Cosas de la vida

La psicóloga en casa: Somos más infieles de lo que creemos

El ser humano es infiel por naturaleza, pero unos lo reprimen y otros, no. Muchas veces puede ser la forma de mantener una relación estable como un matrimonio, aunque al mismo tiempo sea su mayor enemigo real. ¿Qué nivel de autoengaño tienes tú?

Mª Carmen García Mateos.

Podría autoengañarme y decir que no soy infiel, ¿y cuál sería mi mentira? La de pensar quizás que me entrego en cuerpo y alma a mis ideas y mis amores, nada se transforma por tanto y yo tampoco. Sería algo así como tratar de convenceros o convencerme de que esa es la mejor forma de vivir, que la infidelidad es una de tantas inmoralidades y habría que, al igual que la peste, erradicarla del planeta. Pero basta de engaños. Toca ser sincero con nosotros y con el mundo:

Los datos que se refieren a la infidelidad conyugal reflejan que más de la mitad de los varones han tenido experiencias sexuales extraconyugales. Las mujeres aún no alcanzan las mismas cifras, pero va en aumento.

[pull_quote_right]Más de la mitad de los varones han tenido experiencias sexuales extraconyugales. Las mujeres aún no alcanzan las mismas cifras, pero va en aumento[/pull_quote_right]Esto se nos muestra como realidad, pero, por el contrario, es curioso como si de eso nada se quisiera saber. ¿Por qué decimos esto? Pues, porque si saliéramos a la calle y preguntásemos qué se valora más en una pareja, veremos que las personas valoran a la hora de buscar pareja no el físico o la inteligencia, sino la fidelidad.

Tampoco hay que obviar que las infidelidades suelen ser una causa determinante en muchas rupturas de pareja. ¿Cómo hacer cohabitar entonces el ideal con la realidad imperante?

¿Somos unos inmorales, hipócritas y mentirosos o es que esta moralidad nada sabe de los deseos y necesidades humanos? Antes de que entren a polemizar, ¿qué les parece si tratamos de explicar lo que entiendo por fidelidad o infidelidad?

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Mª Carmen García Mateos

Psicóloga y psicoanalista

de Grupo Cero

Telf: 651831296

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Sería muy simplista sólo entenderla en el ámbito de lo sexual para referirse a este término, aducir que cuando uno ama a una persona debe serle fiel y no mirar a ninguna otra (o sea, lo más imposible la total exclusividad como si de un hijo único se tratase y del amor al que refieren sea el de su mamá).

¿Es ésta quizás la concepción que tienen muchos de ustedes? Tratemos, pues, de sumarles muchas más cosas. Ser fiel también habría que serlo a las primeras ideas que uno tuviera o a los primeros amores, o a los primeros gustos.

Sin embargo, ustedes entenderán que lo que un día me gustó no tiene por qué gustarme hoy, que lo que yo pensaba de la vida ayer hoy no coincide con mi pensamiento actual. Afortunadamente, eso tiene que ser así. Las personas estamos en continua transformación para crecer. Nuestros gustos varían, vamos sumando experiencias, relaciones. Si entendiéramos como infidelidad cada paso que uno diera que le aleje de lo anterior, no estaríamos donde estamos. Seríamos una especie sumamente pobre y abocada a ahogarse a sí misma.

¿Pero cómo somos? Somos seres de gran complejidad, diferentes a cada instante. Lo que pensaba ayer hoy no lo mantengo, puedo cambiar de trabajo, de pareja, de amigos y hasta de color de pelo y eso no tiene por qué significar que sea mala persona o menos relevante para la sociedad. Sin embargo, se nos pide que seamos fieles en el terreno amoroso. ¿Cómo se habrá llegado a tal exigencia?

En un interesante trabajo de Freud “La moral sexual cultural en la nerviosidad moderna” el autor realiza un estudio donde contrasta las exigencias morales y las necesidades o deseos humanos.

[quote_box_right]Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías[/quote_box_right]Una cosa es lo que se nos exige moralmente y otra, muy diferente, que “todos” podamos llegar a satisfacer tales niveles. Hay personas para las cuales ser fieles a sus parejas es tarea fácil, pero para otras, en cambio, asumir tal exigencia les lleva al camino de la enfermedad, la insatisfacción o el engaño.

Si uno quiere, es fácil de entender. Hay quienes se conforman con lo monótono, incluso están así a gusto, personas a las que comer todos los días lo mismo les satisface. ¿Qué haría usted si todos los días hiciera lo mismo, viera a las mismas personas, dijera las mismas palabras? Creo que podría llegar a desesperarse. Pues eso mismo es lo que pedimos en el terreno sexual a todo el mundo, que se conformen todos los días con el mismo aburrimiento.

No todos somos así claro, porque podemos ser una pareja pero cocinar los mismos platos de forma diferente cada día, evitamos la monotonía, cada encuentro es una sorpresa. Este ideal, sin embargo, sean sinceros, pocas veces se cumple. El matrimonio acomoda, somos el uno del otro, posesiones, nos descuidamos, se acaba la pasión, todo monotonía, parecemos más que amantes, hermanos. Y así quizás sí se pueda ser fiel, pero el precio a pagar es la insatisfacción.

Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Sus mujeres no les ofrecían lo que ellos necesitaban. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías, porque frente a sus maridos no podían. Como ven hay goces pero en esta ocasión no se encuentran.

No trato de juzgar si esto está bien o mal. No es mi cometido, y menos el de este artículo. El ser humano no puede ser fiel. Si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud y sin dejar de ser eso, humano.

[pull_quote_left]El ser humano no puede ser fiel. Si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud y sin dejar de ser eso, humano.[/pull_quote_left]Tenemos que aceptar que ninguna persona puede ser una propiedad privada. La pareja ha de fundamentarse en el amor y/o deseo, para que ello se mantenga el trabajo ha de ser continuo. Tolerar la incertidumbre de no saber si permanecerás a su lado ni él al tuyo, pero seguir trabajando para que ello ocurra.

Conversar, respetar, tolerar. Debemos entender que todos deseamos muchas cosas y no por ello dejamos de hacer las que hacemos. Que a veces para que mi marido esté a gusto conmigo, tiene que encontrarse con otras relaciones. Que yo, a veces, cuando hago el amor con él, pienso en otras personas. Que por decir su nombre, digo el de otro. Que sueña con otros nombres que no son el mío. Que a veces, nos encontramos deseándonos. Y que no nos separamos ni nos matamos, porque aceptamos que somos diferentes y, aun así, nos amamos.

Usted elige. ¿Qué nivel de autoengaño desea?¿Nos matamos por esto? Mejor, y si les parece, seguimos conversando sobre ello.

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