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Salamanca: un paseo por los ‘Campos de Castilla’

El mes de julio deja estampas áridas, de labranza, de recuerdos de un trabajo del pasado que tiene mucho futuro

“Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.

Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,

buscando los recodos de sombra, lentamente.

A trechos me paraba para enjugar mi frente

y dar algún respiro al pecho jadeante;

o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia delante

y hacia la mano diestra vencido y apoyado

en un bastón, a guisa de pastoril cayado,

trepaba por los cerros que habitan las rapaces

aves de altura, hollando las hierbas montaraces

de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.

Sobre los agrios campos caía un sol de fuego”.

Así definía en uno de sus múltiples escritos el célebre Antonio Machado en su histórica y representativa obra ‘Campos de Castilla’, cuya primera edición apareció en 1912. Basta con visitar cualquier rincón de la provincia salmantina para darse cuenta de que cualquier apartado de esta obra puede extrapolarse aquí, pese a que muchas de sus referencias son a la ‘vecina’ Soria.

El mes de julio deja estampas áridas, amarillas, de trigo y cebada, de cosechadoras, de labranza a la nueva usanza a la espera de que la recolección sea más prolífica que el trabajo realizado para ello. El ganado pastando a plena luz del día, los resquicios de una de esas tormentas de verano cuya marca queda en un suelo que también agradece ‘un baño’ de vez en cuando en esta época.

En un día de julio, bien viene la sombra de una encina, clave en un entorno como Salamanca:

“¿No dio la encina ibera

para el fuego de Dios la buena rama,

que fue en la santa hoguera

de amor una con Dios en pura llama?”, rememoraba Machado en otro de sus poemas.

Verano, época de cosecha de cereales, de horas y horas en una máquina para ver el fruto de lo sembrado, con esas macizas espigas preñadas de rubios granos, que recordaba así:

“Ya con macizas espigas,

preñadas de rubios granos,

a los campos de Miguel

tornó el fecundo verano;

y ya de aldea en aldea

se cuenta como un milagro

que los asesinos tienen

la maldición en sus campos”.

Galería de fotos del campo salmantino, aquí


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Un comentario

  1. ¡Qué manía, que Castilla no existe! Y si queréis hacer alegoría a la Historia, son «Campos de León», siempre lo fueron y siempre lo serán. Campos como esos también los hay en muchas comunidades y no los llamáis castellanos

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