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Tres años para un hombre por tocamientos a dos menores, sobrinas de su pareja

Durante tres años en Ciudad Rodrigo

La Audiencia Provincial de Salamanca ha condenado a un hombre a tres años de cárcel por abusar se dos menores, que son sobrinas de su pareja.

 

El acusado J.R.S. de 39 años cuando comenzaron los hechos mantenía desde hace años una relación sentimental y de convivencia similar a la matrimonial con R.M.P., por virtud de la cual frecuentaba en Ciudad Rodrigo el domicilio de la calle del hermano de ésta, M.Á.P., su esposa M.I.F. y las dos hijas de los anteriores, P.V.D., nacida el de 2003, de 12 años cuando comenzaron los hechos, y N.V.D. nacida el de 2000, de 16 años, pues, al comienzo de los mismos.

Se aprovechó de tal relación y circunstancias, cuando la niña tenía 12 años en el verano de 2015, para acudir en varias ocasiones al indicado domicilio, casi siempre para acompañar a su hijastro M.P.V. hijo de su compañera sentimental y primo carnal de las niñas, con quienes dicho niño mantenía estrecha relación por ser de la misma edad que P.V.D.

Cuando se encontraba a solas con P.V.D. bien en dicho domicilio, bien en el de los abuelos paternos de todos ellos, bien en una huerta próxima a la ciudad que éstos tenían, el acusado aprovechaba para levantarle la camiseta y el sujetador a dicha menor y tocarle los pechos, de tal forma que ella se quedaba prácticamente paralizada por el susto y la vergüenza, sin atreverse a rechazarlo abiertamente ni a contárselo a nadie. Cuando el acusado fue cogiendo más confianza llegó, en ocasiones, a chuparle los pechos.

Del mismo modo, si en el lugar que fuera había más personas, aprovechaba el citado acusado que nadie mirara para, disimuladamente, tocarle o apretarle las nalgas a la niña, sin que la misma, atemorizada, se atreviera a protestar.

Más adelante, y durante los aproximadamente 3 años que duraron tales hechos aprovechaba el acusado cualquier momento de soledad en sus visitas para meterle la mano a la niña bajo la ropa interior, acariciarle el pubis y tocarle la vulva, aunque sin introducirle los dedos.

Ya en el mes de junio de 2018, en una de tales ocasiones, en que la encontró estudiando en su dormitorio, subió para despedirse y aprovechó para toquetearle una vez más los pechos, tras levantarle la camiseta y el sujetador, diciéndole al marcharse: «me voy, «me voy, porque, si no, te violo», porque, si no, te violo».

Del mismo modo, aproximadamente un año después, pero en los referidos lugares y con aprovechamiento idénticas ocasiones, el acusado comenzó a actuar de igual forma con la hermana de la anterior, que, como hemos dicho más arriba, cuando tales actos comenzaron acababa de cumplir 16 años.

La primera vez la abrazó por detrás y le agarró los pechos y tocó las nalgas, de forma que, ante la sorpresa, la joven se quedó paralizada y no se atrevió a contárselo a nadie.

De igual forma que con su hermana, cuando en el lugar había más gente lo hacía disimuladamente y, sentados a la mesa, el acusado se colocaba a su lado y le ponía la mano sobre los muslos, subiéndola luego hasta la ingle, aunque sin llegar al pubis porque N.V.D. se la hizo retirar.

Como quiera que en el verano de 2018 la menor de las hermanas, que ya entonces tenía 15 años, tuviera prevista su asistencia a un campamento de verano en la provincia de Guipúzcoa, donde ordinariamente residía el acusado con su compañera R.M.V.P., temerosa la niña de tener que pernoctar en casa de su tía y del acusado la noche antes de incorporarse al campamento, y al darse la circunstancia de que acababa de asistir en el instituto a una charla sobre abusos sexuales, le contó lo ocurrido a un amigo y compañero de clase con el fin de que se lo relatara a la madre de la menor, en su presencia, porque ella no se atrevía a contárselo personalmente.

Así se descubrió todo lo que el acusado había hecho los años anteriores con ella y con su hermana de manera que cayó entonces en la cuenta referida madre de que en alguna ocasión el acusado había tratado de propasarse también con ella, si bien ella lo cortó de raíz, debido a su mayor edad y experiencia.

Como consecuencia de tales acciones las referidas niñas han tenido que recibir variada y continuada atención psicológica, que en algún caso aún persiste.

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