Economía

¿Qué riesgos conlleva el teletrabajo?

Trasladar el puesto de trabajo al hogar de forma apresurada y sin supervisión puede provocar problemas físicos

Todo apunta a que el teletrabajo ha llegado para quedarse. Para muchos supone ganar tiempo y espacio para conciliar su vida laboral y familiar, pero trabajar desde casa también conlleva sus riesgos. Un 61% de los participantes en un estudio sobre el puesto de trabajo doméstico declara que esta nueva alternativa al tradicional espacio laboral le supone más molestias y tensión de las que sufrían antes.

El informe “Una Nueva Forma de Trabajar”, realizado a partir de una encuesta en la que participaron más de 7.000 trabajadores de la Unión Europea y encargado por Fellowes, empresa especialista en soluciones de oficina, es concluyente: el trabajo desde casa, si no se dispone de un espacio dedicado y adaptado convenientemente a las necesidades de la actividad laboral, puede provocar un impacto negativo en el empleado y resultar más nocivo para su salud y bienestar físico que el que desempeñaban desde un puesto de oficina.  

La investigación corrió a cargo de un equipo de especialistas en seguridad laboral y ergonomía, que se ocupó de evaluar los cambios en el día a día de un colectivo de trabajadores de oficina que había pasado a trabajar desde su casa. El requisito para participar en el estudio era que el cambio se hubiese producido al menos cuatro meses atrás.  

La mayoría de los problemas se derivaban de no disponer de un espacio específico para desarrollar la activad laboral, algo que suele estar frecuentemente entre los consejos para trabajar desde casa, pero que, desgraciadamente, no siempre es posible. Según el estudio de Fellowes, un tercio de los participantes habían trasladado sus oficinas a la cocina, el sofá o la mesa del salón, lugares cuya configuración suele estar muy lejos de la recomendada para afrontar jornadas largas e intensas.  

Las primeras conclusiones de figuras como Ismael Sánchez-Herrera, que preside una asociación de especialistas en salud laboral y prevención, no dejan lugar a dudas: la falta de supervisión por parte de profesionales de los nuevos espacios laborales que se habilitan en casa conlleva dolores de espalda, problemas oculares y un aumento del estrés laboral. A menudo se cree que basta con un lugar tranquilo para desarrollar tareas ofimáticas, pero generalmente se descuida la ergonomía del puesto de trabajo doméstico, un elemento que sí se supervisa en las oficinas de la mayoría de las empresas. 

Así, el 61 % de los encuestados respondió que sufre más dolores, tensiones y molestias que en su antiguo puesto de trabajo. La transición entre ambos espacios se ha hecho, en general, de forma apresurada y descuidando la instalación de nuevos elementos para adecuar el hogar a la exigencia de una jornada laboral continuada. Además, la inversión económica realizada casi siempre la asume el propio trabajador. Un 74 % de los participantes en el estudio ha corrido con los gastos derivados del cambio, que ascienden a cerca de 600 € de media. 

El 53 % sufre más fatiga ocular a causa de una colocación inadecuada de la pantalla de su ordenador, algo que también repercute en la tensión en el cuello que afirma haber empezado a sufrir el 24 % de grupo de muestra. La ubicación de la pantalla también se relaciona, aunque no es la única causa, con los dolores de espalda que reconoce un 48 %. Si a esto sumamos una silla no adaptada para largas sesiones de trabajo y la ausencia de pausas de descanso con una duración y una frecuencia adecuada, surgen los problemas de muñeca y codos, las lesiones por esfuerzo repetitivo (LER) y el dolor en la zona cervical y lumbar. 

Ismael Sánchez-Herrera no duda en descargar de culpa al trabajador. Este debe recibir formación sobre cómo mantener una postura correcta, los ejercicios para aliviar la tensión que puede realizar y la forma en la que gestionar los tiempos de trabajo y descanso, pero también recibir apoyo para invertir en elementos que garanticen su seguridad, como complementos ergonómicos, una silla y mesa adaptadas a sus características anatómicas, un teclado y ratón que eviten las ya mencionadas LER y una pantalla con unas dimensiones apropiadas para el tipo de tarea a desempeñar y que cuente con funciones de protección ocular como la reducción de las emisiones de luz azul.

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