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La segunda victoria salmantina sobre el coronavirus

Una familia de Salamanca ha vencido por segunda vez a la Covid-19 seis meses después

“Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid. Vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones”.

 

La palabra ‘victoria’ tiene estas dos acepciones en el diccionario de la RAE, pero va mucho más allá; vencer, ganar y conseguir eso, una victoria es algo que implica una lucha, una pelea y un esfuerzo que obtiene una recompensa; vale para todo en la vida.

El mejor ejemplo para entender esta historia es el de Marta Carrasco Pablo y David Hernández Borrego, dos salmantinos que, cosas del destino, la vida o la mala suerte, han tenido que derrotar dos veces a un virus que se ha empeñado en hacernos la vida imposible; y en muchos casos lo está logrando.

Jóvenes (31 y 39 años respectivamente), sin patologías ni problemas de salud, han sufrido la ira de una enfermedad que ni discrimina ni entiende de personas; incluso sus dos pequeños, una niña de 3 años y un bebé de poco más de 3 meses, han tenido que lidiar con un nuevo confinamiento y una pelea contra el ‘bicho’.

La primera vez que nos infectamos fue a finales del mes de marzo, en pleno inicio de la pandemia; es curioso, porque nos fijamos que algo nos pasaba cuando al cambiarle el pañal a la niña nos dimos cuenta de que ninguno de los dos olíamos nada; también porque la comida nos resultaba muy sosa”.

Así comenzó todo, según relata David Hernández, quien es un trabajador de Mercadona, por lo que ha sido un servicio esencial en este desagradable periodo de tiempo que nos está tocando vivir. Marta (su mujer) estaba embarazada entonces de 22-23 semanas e iba a gestionar el tema de su baja laboral por ser una persona de riesgo en ese momento y tenía que estar en casa. “Esto fue al principio de todo, el 16 de marzo; no en vano, su médica de cabecera no le quiso dar la baja indicando que si estuviese de 35 semanas sí se la hubiese dado, pero estando de 23 no porque le hacía una faena a la empresa. Palabras textuales”, recuerda.

Marta Carrasco estuvo en el centro de salud de La Alamedilla más de una hora esperando para nada, más bien para nada bueno. “Creemos que fue allí donde pudo contagiarse”.

Pasados unos días tras ese 16 de marzo, Marta comenzó a sentir dolores de cabeza, fiebre, taquicardias, disnea… un ‘completo’ de síntomas, unidos a la pérdida de gusto y olfato, fueron claves para saber que se habían contagiado. David por su parte, comenzó a tener dolores de cabeza, fatiga y tos, para un resultado que apuntaba hacia la Covid-19, como así fue. Marta Carrasco recibió la baja el 27 de marzo, 11 días después de demandarla en el centro de salud.

La niña (Vera) tuvo fiebre bastante alta durante un par de días, luego le desapareció unos días y le volvió de nuevo durante algunas jornadas, pero luego no tuvo más síntomas”, recuerda David, su padre.

No en vano, ellos se pusieron en contacto con las autoridades sanitarias pertinentes, pero no se les realizó la prueba diagnóstica PCR para certificar como positivos por Covid, porque en el inicio de la pandemia no había pruebas ni test para poder detectar todos los casos existentes, que fueron más de los diagnosticados.

Ante esta situación, después de empezar con los síntomas a finales de marzo, el Jueves Santo (9 de abril), Marta se acercó al Hospital previa conversación telefónica con su médica de cabecera para que le confirmaran si tenía o no Covid, con el ‘problema’ de su embarazo para poder hacerle una radiografía en los pulmones. Llegó a las 18.15 horas y salió de urgencias a las 02.15 horas; eran los peores momentos de la pandemia. Al final, le hicieron las placas, análisis de sangre y orina, PCR, electro… pero claro, después de tanto tiempo, la prueba PCR le iba a dar negativo y optaron por hacerle un test serológico unos meses después, que confirmó la existencia de anticuerpos de coronavirus.

En su caso, estuvo confinada desde el 27 de marzo hasta el 4 de mayo por todas las secuelas físicas que le había dejado el virus, quien había entrado con potencia en su cuerpo: fatiga, taquicardias, disnea, dolores de cabezas… algunos síntomas que, hoy en día, aún tiene que padecer, aunque de una manera menos habitual. Pero siguen en su vida diaria.

A día de hoy, aún ningún médico le ha hecho una revisión ni pruebas para saber por qué sufre taquicardias o se le descompensa la tensión. “En reposo, he llegado a estar con 120 pulsaciones por minutos, y otras veces poco más de 50”, revela Marta Carrasco.

El nacimiento de Evan, el 6 de julio

Su segundo hijo, Evan, será recordado como el niño de la pandemia, al haber nacido en unas circunstancias completamente extraordinarias. “Evan nació el 6 de julio; yo ya le había comentado a la ginecóloga que tenía cierto miedo a la hora de dar a luz por la fatiga que tenía y que sentía que podía ahogarme por el esfuerzo”, recuerda.

Por este motivo, existía cierto riesgo a la hora de ponerle la epidural. “El anestesista me dijo que tenían que hacerme una analítica antes, pero nunca pude saber el resultado de la misma, porque cuando se quisieron dar cuenta ya había dilatado más de lo establecido y tuve que dar a luz sin epidural. Menos mal que fue un parto corto sin mucho tiempo en el expulsivo”.

Ambos progenitores, como es obvio, estaban de baja por maternidad y paternidad, cumpliendo con las medidas sanitarias e higiénicas impuestas y recomendadas y con la relativa tranquilidad de saber que contaban con anticuerpos al haber pasado el virus. Pero, sin saberlo, el destino les tenía preparada una segunda batalla con la enfermedad.

Esta segunda vez ha sido todo muy diferente a la primera, nada que ver”, recuerda Marta, quien explica que los “rastreadores nos llamaron enseguida, los militares primero y luego los sanitarios, con buen seguimiento por parte del médico de cabecera. Es verdad que con David han hablado más porque el centro de salud de La Alamedilla estaba menos saturado que el de Garrido Sur. Incluso a él su empresa, Mercadona, también le ha llevado a cabo un seguimiento durante el confinamiento”.

En esta segunda vez, sí hubo test para los dos padres y Vera (su clase del CEIP Padre Manjón fue confinada), con resultado positivo, no así para el pequeño Evan, aunque también lo consideraron positivo por sus síntomas compatibles. “El seguimiento con los niños también ha sido bueno tanto por Sanidad como por Educación”, recuerda Marta Carrasco.

El 28 de septiembre les hicieron la prueba al contar con los primeros síntomas, en una segunda infección que pudo venir del colegio de la pequeña Vera. “El día 1 nos dijeron que éramos positivos y ya no nos hicieron más PCR y sí la serológica el 7-8 de octubre, guardando las dos semanas de aislamiento. Yo volví a dar anticuerpos, pero David no pese a ser positivo con síntomas”.

Unos síntomas mucho más leves que la primera vez, con dolor de cabeza y un poco de fiebre, pero sin la virulencia de la primera vez, especialmente para Marta, mientras que Vera fue asintomática. “Lo pasó peor el pobre Evan”, revela.

“Lo que nos ha pasado es difícil de explicar, la verdad; esta segunda vez estábamos convencidos de que la PCR iba a salir negativa, y mira. Nos parecía imposible que fuéramos todos positivos cuando nosotros extremamos las precauciones y ya nos habíamos contagiado. Te quedas un poco chafado, pero al final todo ha pasado ya porque han pasado los 14 días de aislamiento”, rememora Marta Carrasco. “Hay días que estoy con más fuerza que otros, me fatigo o tengo taquicardias; incluso apenas huelo y el gusto está un poco mejor, pero no recuperado del todo”.

Sin duda, una historia que, al menos de momento, es poco común, aunque existe. Por mucho que digan, será necesario aprender a luchar contra este maldito ‘bicho’ que sigue cambiando nuestro modo de vida, nuestras costumbres, nuestros hábitos.

Eso sí, el caso de Marta y David puede ponerse como ejemplo por cómo conseguir una segunda victoria sobre el coronavirus 6 meses después, ésa que nunca pensaban librar, pero de la que han vuelto a salir vencedores, sirviendo como ejemplo para todos aquellos que reciben la (in)esperada visita de esta enfermedad…. que no es ninguna broma.


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