Castilla y LeónEconomía

Marca de calidad para los pistachos, nueces y avellanas de Castilla y León

El Instituto Tecnológico y Agrario de la Comunidad subraya la importancia de aumentar el número de hectáreas de cultivos leñosos como alternativa al secano

Los productores de frutos secos de Castilla y León prevén aunar esfuerzos para conseguir a medio plazo una marca propia para comercializar pistachos, nueces y avellanas bajo un distintivo de calidad

 

ICAL. A pesar de que la producción de frutos secos ha crecido de forma exponencial en la última década, todavía es necesario aumentar las hectáreas a cultivar para conseguir que España deje de ser deficitaria respecto a este cultivo.

Alrededor de un centenar de productores participaron en una jornada en torno a los frutos secos como cultivos alternativos en Castilla y León y su potencialidad en la Comunidad

El Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), a través de la Red de Innovación Rural, y las fundaciones generales de las universidades de Burgos, Valladolid, León y Salamanca, organizó esta jornada en la que se abordó las opciones de cultivo de frutos secos como alternativa viable en Castilla y León y su potencialidad. La mesa contó con especialistas además con la experiencia en el cultivo de frutos secos y modelos de negocio de empresas de la Comunidad.

El técnico de Agromillora, Ignasi Iglesia, uno de los viveros más importantes de España, señaló que para que Castilla y León se convierta en una de las comunidades líderes de producción de frutos secos es “básico” comercializarlo de forma eficiente, bajo una marca global de frutos secos de España. “En mi opinión, creo que es más interesante buscar una sinergia común. No se trata solo de vender las particularidades del producto, su funcionalidad, sus vitaminas y su fibra, sino organizar bien al sector desde que inicia la plantación del vivero, para que sea lo más productiva y sostenible posible hasta que lo pone en el mercado bajo un sello de calidad”.

El gerente de bodegas Fariña, Manuel Fariña Pérez, que cuenta con una plantación de almendro en superintensivo en Moraleja del Vino (Zamora) detalla a Ical, que actualmente vende a granel las almendras zamoranas, pero aboga por la unión de los productores para conseguir una indicación protegida que de salida a una producción de calidad. “Creo que es a eso a lo que hay que aspirar. Debemos mirar el ejemplo de lo que ha pasado con las nueces de California, que han conseguido posicionar su producto por realizar un buen trabajo de marca”, indica.

Coincide en esta opinión de vender los frutos secos castellanos y leoneses bajo una denominación de calidad el técnico de Acor Adrian Jiménez, quien cuenta en Carpio (Vallladolid) con una plantación de pistachos. Al respecto, añade que Castilla y León tiene un alto potencial para el cultivo no solo de pistachos sino de nueces y avellanas, y agrega que la cooperativa para la que trabaja ya tiene previsto comenzar a comercializar su propio producto sin intermediarios de por medio.

Cultivo de interés

En los últimos años, los frutos secos se han convertido en cultivos de interés en Castilla y León, según el Instituto Tecnológico Agrario de la Comunidad. El cultivo del almendro en Castilla y León cuenta con una superficie de 2.565 hectáreas (PAC 2019) que representan un 0,4 por ciento del total nacional.

El Itacyl señala a Ical, que “se trata de una alternativa a la agricultura tradicional”, puesto que la superficie cultivada de almendro y de otros frutos secos ha aumentado de manera considerable, en los últimos cinco años se ha producido un incremento anual de 300 hectáreas de almendro. “En el último quinquenio el almendro en Castilla y León, siendo su superficie pequeña respecto a la superficie nacional, está cogiendo cierta importancia y año a año la superficie sigue aumentando”, precisa.

Similar tendencia se observa en el pistachero, en donde la superficie dedicada a este cultivo en Castilla y León ha aumentado mucho en los últimos nueve años y se ha convertido en una de las especies de mayor interés en el sector de los frutos secos. Su adaptación a determinadas zonas de la meseta unido al alto precio que tiene en el mercado le confiere unas elevadas posibilidades de crecimiento en superficie.

Actualmente, las nuevas plantaciones de almendro y pistacho se están ubicando en la zona centro-oeste de Castilla y León, en las provincias de Zamora, Valladolid y Salamanca. La superficie de estos cultivos es todavía minoritaria si se compara con otros cultivos leñosos como la vid.

Tendencia de futuro

Las producciones y la rentabilidad de estos cultivos irá marcando si este incremento de superficie continúa en los próximos años, a priori los condicionantes tanto climáticos como agronómicos hace esperar que así sea, según el Itacyl.

“La falta de información y la poca experiencia en estos cultivos obliga a una continuada formación y profesionalización del sector implicado, pudiendo ser este factor decisivo para la viabilidad del cultivo de los frutos secos en la Comunidad”, destaca.

El consumo del fruto secos presenta en la última década un aumento progresivo y constante, creando una tendencia positiva de cara al futuro. A las zonas habituales de consumo, Europa y Estados Unidos, se han unido zonas como Asia e Iberoamérica, con un gran margen de mejora si se potencia su consumo en dichas zonas

La situación económica y agronómica en los últimos años de muchos de los cultivos extensivos tradicionales en Castilla y León provoca la búsqueda de cultivos alternativos rentables. Desde hace varios años, tanto los mercados de importación-exportación a nivel mundial como el valor del producto en las diferentes lonjas a nivel nacional ha hecho que los frutos secos se presenten como cultivos rentables en comparación con otros cultivos extensivos más asentados pero con precios bajos y estáticos en la última década.

“Teniendo en cuenta todas estas consideraciones las perspectivas para el cultivo de los frutos secos en Castilla y León, son muy positivas y alentadoras. El consumo de frutos secos y su demanda aumentarán paulatinamente en el mundo en los próximos años, aunque no se debe olvidar la pertenencia a un mercado globalizado donde las previsiones son muy cambiantes y están sometidas a enormes fluctuaciones, y la oferta y la demanda cambian a gran velocidad”, concluye.


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