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Cuando la pasión por el rugby no tiene edad

Silvia Olaya Plaza comenzó a jugar al rugby en Salamanca a los 44 años, sin miedo y con mucha pasión, con el único fin de disfrutar de la nobleza de este deporte

Los inicios nunca son fáciles, para nada y para nadie. Pero con decisión, ilusión y sin miedo, el porcentaje de éxito aumenta de una manera notable. Éste es el caso de la salmantina Silvia Olaya Plaza, actual delegada del equipo sub-18 del Salamanca Rugby Club, quien inició su carrera deportiva sobre el verde hace poco más de 4 años, cuando en la actualidad está muy cerca de cumplir sus 48 primaveras.

 

La edad nunca ha sido un obstáculo para alguien que comparte vestuario con mujeres de una edad similar, mucho menores o incluso con niñas de 14 años, cumpliendo cada una su papel, dentro y fuera de la competición. Pero, por difícil que pueda parecer, se complementan a la perfección y el grupo es algo más que una ‘piña’ en el Salamanca Rugby Club.

Todo comenzó por el hecho de ayudar a que el equipo saliese adelante al no contar con el número de efectivos suficiente para poder competir. Junto a otras ‘valientes’ se lanzaron a esta aventura que aún no ha terminado, y quién sabe cuantos capítulos quedan por contar. “Siempre digo que lo dejo y luego sigo, pero me gustaría que hubiese chicas suficientes para dejarles paso”. Eso sí, su afán de superación y el amor por este deporte (que también practican sus hijos) hace que sea cada año más difícil dejarlo. La historia de Silvia Olaya es más que el rugby, puede ser una lección para la vida, por qué no.

“Hace casi 4 años, en el equipo sub-18, las jugadoras que subían de categoría no tenían continuidad porque no se podía formar equipo. Entonces, varias madres que ya estábamos muy involucradas con el Salamanca Rugby Club y que nos gustaba este deporte, nos metimos con ellas, pero solo con el propósito de estar hasta que consiguieran más jugadoras. Fuimos cinco madres y jugamos durante dos o tres años. Yo me he quedado, voy a cumplir 48 años… cada temporada digo que lo dejo, pero siempre me vuelvo a enganchar”, confiesa orgullosa y convencida.

Pero, ¿por qué el rugby? “El rugby es un juego muy bonito, pero difícil porque tiene muchas normas. Es muy divertido desde el momento que pierdes el miedo al impacto. Es más, es un deporte muy noble y en el que existe el tercer tiempo, en el que hay una celebración con el equipo contrario al terminar el partido. En el campo hay mucha ferocidad y debe ser así, no se puede ser blanda, porque la otra jugadora será más fuerte que tú. En ningún momento es con el ánimo de hacer daño, ni mucho menos. Hay que tener desapego al miedo, es fundamental”.

El Salamanca Rugby Club cuenta en su primer equipo con jugadoras desde la benjamina con 14 años, hasta las más veteranas con 48, una mezcla que solo puede dar como resultado el éxito, en una experiencia de la que todas aprenden.

“Es guay porque las madres también llevamos a cabo un poco ese rol dentro del vestuario y es muy bonito, porque las mayores, a la vez, también podemos estar a la última. Nos vamos enterando de todo porque pasamos mucho tiempo con ellas y nos ponen ‘en la onda’”.

Su comienzo fue particular. “Yo empecé a interesarme por este deporte cuando era joven porque tuve un novio que jugaba al rugby en Barcelona y de ahí me vino la afición. Tengo tres hijos, dos de ellos niños, y el mediano era muy inquieto, pero no me gustaba nada el fútbol y me interesé por el rugby con el SRC. Ahora va a cumplir 16 años y empezó a los 6, por lo que lleva 10 años jugando. Mi otro hijo también juega… y eso que no hay ninguna tradición en la familia”, confiesa.

Silvia Olaya Plaza comenzó hace tan solo tres años a practicar este deporte. “Llevaba ya seis años viendo partidos de rugby. Al principio me costó un poco; mi inspiración es una de mis compañeras, Carmen, que es muy didáctica, es madre como yo también y enseña a la perfección. Me mostró cómo jugar a este deporte”.

No en vano, el rugby ya es minoritario en categoría masculina, pero Silvia Olaya cree que se cuida más a los chicos que a las chicas. “No hay muchas jugando tampoco; fíjate que en nuestro equipo hay jugadoras que vienen de Zamora, de Ávila y de aquí, Salamanca. Somos un equipo de las chicas de la zona que quieren jugar al rugby”.

Su futuro en el verde es… “A mí me gusta mucho; si sigo es porque hay carencia de jugadoras. A las chicas jóvenes les diría que vengan a probar este deporte porque todo es empezar. Si yo con 44 años me enganché, imagina las chicas jóvenes. Puede ser que al principio dé cierto miedo o respeto, pero cuando estás dentro, todo se asimila mejor. Cuando no juegue sí que quiero seguir ayudando porque organizar todo esto no es nada fácil. Yo soy delegada del sub-18 y siempre es bonito poder ayudar en este club que tiene todas las categorías”.

El año pasado hubo un intento de acercamiento con el ADUS Salamanca, pero no salió bien. “Intentamos juntarnos, pero fue una mala experiencia. Las chicas se quedaron con la Universidad porque allí les pagan todos, y aquí nos costeamos nosotras la ficha. Fue un poco triste todo”.

Por último, la historia de Silvia Olaya Plaza deja una bonita ‘contradicción’. “Juego al rugby y hago yoga… es curioso. Con el yoga empecé porque tengo tres hijos y estaba un poco nerviosa en casa, necesitaba tranquilizar mi cabeza, no era por practicar este deporte. El rugby me viene muy bien porque me desfogo y el yoga porque me relajo; intento complementarme con eso y con mis hijos, claro”, concluye con una sonrisa en la cara. Ésa que tiene alguien que hace todo con pasión… es la clave para disfrutar de la vida.


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2 comentarios

  1. No solo se fueron al ADUS por que lo dieran todo pagado, que también, ya que hay que tener en cuenta que el 85% de las chicas son universitarias y de otra ciudad, sino porque la mayoría se sintieron ESTAFADAS por un equipo que ajustó un convenio a sus intereses, teniendo que pagar un dinero que 1.- No era obligatorio (y les dijeron que si, y todo iba a las arcas del SRC cuando la ficha estaba completamente pagada por la usal) y 2.- Solo era obligatorio para las chicas (que casualidad). Sin contar las faltas de respeto hacia ciertas personas del equipo femenino.

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