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Castilla y León

‘El Topillo’ / Una sibilina omisión de la Junta permitió el masivo acto de la catedral burgalesa

Acudieron 250 personas a la ceremonia

Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”. La frase, que para nada aparece en “El Quijote”, ha sido sin embargo acuñada para referirse al omnímodo poder del Clero. Y lo ocurrido el pasado sábado en la catedral de Burgos pone de manifiesto que en demasiados ámbitos, y desde luego en la comunidad de Castilla y León, la jerarquía eclesiástica sigue campando por sus respetos.

250 personas se daban cita en la seo de Santa María para asistir a la toma de posesión del nuevo arzobispo de la archidiócesis burgalesa, monseñor Mario Iceta, nombrado por el papa Francisco el pasado 6 de octubre. El hecho no tendría nada de particular si no fuera porque dicho acto se ha producido cuando la ciudad del Arlanzón se encuentra en situación de máxima alerta sanitaria, con la mayor tasa de incidencia acumulada de Covid-19 en Castilla y León, y con fortísimas restricciones en la actividad social y económica.

¿Cómo ha sido posible que en esas condiciones, con la hostelería completamente cerrada y otras muchas actividades clausuradas, hayan podido reunirse 250 personas en un recinto cerrado y no precisamente para asistir al encuentro de baloncesto entre el San Pablo y el Real Madrid, disputado el mismo fin de semana sin un solo espectador en las gradas?

Muy sencillo: Gracias a la “oportuna” connivencia y “vista gorda” de la Junta de Castilla y León, que dos días antes adoptaba un acuerdo en el que al tiempo que se endurecían las restricciones en la ciudad como respuesta a una situación epidemiológica calificada por la consejería de Sanidad de “gravedad extrema” (sic), no se hacía ninguna referencia a las limitaciones en los lugares de culto.

El citado acuerdo ratificaba la vigencia de otros tres anteriores de fechas 3, 12 y 17 de noviembre, pero sospechosamente no hacía lo propio con otro de fecha 13 del mismo mes firmado directamente por el presidente Fernández Mañueco que era precisamente -toda una casualidad- el que establecía las restricciones en los lugares de culto. Acuerdo dejado en el limbo que limitaba la asistencia a un tercio del aforo de los recintos religiosos con un máximo de 15 personas presentes.

Valiéndose de esa deliberada omisión del presidente de la Junta, el nuevo arzobispo de Burgos tomaba posesión en un acto que congregó a 250 selectos elegidos, entre los que no no podía faltar el consejero de Presidencia, el burgalés Ángel “Rompetechos” Ibáñez.

El apodo de “Rompetechos” se lo ganó este consejero a finales de mayo, cuando, al trascender que hubo asistentes a la toma de posesión de la consejera de Empleo, la amiga Ana Carlota, que se habían saltado el estado de alarma, argumentó que él no podía identificar a los invitados “porque llevaban mascarilla”. Con tan pueril excusa, Ibáñez se quedó aquel día igual de oreado que el pasado sábado tras mostrar sus respetos al nuevo jerarca de la archidiócesis burgalesa. Concluyendo: ¿O los Mañueco, Igea, Ibáñez, Casado, Blanco, Amigo y demás etcétera se creen los más listos del mundo, o no están convencidos de que sus “súbditos” somos los más tontos del planeta? Probablemente piensan las dos cosas a la vez.

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