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Feijóo ya tiene una foto con vacas y Mañueco esconde a los de Vox para no incomodarlo

El PP convierte Salamaq en una quedada para resolver asuntos pendientes

El nuevo PP se parece, más de lo que creemos, al viejo. No porque se oponga regar de dinero a los menesterosos que no pueden con la inflación ni las cargas de la guerra de Ucrania y se oponga, asimismo, a hacerle pagar la fiesta a los poderosos. No.

Es por su irrefrenable tendencia a hacerse una foto cuando hay una vaca cerca. Y si no la hubiere, la buscan y hacen una quedada, como la que organizaron este lunes en la feria agropecuaria Salamaq22.

El sector primario saca lo más elemental de los dirigentes populares. Feijóo, que no quería recibir en su despacho a Mañueco ni ir a verle a Valladolid, ha preferido venir a Salamanca para hacerse un álbum de fotos con vacas hermosas y saludables, en terreno neutral y, de paso, reunirse con Mañueco mientras visitaban limusinas (no confundir con los coches de los raperos y las despedidas de soltero), charolesas, moruchas y el resto del repertorio vacuno. Y así mata dos pájaros de un tiro. Un alarde de optimización de los recursos y de organización de la gestión.

Desde que pactó con Vox, Mañueco se solucionó la vida y se la complicó a Feijóo. Desde entonces se ha convertido en un lastre para el gallego, que no sabe qué hacer para sacudírselo de encima, para evitar una foto a solas sin que le caiga el sambenito de que cuando haya elecciones generales pactará inevitablemente con Vox a las primeras de cambio si le dan los números, como hizo Mañueco, quien, por otra parte, no encuentra reparos para meter a la extrema derecha en su gobierno moderado y no alcanza a entender por qué nos ponemos así.

Feijóo mira a Mañueco, este lunes. (Ical/Arranz)

O quizá, algo intuye y ve que al jefe no le ha gustado su movimiento, porque este lunes escondió a su vicepresidente y al consejero de Agricultura, ambos de Vox, para que no estorbaran en las fotos de Feijóo con las vacas.

El viernes pasado, en la inauguración de Salamaq, Mañueco acudió con su vicepresidente de la Junta, García-Gallardo, de Vox. Así, empalmó la visita a Salamanca con un fin de semana y, de oca a oca, tiro porque me toca, y se quedó en Salamanca, porque el lunes tenía otra visita a Salamaq. Otro alarde de optimización de la gestión de la agenda para fabricar un largo fin de semana. Para que luego hablen las malas lenguas de su ineficacia.

Como el PP, desde que se le pilló robando a mansalva, ha optado por tratar de convencernos de que lo que no se ve o aquello de lo que no se habla no existe, Mañueco decidió este lunes ocultar ante Feijóo su terrible realidad, no porque esté incómodo con ella, que no lo está, sino porque le indispone con el jefe (y eso son palabras mayores), en el camino del gallego hacia La Moncloa.

En su paseo triunfal entre vacas y tractores de última generación, se sabían a salvo de que nadie confundiría un mugido con un abucheo, una vaca con un yate, confiados también en que todos mirarán a otro lado en el caso de las primarias plagadas de irregularidades que sirvieron a Mañueco para ser presidente regional del partido como paso previo a ser presidente, ahora, gracias a Vox.

¡Ay, si las vacas se presentaran a las elecciones! Con lo que eso facilitaría la vida,… y los pactos.

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3 comentarios

  1. Es que no nos acordamos de que Feijoó arrancó con el apuñalamiento de Casado por denunciar unas cosillas de Madrid? Pues desde entonces más carga en la mochila.

  2. Los que han hundido el campo no lo van a recuperar. El PP lleva décadas gobernando para los grandes terratenientes y macrograngas exportadoras. Su política es esa y la va a mantener por mucha foto y declaración que haga en sentido contrario. A eso se le llama hipocresía. Si se favorece a un sector, el poderoso, se perjudica a otro, el de la pequeña y mediana empresa. Así de simple.

  3. Un gran artículo que señala, certero, los manejos de estos pájaros y sus vergüenzas. Enhorabuena, Crónica, somos cada vez más los que os seguimos . Cuidaros de personas sin escrúpulos que no dudan en llevarse por delante a quien sea, para seguir chupando del bote.

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