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Los que apagan Salamanca

Los que ahora cogen la pancarta contra el ahorro energético son los que durante décadas han trabajado con denuedo para vaciar la ciudad

Las medidas de ahorro energético decretadas por el Gobierno (para eso está) afectan a las empresas y a las instituciones, aunque en Salamanca con muchos matices. Demasiados, desafortunadamente.

Se puede cuestionar que algunas se han diseñado con la brocha gorda cuando necesitaban un trazo más afinado, pero eso es mejorable.

Lo que llama poderosamente la atención es que nada más anunciarse las medidas y, se podría decir, sin tiempo para digerir su alcance, hayan salido algunas voces, la reacción de costumbre, entre las que está la del alcalde de Salamanca, que proclamó muy ofendidito que “Salamanca no se apaga”.

Y con toda la razón. No se paga porque lleva años apagada, así que ahora es prácticamente inmune ante los maléficos efectos adversos que tendrán las medidas para ahorra energía, cuya mayor virtud será, si alguien no se percatado de ello, concienciarnos a todos de que llegan curvas y podemos afrontar restricciones más severas si antes no tratamos de evitar despilfarros cotidianos.

Porque las que entrarán en vigor esta semana apenas las notarán los salmantinos de a pie, pero sí la cuenta de los comerciantes de la ciudad, porque ahora iluminan sus escaparates para los gatos y noctámbulos. Ahora los tienen activados hasta medianoche, pero le sobran tranquilamente dos horas como mínimo, porque a partir delas 22 horas todavía queda alguien en verano, pero pasadas las Ferias es como si los extraterrestres hubieran abducido a los salmantinos.

La calle Toro y demás vías céntricas atestadas entre los 20.00 y las 21.30 horas para dar el paseíto y, de repente, todo despejado.

Es el legado de más de tres décadas trabajando denodadamente para vaciar la ciudad, hasta que lo han conseguido. Se ha expulsado a patadas a nuestros jóvenes, al futuro, que pasan a convertirse en futuros turistas de visita a la familia.

No hay ni Dios pasadas las 22.30 horas, pero parece que no se han dado cuenta de ello. Y los que quedan están a otras cosas, no precisamente para mirar escaparates.

Alegan, como argumento de peso, que los escaparates iluminados son básicos para garantizar la seguridad nocturna. Y se quedan tan anchos. Otra forma más de eludir responsabilidades, como ya se hizo con los servicios municipales, que se ponen en manos privada para no hacer nada y si ocurre algo, tener alguien a quien encasquetar el muerto. O cuando se piden cansinamente más trenes para que vayan vacíos, pero que los pague otro.

Como los escaparates se encargan de dar seguridad, para qué aumentar la presencia policial a esas horas, o, mira tú, bajar las farolas del segundo piso, donde alumbran balcones y copas de los árboles, y ponerlas a tres metros de altura, para que sea vea algo.

No hay gente para llenar las calles ni los trenes, porque los que ahora cogen la pancarta contra las medidas de ahorro energético, llevan décadas apagando la ciudad, vaciando trenes y dejando sin futuro estar tierra.

Por lo menos, que dejen a los comerciantes ahorrar en la factura de la luz que gastan en aire acondicionados con las puertas abiertas y los escaparates iluminados para dar seguridad.

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4 comentarios

  1. creo que la mejor solucion y la unica corecta seria un 155 total en esta ciudad por doquier son tropelias y desajustes de todo tipo s¿se puede consentir los sevicios del hospital cuando estabamos bien atendidos ? sencilamente una cacicada electoral y hoy lo sufrimos todos estos politicos no nos representan para nada

  2. …y seguimos votando a ineptos ,torpes y caraduras. Es lo que han conseguido a base de repetir mentiras y bulos, el aborregamiento general. Tenemos lo que merecemos.

  3. No teneis mejor foto de semejante dirigente?. Porque si la cara es el espejo del alma, ….. parece de pelicula!

  4. Lo que trasmite este tipo no puede ser más deprimente y oscuro. Un tipo gris que se le nota a la legua que le da igual, que puede ser el alcalde o el presidente del club de petanca, lo que le diga el señorito. Lamentablemente la viva imagen de la Salamanca de hoy gris, decadente y triste.

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