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Opinión

Un responso por las identidades

Hace dos días fui al cementerio San Carlos Borroneo en Salamanca con intención de hacer unas fotografías previas al día de Todos Los Santos. Al salir, recordé los puestos con roscas de anís típicas de estas fechas en las afueras del cementerio, pero solo vi la churrería ambulante ‘Manolo y Sidri’. Me acerqué y pregunté por las roscas que tenía en una esquina del mostrador, me dijeron que posiblemente sería el último año que las vendían, que ya nadie las hacía.

Roscas de anís.

Cuando no hay transmisión de la cultura popular se pierden las tradiciones o costumbres que identifican los diferentes grupos sociales a los que pertenecemos.Las jóvenes generaciones tienen como referente aquellas culturas que mejor se adaptan al lenguaje visual, algo que entendió a la perfección la industria del cine, de la televisión y hoy quienes manejan las redes sociales.

El Papá Noel que conocemos llego a nuestra infancia en su versión americana desplazando a los Reyes Magos y Halloween vino también a través del cine y la televisión en busca de la adolescencia unas décadas después. El potente imperio audiovisual norteamericano vende como nadie su propuesta cultural, haciéndonos sentir más modernos cuando emulamos sus costumbres, aunque no las entendamos.

Hay que aceptar y aprovechar lo mejor de todas las culturas para formar parte de esta propuesta de sociedad global, pero sin menos precio a nuestra identidad. No es bueno olvidar de dónde venimos si queremos aportar nuestra dote cultural a la globalización de este planeta, que parece nos acabara vistiendo a todas las personas con el mismo patrón.

Pero, hay rincones de la España vaciada donde se conservan intactas algunas tradiciones. El año pasado asistí a la celebración del día de Todos Los Santos en Tenebrón, Salamanca, en esta localidad es costumbre que todas las familias hagan juntas el camino al cementerio, acompañadas por don Isidoro, el párroco del pueblo. Una vez dentro, cada familia se reúne en torno a su sepultura y el cura invita a rezar en un sencillo responso.

Cementerio de Tenebrón.

Finalizado el acto, un vecino del pueblo se coloca en la puerta del cementerio, para recoger la ofrenda que cada familia aporta por las oraciones rezadas en comunión con don Isidoro, que destinara lo recaudado a las necesidades de la parroquia.Esta costumbre de carácter religioso común a otros pueblos de la provincia, conlleva la asistencia de quienes viven fuera, para compartir un acto de tradición familiar que aprendieron en su infancia.

En la Diputación de Salamanca tenemos un gran archivo sobre las tradiciones populares, elaborado con gran rigor por Juan Francisco Blanco González, para el Instituto de las Identidades Salmantinas, que podemos consultar la página del IDES, si queremos saber más acerca nuestra cultura para trasmitirla a las jóvenes generaciones.

 

 

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