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Gaspar Llamazares acusa a Vox de “cargarse” el parlamentarismo

El ex dirigente de IU: “Para el populismo de ultraderecha, la inteligencia democrática es el enemigo”

Gaspar Llamazares, exdirigente de Izquierda Unida, acusó este sábado a Vox de “cargarse” el parlamentarismo, tras lo ocurrido esta semana durante el debate plenario en las Cortes de Castilla y León. “Para el populismo de ultraderecha, la inteligencia democrática es el enemigo”, manifestó en declaraciones a Ical antes de presentar en Salamanca su nuevo libro, precisamente titulado ‘Del sueño democrático a la pesadilla populista’.

J.M.A. / ICAL. El exparlamentario progresista reconoció que la tensión acaecida en sendas sesiones consecutivas en el hemiciclo castellano y leonés, con el vicepresidente, Juan García-Gallardo, como uno de los protagonistas, no le sorprendió “lo más mínimo”. “Una de las obsesiones del neofascismo o populismo de ultraderecha es cargarse el parlamento como institución mediadora en la cual se produce la inteligencia democrática. Ahí es donde se proponen proyectos, se acercan posturas y se acuerdan leyes”, reflexionó, alejando esos preceptos de las pretensiones de la formación que coaliga en el Ejecutivo autonómico.

Por esta razón, Llamazares aseguró que, desde su punto de vista, la intención de Vox es “embarrar el terreno de juego y convertir el parlamento en un campo de guerra”. Para él, eso tiene mucho que ver con “la lógica populista” y, por ello, instó a la sociedad a “ir poniendo en evidencia la incompatibilidad entre la ultraderecha populista y la democracia”. Con actos como los ocurridos en los últimos días en Castilla y León, para el expolítico de izquierdas, “se demuestra cómo el populismo aspira a cargarse la democracia”.

Causas, por cierto, que viene a resumir en su último libro, presentado este sábado en la céntrica librería salmantina Letras Corsarias. “La escalada de esta emergencia populista, en términos clásicos, es un trastorno, esperemos que transitorio, de la democracia, y se fundamenta en la situación de desigualdad y crisis social que venimos arrastrando en los últimos tiempos, y en lo que podríamos denominar la ruptura del contrato social por parte de los estados y los gobiernos desde finales del siglo XX», explicó, ahondando en que «se ha acentuado con los casos de corrupción política”. Para Gaspar Llamazares existe un “malestar social”, sumado a “la desconfianza y la desafección en la política” ante la forma común de gobernar las sociedades.

Por otra parte, el exdirigente de IU señaló a la irrupción de la era digital y las redes sociales y a “la simplificación” que acarrean, en términos “prácticamente de enjambre”. “Nos juntamos los que pensamos igual y nos enfrentamos a los que piensan distinto. Y eso es, en parte, un elemento que acentúa desde el punto de vista cultural las posiciones populistas, porque el populismo, como trastorno de la democracia, no es más que pensar que todo es posible desde cero y sin tener en cuenta a los demás, solo a los que coinciden contigo”, resumió. Según Llamazares, es “un delirio megalómano de poder”, pero “gobernar no es poder, es ceder y acordar para, de alguna manera, convivir”.

Un proceso que, desde luego, tiene “nombres propios” para el escritor, aunque no quiso entrar a mencionar demasiados. “Más allá de los nombres que, al final en el populismo son muy importantes, porque es muy presidencialista y ejecutivo, y toda una corriente se representa en una sola persona, es un trastorno ideológico que, inicialmente, está vinculado a los partidos, pero que al final se traslada a todas las instituciones democráticas, desde el Gobierno al parlamento, a la justicia, a los medios de comunicación y a la sociedad civil”, enumeró.

En este punto, únicamente mencionó a la italiana Giorgia Meloni, en disposición de disputar este domingo la Presidencia de Italia. “En la cultura populista, el adversario se convierte en enemigo, los problemas complejos se convierten en simples, se solucionan de hoy para mañana y es posible cambiarlo todo sin tener en cuenta la necesidad de negociar, dialogar ni acordar. Es un mal que existe a izquierda y derecha, pero hoy en Europa es mayoritariamente en la ultraderecha», zanjó.

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