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Él y sus amigos no querían, pero ha tenido que dimitir

La dimisión del concejal del PP de Salamanca cazado por la Policía Local cuando conducía de alcohol hasta las trancas era de libro. En otro tiempo -ejemplos hay, sin ir más lejos en Valladolid- ese tipo de conductas quedaban políticamente impunes. Pero ese listón se elevó a partir del doble episodio protagonizado por la entonces vicepresidenta de la Junta y procuradora, Rosa Valdeón, que tuvo que abandonar todos sus cargos a raíz de sus deslices al volante. Y más reciente está el caso de la procuradora socialista por Zamora Inmaculada García Rioja, quien en octubre de 2020 renunció a su escaño en las Cortes antes incluso de que trascendiera públicamente su positivo en un control de alcoholemia.

Pese a la evidencia de que su continuidad resultaba insostenible -máxime después de haber admitido en un juicio no rápido, rapidísimo, la comisión de un delito contra la Seguridad Vial sancionado con 1.440 euros de multa y 8 meses de retirada de carnet-, Daniel Llanos se ha resistido cuanto ha podido a dimitir. Su intención de zanjar el asunto sin ninguna repercusión política se dejaba muy claro en su “transparente” tuit inicial (posterior por cierto a la divulgación de la noticia por un digital salmantino) en el que restaba importancia al incidente, resaltando que no había tenido “mayores consecuencias”. El concejal faltaba además a la verdad al decir que había dado positivo en un control de alcoholemia, cuando en realidad no existió ningún control, sino una prueba individual solicitada por los agentes municipales después de que estos observaran su temeraria conducción.

El final de la película ha sido el previsto, pero por medio se ha librado un duro pulso dentro del PP salmantino, donde frente a la postura del alcalde, Carlos García Carbayo, partidario de la dimisión, ha habido dirigentes y cargos públicos contrarios a que Llanos, Dani para los amigos, dimitiera o, en su defecto, fuera cesado de sus responsabilidades municipales, retribuidas con cerca de 60.000 euros anuales. No ha habido tal división en el seno de Nuevas Generaciones de Castilla y León, cuyo presidente, Eduardo Carazo, afín a Pablo Casado, no se ha esforzado en disuadir de su renuncia al hasta ahora secretario autonómico de la organización.

Puede entenderse que en el seno del PP haya habido discrepancias sobre el caso, pero más difícil de comprender es la oposición explicita a la renuncia de Llanos por parte del grupo municipal de Ciudadanos. Sobre el papel, el partido que hizo bandera de la “regeneración democrática” tendría que haber sido el primero en exigir la dimisión del concejal. Pues nada de eso. “Es normal tener un momento de debilidad. Ciudadanos no quiere que dimita”, ha declarado el concejal de Turismo, Fernando Castaño, de los Castaño de toda la vida en la política salmantina. Genio y hasta… el final de esta legislatura.

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