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Ensalada de tiros por desavenencias familiares en San José

Uno de los implicados acudió a 'solucionarlo' y echa balones fuera, otro ya está muerto y su cómplice le echa la culpa de todo

La Audiencia Provincial de Salamanca acogió este miércoles el inicio del juicio por el tiroteo ocurrido hace casi cuatro años en el barrio de San José, una ensalada de tiros ocurrida a las diez de la noche del 12 de febrero de 2017 que tuvo su origen en una serie de desavenencias familiares.

 

Ese día, Alesandra le envió varios mensajes a su expareja, C.G.M., con el que mantuvo una relación de once años y con el que tiene dos hijos en común, de 5 y 9 años. Al parecer, le comunicó que tenía pensado irse a vivir a otra provincia, con otra persona y con los niños.

Entonces C.G.M., le respondió que «me cago en tus muertos y en tu hermano. Os voy a matar a todos». El hermano al que se refería había muerto con 23 años.

Entonces se desencadenó todo. La chica, que vive en un pueblo de la carretera de Madrid, alertó a sus padres, que viven en una urbanización de Carbajosa, y se dirigieron hacia la casa del barrio de San José donde estaba de forma provisional C.G.M. desde su ruptura con su expareja.

El caso es que cuando llegaron se produjo un virulento intercambio de disparos en el que participaron B.E.R., padre de la chica, C.G.M. y su primo y cuñado (está casado con su hermana) S.M.V., conocido como ‘El Pepón’, que murió a primeros de septiembre de este año al suicidarse en su celda de la cárcel de Dueñas, Palencia, donde estaba en prisión preventiva por su presunta implicación en el asesinato del Chispi, el pasado mes de febrero en el barrio del Tormes.

Alsesandra fue al barrio San José en su propio coche, mientras que sus padres y otro de sus nietos lo hicieron en el suyo. Fueron «para tratar de solucionarlo. Mi mujer había llamado a C.G.M.  para pedirle explicaciones, pero no cogía el teléfono. Fuimos para hablar con ellos como ya hicimos un montón de veces (durante los once años de relación de la pareja) y lo arreglábamos hablando con sus padres. Yo no veía peligro hasta que vi a mi mujer herida«, relató B.E.R., el padre de la chica.

Al llegar a la calle Maestro Cabezón se produjo el intercambio de disparos. B.E.R. dijo que empezaron ellos. Cuando los agresores les vieron llegar no les dieron tiempo ni para bajar del coche. «Me impactaron nueve tiros, uno de los cuales le dio a mi mujer, que iba sentada detrás el copiloto, que era mi nieto».

Parece ser que luego se pudo comprobar que la mujer no tenía heridas de arma de fuego, sino producidas por los cristales del coche que había saltado tras uno de los disparos.

«Me tapé detrás de un edificio y mi hija se quedó en medio con sus hijos de 5 y 9 años. Mi hija me decía: ‘Nos están apuntando’. Nada más que asomaba un pie me disparaban, uno desde un lado y otro desde el otro. Entonces saqué la escopeta de la funda que llevaba en el maletero. Ese día, gracias a Dios, no había guardado el arma en el chalet» porque estuvo de caza del jabalí, según su testimonio, y al llegar a casa se encontró con el conflicto, por lo que la escopeta seguía en el coche. «Cuando te disparan te pones a cubierto y disparé la única bala que tenía. Mi hija se refugió detrás de una furgoneta que también tenía impactos».

B.E.R. precisó luego que no era una bala sino una posta de perdigón gordo que se utiliza para derribar  los jabalíes. «Entonces mi mujer llamó a la Policía Nacional. Vinieron muchos y se portaron extraordinariamente bien. Me preguntaron si había disparado y les dije que sí, dos veces, porque no sabía si había sido una. Solo quería poner a salvo a mi familia. No me quedó otra alternativa. Nunca me he visto en esta situación,… El niño me decía: ‘Yayo, yayo, no te asomes, que han bajado’ y me siguieron disparando», relató B.E.R.

Precisó que si tuviera premeditado ir a por su exyerno podría haber cogido el rifle con mira telescópica con visión nocturna que tiene y no habría ido a San José con «con mis nietos y mi mujer, que es lo que me queda en esta vida».

Mientras B.E.R. justificó el uso de su arma de fuego en defensa propia y de su familia, la otra parte tiene una versión diferente y dice que el primero que disparó fue B.E.R.

La otra versión

C.G.M. reconoce que realizó la amenaza de muerte por el mensaje telefónico, pero que «era una forma de hablar. Nunca tuve la intención de ir a su casa  (la de su expareja) ni a la de sus padres. Solo quería que no se fuera con mis hijos».

Explicó que él estaba en casa cenando con sus padres, su hermana, su primo (y a la vez cuñado, ‘El Pepón’), y con su sobrino. Entonces «escuchamos voces, una bocina y me asomé a la ventana por dentro de la casa. Cuando B.E.R. disparó fu a por la pistola de fogueo y disparé dos veces para intimidar y se fueran. Yo sabía que le iba a tirar todo lo que fuera, que no le iba a hacer ningún daño», dijo ante el tribunal.

Agregó que los disparos de bala los efectuó su primo y cuñado, ‘El Pepón’, ahora fallecido, «que era el que tenía la escopeta».

Sin embargo, en su primera declaración en sede judicial, C.G.M. declaró que fue él quien disparó con la escopeta que le había regalado su expareja y que en ningún momento bajó a la calle con su cuñado, ‘El Pepón’, para seguir disparando. «En instrucción dije lo que Sinforiano (‘El Pepón’) quiso que dijera, porque me había amenazado de muerte. Si no hubiera fallecido me lo como todo, porque tenía miedo de él. Era un asesino, a la vista está«, señaló.

El fiscal pide inicialmente 10 años de prisión para C.G.M.: siete por un presunto delito de homicidio en grado de tentativa, dos más por tenencia ilícita de armas y uno más por amenazas en el ámbito de la violencia de género. La acusación particular pide  penas mayores para él.

Por su parte, solicita para B.E.R., el padre de la chica, siete años por el delito de homicidio en grado de tentativa y dos más por tenencia ilícita de armas.


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