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El barrio humilde que floreció: La Prosperidad

“La Prospe” (se llamaba así a la confluencia de tres barrios: La Prosperidad, San Isidro y las Delicias) nació sin planificación urbanística

En 1915 nadie vivía en La Prosperidad, solo existía el colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón que empezó a dar clases entre 1908-1909 y la Fábrica de Harinas “El Angel” de Bernardo Oliveira. Con el tiempo aparecieron entre la fábrica y la glorieta de Cuatro Caminos unas pocas casas de planta baja.

«El Paseo del Rollo era uno de los lugares preferidos por la burguesía salmantina para caminar los días festivos, turnándose con Carmelitas y la Glorieta». Explica José Luis Martín en el V volumen de la Historia de Salamanca.

En 1922 el barrio alcanzó los 250 habitantes censados. En 1923 los vecinos solicitaron al Gobernador Civil Jorge Rodrigo que hablase con el Ayuntamiento con el fin de que La Prosperidad recibiese los servicios básicos. En la sesión municipal de febrero se discutió el asunto: unos opinaron que el barrio había nacido sin intervención municipal y por ello había que abandonarlo a su suerte. Otros expusieron que el distrito al no tener servicios de saneamiento, suponía un peligro para la ciudad por el riesgo a que prosperasen enfermedades infecciosas. Esto último derivó en que la Junta de Sanidad planteara en 1925 la posibilidad de una intervención para acabar con las viviendas ya instaladas. Finalmente no se procedió y La Prosperidad continuó creciendo.

Una de las calles del barrio de Prosperidad.

“La Prospe” (se llamaba así a la confluencia de tres barrios: La Prosperidad, San Isidro y las Delicias) nació sin planificación urbanística, con absoluta carencia de servicios básicos. Las calles surgían bajo el criterio de los promotores de viviendas o de los vendedores de solares.

Las primeras casas fueron de planta baja, con patios y corrales donde guardaban animales, como vacas, cerdos, gallinas y patos. En una misma vivienda convivían dos o tres familias en espacios muy reducidos, repartidos en diferentes habitaciones. En los patios, una pila servía para lavar el agua para los afortunados que disponían de una, sino tocaba bajar hasta el río. Tampoco era común en las primeras casas la existencia de váteres, el cual compartían las familias convivientes. No hablemos de una bañera, un lujo para la época.

Los habitantes de la Prosperidad eran emigrantes procedentes de los pueblos que acudían a la ciudad en busca de una mejor vida. La Fábrica Mirat industrializó el barrio, atrayendo a multitud de obreros. Estos primeros trabajadores levantaban sus hogares por la noche. Eran viviendas que no tenían ventilación. Tampoco gozaba de una planificación urbanística, generando calles muy estrechas. No disponían de ningún servicio básico.

El DA2.

La Prosperidad en sus inicios eran una amalgama de huertas. En ellas se levantaron las primeras casitas. «Los emigrantes compraban una parcela pequeñita a una peseta el metro las más caras. El precio descendía en las zonas más bajas y cercanas al río, llegando a valer hasta 80 o 60 céntimos el metro», explica la asociación de Vecinos Prodresi. Los nuevos pobladores podían pagar la compra del terreno gracias a las facilidades proporcionadas por los dueños de los solares que ofrecían pagos a plazos larguísimos y ajustados a la economía de cada individuo.

Así, el barrio se extendió hasta la calle Alegría y Trafalgar, dando cobijo a 800 habitantes. A su espalda coexistieron con las huertas que no fueron edificadas, como la de San Antonio o también conocida por el nombre de ‘La huerta del Serrano’. Hubo un tiempo donde fue invadida por chabolas pertenecientes a grupos de etnia gitana. Domingo Gómez asegura que les ayudó a poner las tiendas ganándose el favor de sus nuevos vecinos. «No daban problemas», dijo. La invasión finalizó cuando se los desplazó a otra zona regalándoles casas prefabricadas.

Almarge, un especio para desarrollar el arte y la creatividad en Salamanca.

La fisionomía del barrio cambió cuando llegaron los contratistas ofreciendo diferentes proyectos de bloques de edificios. Un desfile de hombres trajeados visitaban puerta por puerta a los habitantes de La Prosperidad, intentando convencerles de que su diseño era el mejor.

Esto provocó el enfrentamiento de los intereses de unos vecinos con otros. La idea original era crear un barrio homogéneo, pero la elección individual de cada residente con un contratista diferente desembocó en múltiples estilos de edificaciones. La Asociación de Vecinos luchó para que nadie se quedase sin una vivienda, y lo consiguieron. Solo una familia en la calle Trafalgar rechazó la oferta. Hoy esta casita de planta baja coexiste con altos bloques.

Evolución

El edificio del Noviciado de la Compañía de Jesús fue inaugurado el 10 de Octubre de 1926. Quedó vacío en 1932 tras la expulsión de los Jesuitas. Al inicio de la Guerra civil se instaló el Cuartel de Milicias de la Falange Española y los Servicios de Automovilismo del Ejército. Se le sumarían las oficinas y talleres del Cuerpo de Aviación. Más tarde se convirtió en “Hospital de Guerra”. También hizo de sede de ‘Recuperación Oficial de Documentos’. Los Jesuitas volvieron a la que fue su casa, y en 1943 disfrutaban de la totalidad del edificio.

La parroquia de San Estanislao de Kostka.

En la Prosperidad se construyó una Granja Escuela, antecedente de la Escuela de capataces. Hoy día es el terreno donde está instalada la Diputación y una residencia de Niños.

En 1933 apareció el Preventorio-Escuela. Al comenzar la guerra hizo la función de ‘Hospital de Sangre’, acogió heridos que procedían del sector de Guadarrama. En 1940 se cede el edificio a la Falange, naciendo la Casa Cuna. Aquí dejaban a los bebes las madres jóvenes que no podían hacerse cargo de sus hijos o aquellas que eran solteras y tenían un descendiente consumado fuera del matrimonio.

El Museo del Comercio.

Las madres que decidían cuidar de sus vástagos en la casa-cuna, eran obligadas a hacerse cargo de los demás niños. Prodresi manifiesta que «podían cuidar muy bien de sus hijos pero no de los ajenos». Se las prohibía salir a la calle por vergüenza de su pecado, provocándoles frustraciones y amargura que muchas pagaban con los pequeños que tenían bajo su responsabilidad. Hoy el edificio cumple como lugar de acogida que utilizan los servicios sociales.

Para los habitantes de la calle de las Alegrías, la lluvia suponía un severo problema hace décadas. El primer asfaltado del barrio dejó esta vía desnivelada con respecto al Camino de las Aguas. Cuando una tormenta arreciaba, el torrente descendía por el Camino de las Aguas (antiguamente un camino que se convertía en arroyo del Tormes cuando llovía) y quedaba bloqueado en la Calle de la Alegría. Los vecinos sufrían inundaciones y graves daños en sus viviendas. El problema se resolvió con un nuevo asfaltado que niveló ambas calles.

La Fábrica de Colas, hoy un estudio de ingenieros.

Dos escombreras ensuciaban la imagen de La Prosperidad. Los vecinos arrojaban cualquier elemento con el fin de hacerlo desaparecer. Con la nueva planificación urbanística se cerraron y se levantaron en ellas bloques de viviendas.

En la asociación de vecinos recuerdan cuando eran niños y se bañaban en la playa de la Aldehuela. «Venía toda Salamanca. Al volver nuestras madres nos limpiaba la arena con un manguerazo». Pero esta playa sufría de un grave problema. Una máquina sacaba arena para la construcción, creando hoyos en el fondo del río que provocaban remolinos. «El que entraba en la zona de “la pesquera” no volvía», lamentan. Los habitantes de la Prospe perdieron muchos amigos.

Hoy el margen del río está descuidado por el Ayuntamiento. Reina la maleza y poca gente disfruta de un baño. Variados chiringuitos intentan revitalizar el lugar. Con una buena atención podríamos tener una playa en Salamanca.

Dos jóvenes juegan al baloncesto en una cancha.

La ya mencionada fábrica de Mirat suponía para los antiguos vecinos un suplicio. Gases contaminantes perjudicaban la salud de la población. El olor a azufre se esparcía por los hogares y «estropeaba la colada que tendían en el exterior», cuenta María Rosa Gómez. Esta situación mejoró progresivamente y hoy no supone un problema

Edificios que articulaban la Prosperidad cambiaron su función. La antigua cárcel se transformó en un museo de arte, el Domus Artium 2002. Además, la antigua Fábrica de Colas fue remodelada para albergar un estudio de ingeniería que ha revitalizado la zona.

Por otro lado, el nuevo edificio de la Junta de Castilla y León a supuesto un motor económico para el barrio, pues ha traído consigo burócratas y oficinas que dejan el dinero en La Prosperidad. Esta construcción sustituyó al edificio del Hospicio. Se abrió al finalizar la guerra y recogía a los niños huérfanos cuyos padres murieron durante el conflicto. Los Asociación de Vecinos no aluden a las monjas como buenas cuidadoras, aseguran que muchas de ellas maltrataban a los pobres desamparados.

Parque de Los Jesuítas

Jesús Málaga es el responsable de que La Prosperidad sea el pulmón de Salamanca. En su libro “Desde el Balcón de la Plaza Mayor” explica que «en las elecciones de 1979, La Unión de Centro Democrático proponía en la huerta una promoción de mil viviendas».

Una pareja pasea por el parque de Los Jesuítas.

Su buen amigo, Jesús García, párroco de Pizarrales, hizo de intermediario en las negociaciones. Pese a las presiones recibidas, consiguió comprar para la capital el huerto por cien millones de pesetas (600.000€) pese a estar valorado en dos mil millones (12 millones de euros).

El día de su inauguración fue visitada por sesenta mil personas.

Ciudad Deportiva de La Aldehuela

La Aldehuela de los Guzmanes tenía dos fincas: El Baldío de la Aldehuela, dentro del término municipal de Salamanca (12 hectáreas) y la propia Aldehuela de los Guzmanes, perteneciente al término municipal de Cabrerizos (58,5 hectáreas).

El Ayuntamiento modificó los límites y ambas partes pasaron al término de Salamanca. En 1985 se convocó un concurso público para adjudicar la construcción de la ciudad deportiva. El equipo ganador estuvo dirigido por Alejandro de la Sota. La inversión superó los mil millones de pesetas.

El edificio que alberga la Junta de Castilla y León.

La Ciudad Deportiva de la Aldehuela fue diseñada para el deporte base y profesional, como zona de descanso, ocio y recreo. Hoy podemos disfrutar de estas maravillosas instalaciones para hacer deporte.

Sanidad

La Salud siempre ha sido un problema en La Prosperidad. Los vecinos se quejan de haber pagado 800.000 euros por el proyecto de un Centro de Salud que necesitan con urgencia. El proyecto había sido aprobado pero la crisis del 2008 la frenó, y el ayuntamiento sigue utilizando aquella coyuntura para mantenerlo parado.

Mientras, deben acudir al centro de la salud de la Alemadilla. Este atiende a 46.000 personas. Está absolutamente saturado y requiere de reformas por el estado envejecido en el que se encuentra.

En la actualidad

La Prosperidad se ha convertido en un barrio residencial y tranquilo. Los pequeños comercios escasean por la competencia que ejercen los grandes supermercados.

Los niños ahora juegan mayoritariamente en casa. Pero hace décadas, las familias salían con sus sillas a las puertas de las casas, mojaban el suelo de tierra para refrescar la calle y se divertían al aire libre durante toda la noche, intentando no molestar al panadero que debía madrugar.

Una de las entradas al parque de los Jesuítas.

Antes las verbenas y las fogatas de San Juan lucían en el barrio de la Prosperidad. En las esquinas se colocaban las hogueras. Pero por el peligro que suponían, acabaron prohibiéndose. Sonia Gómez recuerda a la vecina conocida como ‘la Balvi’. «Hacía la mejor sangría en las verbenas, la echamos de menos desde que nos abandonó», dijo.

El ocio ha cambiado. Cipriano Arroyo, desde el “bar Mármara”, explica que «la gente se desplaza al centro para divertirse, en el barrio, excepto los bares no hay más entretenimiento».

Cualquier Salmantino puede pasear hoy por la Prosperidad disfrutando de su gente tranquila y sus parques. Lo que un día fue un barrio humilde creció y prosperó, y de ahí su nombre, La Prosperidad.

(Para ver la galería de fotos, sigue la flecha)

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Por: David García – Cervigón Romero de Ávila.

Bibliografía

  • “Desde el Balcón de la Plaza Mayor, memorias de un alcalde”, de Jesús Málaga.
  • “Historia de Salamanca, Siglo Veinte, volumen V”, de José-Luis Martín.

 

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Un comentario

  1. 1.- La «Prospe» no es la confluencia de los barrios de La Prosperidad, San Isidro y Delicias. La Prospe es uno de esos barrios, viene de La Prosperidad, abreviado (como la Ponti, viene de la Pontificia, por ejemplo). A lo que se refiere al decir confluencia de esos barrios es a la Asociación de Vecinos de la zona, antes llamada Asociación de Padres de Familia, PRODESI, PROsperidad, DElicias y San Isidro.
    2.- La calle de La Alegría, es en singular, no en plural, Las Alegrías.
    3.- El Hospicio, o la Residencia, como también era conocida la institución que acogía niños huérfanos (por a haber perdido a sus padres por cualquier causa, no solamente por la guerra. A últimos de los años 60 no había guerra y seguía acogiéndolos) lo llevaban las Monjas de la Caridad. Las mismas del Colegio de la Milagrosa. Es una infamia calificarlas de malas cuidadoras y de maltratar a los niños.
    4.- Las hogueras de San Juan se colocaban fundamentalmente en el camino Estrecho de la Aldehuela
    5- «La Balbi» , efectivamente fue una vecina de la zona. Era Balbina, de ahí Balbi y no Valvi.

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