Opinión

El barrizal

 

Esta bandurria de centollos políticos que soportamos, siguen ahí fabricando estrategias para disipar los estragos de algunas decisiones que pueden dejarlos en pelotas, a poco que les presentemos cuentas y facturas. Y es que muchos de estos políticos brotan en el jardín de las escaramuzas, sin que caigamos en la cuenta de que son empleados nuestros, contratados bajo la formalidad que los ata a nuestro servicio durante la bicoca de 4 años. Estos miles de currantes (por supuesto necesarios en cualquier estado democrático) cobran la nómina que religiosamente se meten con extrema puntualidad en sus bolsillos, dado que, como confiados pagadores, les permitimos que se abastezcan cogiendo del cajón común su pasta.

Eso sí, las soldadas tienen algunos desajustes difíciles de entender, pues es puro chiste que cobre más el máximo preboste elegido digitalmente para Correos, que el residente de la Moncloa, cosa que me hace pensar que es posible que la gente inteligente y más capaz se vincule a la empresa privada, mientras que los grandes maestres del ego aspiren al maravilloso sueño de bañarse en el  poder.

Luego las artimañas tramposas y todo tipo de listezas, posibilitan los codazos que se imparten, como procedimiento habitual, en quienes han de abrirse camino entre los afines y obedientes camastrones de la casta. Claro que lo de la casta cae ahora como una losa sobre los nuevos predicadores de la izquierda, que acometen con frenesí la gran estratagema de reconvertir sus homilías para hacernos creer que los privilegios en forma de escoltas y mansiones han de acopiarse por obligación en un durísimo servicio hacia nosotros.

Tenemos a los dos ¿grandes partidos? dando un buen tufo a la ineficacia, mientras resudan las pésimas gestiones de sus mayorías absolutas. PP y PSOE acomodaron con el mismo estilo los apoyos nacionalistas, que a base de prebendas regalaron con su apoyo las llaves del palacio moncloíno unas cuantas veces.

De aquellos lodos vienen estos barrizales de despropósitos. El vicepresidente más afamado de las mil vice presidencias que pagamos, cuestiona, sin despeinarse el espíritu del 78, apuntando a la monarquía, mientras quien preside, rebozado en la harina de sus trolas, pone cara de no enterarse.

El rey emérito, sin imputación alguna, se las tiene que pirar porque la presunción de inocencia en este país sigue en entredicho o porque seguramente Franco, una vez sacado del Valle, por fin se esté muriendo y sea necesario rescatar con urgencia otros fantasmas para tapar el chaperón que está a punto de dejarnos la casa en ruina.

 


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