A Pichu

Flores en el campo. Imagen de Kerstin Riemer en Pixabay

La muerte solamente puede comprenderse desde la vida. Asumirla desde el nacimiento tiene sus dificultades, pues como decía Unamuno, morimos al venir a este mundo. El fallecimiento de un amigo nos deja sin palabras, e intentas consolarte con los recuerdos que jalonan los momentos más intensamente vividos junto al que nos deja.

El cirujano Rafael Mateos Dorado, Pichu para sus amigos y conocidos, ha fallecido tras una larga enfermedad que le había dejado incapacitado para realizar una vida normal. Fuimos compañeros de bachillerato en el colegio Marista donde compartimos amistad con Rafael Torres, los hermanos Rodilla, Miguel Ángel y Goyo, Francisco Rubio, Luis Herrero, Pablo de Unamuno, Jorge Tizón y los hermanos Cordón, José Ignacio y Falín. Grupo que se disgregó al elegir cada uno carreras distintas. En el otoño de 1963 llegamos juntos a la hospedería del Fonseca para estudiar medicina y compartimos las luchas de aquellos años por alcanzar la democracia que aún tardaría en llegar. En las vacaciones de verano de los últimos años en el colegio nos reuníamos en la casa de la finca del Mejorito, junto a Ciudad Rodrigo, para compartir los primeros días de asueto.

La especialización nos llevó por caminos distintos, a Pichu por la cirugía, en mi caso por la Otorrinolaringología-foniatría. Pero siempre mantuvimos el vínculo de la amistad que se forja en los años de juventud.

Hoy he sentido la necesidad de escribir sobre Rafael Mateos Dorado, hombre bueno, generoso y con capacidad sobrada para las relaciones sociales, para recordarle y solidarizarme en el dolor con su mujer Juana e hijos. Su pérdida la sentimos como nuestra los que hemos disfrutado de su amistad. A sus deudos queremos recordarles lo obvio, la noche, por muy oscura y triste que sea, siempre da paso a la luz del día. La Biblia nos ayuda a comprender donde puedes buscar la claridad, la ayuda. El libro sagrado es claro al respecto, el que tiene un amigo posee un tesoro.

En casos como el que nos concita, la muerte de Pichu, busco consuelo en los versos sublimes de fray Luis de León cuando echa en cara al mismo Jesús que nos abandone cuando más le necesitamos. Son versos que traspasan lo humano para inscribirse en lo divino. 

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Descansa en paz, amigo.  Jesús Málaga Guerrero

Deja un comentario

No dejes ni tu nombre ni el correo. Deja tu comentario como 'Anónimo' o un alias.

Más artículos relacionados

Te recomendamos

Buscar
Servicios