el que decidí (en un momento imposible en el que ya era un suicidio para cualquier editor arriesgar su dinero en un autor novel y completamente desconocido) hacer todo lo posible porque fuera un sello independiente el que sacase con recursos propios mi manuscrito. A partir de ese momento me empecé a dar cuenta que el interés y el filtro de las editoriales no era la calidad sino el dinero que podían generar con el autor y por eso ya me dio igual autopublicarme.

¿Cuál es el futuro?
Si se refiere al futuro del escritor, este tiene dos opciones. La primera es ejercer la escritura como se ha hecho siempre, que es por vocación, sin esperar que sea un medio de vida. Porque en realidad la literatura es eso: lo que pasa entre el escritor y el lector. El problema es que hay algunos escritores como yo que además buscamos dinero y reconocimiento. Y eso ya no tiene nada que ver con el arte, más bien es la mercantilización y prostitución del mismo.
La forma más fácil de publicar un libro, como digo, es publicar en Amazon, pero eso no te garantiza una sola venta si no tienes fama. Tu libro es un grano de arena en el desierto. En realidad solo se vende con el morbo, con sensacionalismo y con el boca a boca. Como vivimos en una sociedad de consumo, que se orienta por las marcas, el escritor autopublicado debe ser mejor que una editorial y convertir su nombre en eso. Tu nombre debe convertirse en una marca, un personaje, un símbolo de prestigio….

¿Cómo están los premios literarios hoy en día?
La gran mayoría – y sobre todo los de mayor dotación económica – están amañados. Son estrategias de marketing en las que una gran casa editorial encarga un manuscrito a un famoso que se sabe que va a generar muchas ventas y para disfrazarlo de cultura y engañar al comprador se le da el premio.
En el caso de escritores que son buenos y se venden bien también se hace para que vendan más. En este sentido la historia de la literatura española ha sido la historia de una impostura. Pero entre empresas, por mucha cultura que vendan, se pueden llegar a entender estos tejemanejes. Donde resulta más escandaloso que se preconice el dinero en detrimento del avance cultural y científico es en la universidad. Y lo cierto es el mayor negocio se ha producido en el ámbito académico con empresas de facturaciones multimillonarias como Relx, que se dedican a cobrar al investigador que tiene que publicar, a cobrar al investigador que tiene que acceder a esa información, y cuyo único mérito es tener un monopolio virtual de poder en la red.

En su opinión. ¿Qué habría que cambiar?
Todo. Pero imposible. No somos más que unas marionetas movidas por intereses económicos supranacionales. En España habría que acabar con el sistema de partidos, implantar un régimen democrático, conseguir una libertad política que no conocemos…

¿Cómo se pueden mejorar?
No tengo una solución para esto.

¿Ha cambiado la crítica literaria con las nuevas tecnologías en los último años?
Han aumentado las opiniones de los lectores en Lecturalia, Goodreads, Amazon, etc. pero la crítica literaria como tal prácticamente ha desaparecido. Lo que se ve en los suplementos culturales es gente haciéndose mutuamente la pelota. En la sociedad de la imagen en la que vivimos cuando, por ejemplo, tomamos un Uber, el conductor quiere que le pongamos cinco estrellas, al mismo tiempo nosotros también queremos que él no las de. Subimos una foto con nuestra mejor pose para que mucha gente nos de al me gusta, para sentirnos bien, y al mismo tiempo la gente sube fotos para que nosotros le demos al like. Cada vez más hoteles y restaurantes te dan una tarjetita para que des una buena opinión en TripAdvisor o para que elogies a un empleado y esto le haga ganar puntos en la empresa. En Estados Unidos se habla de la cultura del likeability, todos somos cada vez más actores porque es lo que se lleva, posar, gustar y ser gustado.
Sin embargo la literatura es lo contrario al postureo, yo no entro al trapo de poner cinco estrellas en Amazon al libro de un autor que ni he leído para que él me las de a mí y así los dos demos una mejor impresión al público, porque como artista lo único que tengo es mi estilo, mi estética. Es más, animo a la gente a que entre y califique o descalifique mi libro. Si la opinión que me da me resulta interesante me es lo mismo que me ponga cinco entrellas o que me ponga dos, porque además de que valoro la honestidad, prefiero a que se hable mal de mi libro que a no se hable.

¿Cuál es el perfil de lector de tu libro?¿Entre quienes está calando más o gustando menos?
Creo que una de las virtudes del libro es que es capaz de entretener y divertir a cualquiera y que, al mismo tiempo, sorprende a los lectores más serios de los estratos más cultos de la sociedad.
Paradójicamente están siendo las élites tanto intelectuales como económicas del país las más me están escribiendo para felicitarme.
Cuando se publicó la última entrevista que me hicieron en Vozpópuli fue Teddy Bautista (imputado en 2017 por apropiación indebida de 21 millones de euros en la SGAE) quien contactó al periódico para darnos la enhorabuena; anteayer me escribrió el catedrádico de Geografía e Historia Miguel Sánchez Robles (uno de los autores más premiados de España) y por lo que leo por ahí en internet soy consciente de que ciertos círculos y críticos literarios opinan que, aunque sea autopublicado y tenga erratas, se trata posiblemente del mejor libro del año.
Otra gente me critica sin haber leído el libro o lo compra porque sospecha que puede aparecer en él. No sé, como es una exposición pública de mi identidad soy consciente de que ese es un peaje que debo pagar.

**** Sin pelos en la lengua y con un verbo fácil y fluido, así se presenta el escritor salmantino Santiago Alonso, autor del libro La fórmula del Bestseller



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