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Salamanca celebra los funerales en una carpa a la entrada del cementerio

Desde hace tres semanas, 12 sacerdotes y un psicólogo voluntario arropan a las familias en cada despedida junto a una sencilla carpa ubicada en el parking del tanatorio

Con el inicio de la pandemia del Covid-19 se suspendieron los funerales, los velatorios, y se redujo el número de personas que podían estar presentes en el último adiós. El número de fallecidos que llegaban al cementerio de San Carlos Borromeo de Salamanca era constante. Con estas medidas fijadas por el Gobierno, durante unos días, los coches fúnebres iban directamente a las tumbas y se enterraban sin ningún tipo de rito fúnebre ni acompañamiento a las familias. “Era una situación desoladora”, como apuntó uno de los psicólogos voluntarios del tanatorio, Nacho Bermúdez, que junto a varios sacerdotes, acompañan a la familia en cada despedida desde hace tres semanas, como informaron desde la Diócesis salmantina.

 

El capellán del tanatorio, José María Morales, consciente de la situación, decidió poner en marcha un sistema para garantizar un responso y el acompañamiento a las familias. “Sentí la necesidad urgente de hablar con los compañeros míos y ver qué se podía hacer”, remarcó. A su juicio, apuntó que “es nuestro deber y obligación, acompañarles, como siempre se ha hecho en ese momento único de la despedida del ser querido”.

Al equipo se sumó Bermúdez como psicólogo voluntario que ya realizaba esa labor de apoyo en el tanatorio antes del Covid-19.  Desde hace tres semanas, un grupo de 12 sacerdotes y el psicólogo están junto a las familias y se realiza la oración de exequias a cada fallecido. “El responso es breve, sencillo, pero muy digno, de manera que las familias cuando se produce el enterramiento están acompañadas”, detalló este psicólogo.

Junto a la entrada del cementerio se ha instalado una carpa, donde han colocado una Cruz y un hisopo, como explicaron desde la Diócesis. En cada enterramiento se sigue el mismo ritual, se recibe a la familia en la carpa, de entre tres y cinco familiares máximo, se les acompaña hasta la tumba, se bendice la misma, y se realiza la oración, como así lo indicaron.

En todo momento, como subrayó el psicólogo, “la familia se siente acogida”, aunque es consciente de que la situación “es triste, pero ven que su familiar es atendido, querido, y que se realiza una oración por él”.


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