Cultura

Nacho Reboleiro: «El hombre es un animalito más, pero muy gastado y retorcido»

Nacho Reboleiro, conocido artísticamente como Pho, apodo que utiliza para sus pequeños crímenes, «pequeños atentados, porque intento golpear las conciencias desde lo que pinto y escribo»

 

Al comienzo del siglo XX surgieron los dadaismos y surrealismos. ¿Qué cree que nos va a dar el siglo XXI?
Ni idea. Me explico: ellos tampoco sabían que estaban cambiando el mundo del arte y la liaron pelín gorda. La escuela surrealista es impresionante y continúa de actualidad hoy día. No te puedo decir lo que va a venir, porque eso es el tiempo el que lo juzga.

¿Tiene surrealismo su obra?
Diría que sí. Tiene un componente surrealista serio. Para mí Salvador Dalí es uno de los pintores más importantes. Es genial, absolutamente. También es cierto que no conozco mucho más, porque no me he interesado demasiado por el arte. Pinto, pero aislado. Es una de mis características.

 

La Reina del vertedero.
La Reina del vertedero.

Usted ha escrito que el futuro es una quimera y que el presente es una secuencia inevitable de malos momentos. ¿Por eso, aparentemente, utiliza en sus obras tres colores?
No aparentemente, en mi paleta sólo tengo tres colores: blanco, negro y tierra de siena natural. No uso nada más. Mezclados y degradados. El futuro, para todo el que tiene dos dedos de frente, es una quimera, porque es algo absolutamente irreal. Alguien dijo que sólo teníamos el presente, el hoy y el momento. Lo demás es imaginación. El futuro es una elucubración y el pasado son recuerdos, que a veces pesan mucho. Sin embargo, lo que hay es el momento que no tiene valor temporal tampoco, es absolutamente fugaz. En cuanto a los colores, ya hemos ganado bastante.

¿Sí?
Sí, porque yo vengo del blanco y el negro. Pintar en tres colores para mí es una verbena. Me da hasta vergüenza. (Risas) Lo que quiero transmitir con estos tres colores es sobriedad, que para mí es muy importante. Mi carácter es así y llenar un lienzo de colorines me parece absurdo, vacío y cantoso.

En su web, se puede leer que nos adentramos en el mundo del pequeño e insignificante Pho. ¿Es falsa modestia o tenemos un concepto equivocado de los artistas como personas extraordinarias y maravillosamente complejas?
Creo que en el mundo del arte hay mucho mito. Se identifica mucho a los artistas como personas complejas y lo que creo es que son personas que tienen una capacidad de síntesis o de observación o de trasladar a un lienzo una serie de ideas. Lo del pequeño e insignificante Pho a mí me parece un personaje entrañable y lo he hecho mío.

 

Revolución 1954.

¿Habla de usted en tercera personas?
Sí, lo suelo hacer. Debo de tener algún tipo de esquizofrenia. Me pareció una idea extraordinaria y cuando escribo, que lo hago todos los días, me refiero al pequeño e insignificante Pho o hablando del pequeño y atormentado Pho para referirme a mí.

Y el feliz Pho, ¿no aparece?
No, nunca.

Mirando sus cuadros, he visto mucha agonía, aunque también salidas y me evocan una estrofa de la Oda a Walt Withman, de Poeta a Nueva York de Lorca. (…) Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño./ Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía./ Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,/ la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises, (…) ¿Qué agonía o salidas tienen sus cuadros?
¿Salidas? No sé, porque soy absolutamente pesimista. Las escaleras que se ven en los cuadros van hacia abajo, si tú las ves y piensas que por ahí hay un escape, bien, pero lo que yo veo es que hay algo peor que te está esperando al bajar.

Las escaleras también se pueden subir…
(Silencio) Son maneras de verlo. El cuadro está para mirarlo y para transmitirte sensaciones, no sirve para otra cosa. Jamás voy a ver nada positivo. Agonía es la palabra que mejor los define, porque lo que tengo yo es retorcimiento y dolor propio de vivir y existir.

Es fácil acabar con las agonías.
¡Hombre, claro!

El Apátrida.

Si continúa, es porque algo merece la pena.
No es tan fácil. A mí me dijeron una vez que la actitud más lógica era esperar. No optar ni por el suicidio, ni por todo los contrario, si lo hubiere. Un ser tiene conciencia de sí mismo, está y no sabe por qué está. ¿Qué hace? Huir hacia adelante o cortar y fuera. No sé por qué he venido, por lo que no tengo que provocar mi muerte, por lo que tendré que esperar.

¿Somos un puñado de críticos sin sentido?
¿En general? Creo que el deporte nacional es criticar.

Esta crisis es económica y de valores. La economía mejorará o aprenderemos a vivir con estrecheces. Pero, ¿cómo cree que recuperaremos los valores?
Creo que no los recuperaremos. Simplemente la especie humana debe ser aniquilada.

De alguna manera, nos estamos exterminando solos…
Sí, poquito a poco, pero yo busco una solución más rápida e indolora. Hacemos uso de todo el arsenal nuclear que hay en el mundo y punto. Hay veces que hay que hacer borrón y cuenta nueva.

¿Y quién queda?
Nadie.

Suicidio.
Suicidio.

Entonces, ¿eso no es borrón y cuenta nueva, es sólo borrón?
Pasarán 50.000 años hasta que pase la radiación y luego llegará un meteorito y volverá a surgir la vida. Somos un animalito más, pero estamos muy gastados, muy retorcidos… Soy partidario de lo que he dicho.

Mientras todo eso ocurre. ¿Por qué tenemos que venir a La Platea a ver su obra?
Por curiosidad.

 

 

 


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