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Economía

Los materiales tecnológicos que faltarán en 2050

Debido a una sobreexplotación de los yacimientos

Con la industrialización y el constante desarrollo tecnológico que se vienen produciendo desde hace años, se está viviendo un aumento exponencial del consumo de los materiales tecnológicos. Si continúa el ritmo actual, para mediados de siglo se habrán agotado numerosos minerales básicos para la sociedad.

Durante el siglo XX, la extracción de muchos minerales ha ido aumentando exponencialmente. En lo que llevamos de este siglo XXI, se ha consumido la misma cantidad de algunos elementos que en el resto de la historia. Teniendo en cuenta que la Tierra es un planeta limitado y no tiene suficientes reservas, muchos de los materiales se agotarán en los próximos años.

Para el año 2050, la demanda podría ser superior a las reservas de, al menos, 14 materiales tecnológicos esenciales. En esta lista se encuentran elementos como el cobre o el níquel, de uso común en la industria. También podrían agotarse materiales fundamentales para la transición energética. Es el caso del litio, que se utiliza para fabricar las baterías de coches eléctricos; el galio, empleado en las lámparas led; o el cadmio, que es un material básico para construir paneles fotovoltaicos.

Alicia Valero, profesora de Ingeniería de la Universidad de Zaragoza e investigadora del Centro de Investigación de Recursos y Consumo Energéticos (CIRCE) explica que, “Si analizamos las materias primas esenciales para la transición ecológica y digital, y las comparamos con las reservas disponibles, vemos que la demanda acumulada supera en varias veces la oferta de los yacimientos.” “Esto significa que en los próximos años nos enfrentaremos a cuellos de botella a lo largo de toda la cadena de producción industrial”, advierte.

Esta situación ha supuesto la búsqueda de nuevos yacimientos y la reapertura de antiguas minas. Sin embargo, ambos procesos conllevan una serie de inconvenientes que dificultan su viabilidad. Por ello, también se está explorando una alternativa, la basura electrónica. Y es que, en los últimos diez años, el volumen de productos tecnológicos desechados prácticamente se ha duplicado.

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