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Lejos de las pantallas

Los campamentos de verano para pequeños y jóvenes son una opción buena para desconectarse de Internet, poder hacer amigos nuevos y pasar tiempo con ellos

“Lo que más me gusta de los campamentos es convivir 24 horas al día con los amigos y no estar preocupados por las cosas que pasan fuera del ‘campa’. Yo tardo poco en adaptarme a estar sin móvil porque llegamos y ya no paramos de hacer actividades, de estar todo el rato con amigos y no piensas en el móvil”. Así se expresa Nora Gómez, de 14 años sobre la aventura de pasar unos días o semanas en un campamento de verano disfrutando del aire libre, actividades deportivas, intelectuales, juegos,…

Por. Lucía Almaraz

Con el auge de las redes sociales muchos adolescentes e, incluso niños, dan comienzo a su andadura en la red a muy temprana edad. Es importante tanto por parte de familiares y otros apoyos, como pueden ser docentes o monitores de campamentos, advertirles de los peligros de estas plataformas si no se hace un uso correcto de ellas. “Aunque no lo echemos de menos, si tuviéramos el móvil estaríamos utilizándolo bastante rato y desperdiciaríamos el momento de estar con amigos” añade Nora Gómez.

La mejor estrategia es demostrar que durante el tiempo que comparten, pueden pasarlo bien, todo lo que podrían imaginarse y más está a su alcance sin necesidad de pantallas. Mantenerles entretenidos en todo momento no solo les enseña que no necesitan Internet para divertirse, sino que directamente no se acuerdan de Internet; el lugar, la atmosfera y la actividad que están desarrollando es lo suficientemente interesante como para captar su atención.

Paula Martín, monitora de la asociación Grupo Joven Pizarrales, de 19 años explica que en un campamento de hace 20 años con jóvenes, «ninguno de ellos echaría en falta un dispositivo electrónico de la manera que lo pueden hacer jóvenes de hoy en día, porque no estaban eran tan habituales. Al final, para ellos el campamento es una desconexión de dispositivos móviles e internet, porque el contacto que tienen con ellos es mínimo, algo que no es igual en sus rutinas”.

La monitoria explica que lleva poco tiempo formando parte de la organización del campamento, pero sin duda ha habido cambios. El punto de partida sigue siendo el mismo, economizar el tiempo de manera que se puedan hacer todas las actividades posibles y que a su vez haya tiempo de descanso.

Eso sí, Paula Martín agradece todo lo bueno que le da internet. Ella explica que si hace 15 años tuviese que organizar un campamento, en el que probablemente no dispusiese de la cantidad de comodidades que hoy tengo gracias a Internet, no sería lo mismo. «Por ejemplo, monitorizar una ruta completa, consultar información en Internet, compartir datos con el equipo de monitores o, incluso, necesidades que sucedan en el propio campamento como conocer la ubicación de cada uno de los grupos, comunicarnos de una manera eficaz y rápida o solucionar un día de lluvia con una película”.

Formación 

Víctor Araújo, uno de los coordinadores de la asociación juvenil, a sus 32 años comenta que para que la asociación tuviera consistencia, «varios de nosotros nos formamos como monitores en la Escuela Castellano Leonesa de Educadores en el Tiempo Libre (de la que, ahora mismo, también soy profesor-formador) y, pocos años después, como coordinadores de Tiempo Libre».

La manera de organizar estas actividades ha ido cambiando a lo largo del tiempo, adaptándose a los gustos de los jóvenes. Trabajan siempre en base a una temática o hilo conductor y éstas las van eligiendo y readaptando en cada momento al tipo de gustos de los chicos y chicas, incluso incorporan el uso de las nuevas tecnologías y redes sociales, aunque las actividades, en el fondo son del mismo estilo: gymkhanas, talleres, rastreos…

Siempre ha existido en los campamentos, el día de las familias: para los niños y niñas era casi un trauma estar pensando en cuánto faltaba para llamar, o el ver cómo otros hablan antes que ellos o, si por lo que fuera, a los padres se les olvidaba, o que no pudieran coger el teléfono, para los niños era terrible. «Con nosotros eso terminó hace ya tiempo: saben que si no hay noticias es que va todo bien. Aunque al principio y, sobre todo cuando son nuevos, les cuesta aceptar, después lo agradecen”, matiza Araújo.

Paula o Víctor ¿Creéis que agradecen estar sin móvil unos días?
Paula Martín: No tardan mucho en adaptarse a estar sin estos dispositivos. Yo creo que lo agradecen enormemente. Cuando yo era niña, hace no muchos años, sí lo agradecía, tenía todo lo que podía desear a mi alcance y uno de estos dispositivos no me causaba el más mínimo interés durante esos 10 días de convivencia. Yo creo que esa es la clave, agradecen estar sin ellos porque realmente no los necesitan.

Víctor Araújo: No se tiene por qué mantener una lucha contra las tecnologías sino más bien se pueden y deben usar perfectamente en un campamento. No deben ser ni el sustento y mucho menos obligatorias, pero si una actividad o una aplicación nos vale para entretenerles y educarles, adelante. No obstante, saben que, de forma documental, al finalizar cada campamento se emite un reportaje gráfico con instantáneas vividas, haciendo hincapié en que las más importantes son las experimentadas que cada uno de ellos se lleva en su interior, que jamás se borrarán. Por supuesto, a través de las nuevas tecnologías y redes sociales debidamente autorizadas y controladas.

 

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