‘Mi abuela’ gana el concurso de microrrelatos de Zoes

Lista de autores y micorrelatos ganadores del concurso de microrrelatos de Zoes, en el barrio del Oeste
Antonia Martín Arganda, ganadora del concurso de microrrelatos de Zoes con su 'Mi abuela'.

El concurso de concurso de microrrelatos Leyendo a la luz de la luna convocado por la asociación Zoes del Barrio del Oeste ya tiene ganadores.

Ganador. Mi abuela, de Antonia Martín Argenda, de EL BODÓN

Sentada ante la mesa camilla, vestida de negro, sus cabellos canos recogidos en un moño bajo. La mirada vidriosa, cansada, perdida en los avatares de más de un siglo de lucha y trabajo. Su mandíbula inquieta y temblorosa parece que rumiara un no sé qué. Dedos de sarmiento, entrelazados como cepas, haciendo girar sus dedos pulgares en uno y otro sentido. De vez en cuando acerca el vasito a sus labios y da un sorbo de vino, paladeando recuerdos de guerra, de hambre, de hijos muertos… Apurando su vida como quien apura su vaso; despaciosa, tranquila.

2º Finalista: Mirando Amargo, de Miguel Ángel Flores Martínez, de Sabadell

La tristeza es una tórtola coja en un callejón por donde nadie pasa. La soledad, una anciana acostada a las siete de la tarde, porque empieza a oscurecer. El desconsuelo, ese hombre del cartón de vino, que fuma cigarrillos que encuentra inacabados. La amargura es esta ventana. Esta por la que veo el pájaro trastabillando, y veo la luz que emite la lamparita de la mujer, que seguramente mira al techo esperando a que amanezca. Y veo al infeliz contando las colillas que le quedan. Y veo esta acera, por la que ya nunca vendrás caminando, mirando arriba, sabiéndome asomado.

3º Finalista: Salado, de Gema Cabrera Noya, de Madrid,

El vino ha comenzado a saberme salado. No ha quedado nada del dulzor del vino blanco que abríamos entre sonrisas acarameladas, mientras cocinábamos la cena. Tampoco del amargor adictivo del vino tinto que nos gustaba probar de los labios del contrario. Desde que te fuiste de mi lado, empecé a beber en solitario. Con un manto de agua recorriendo mis mejillas, busqué con desesperación el sabor que me hacía entrar en calor, que me sacaba sonrisas y me colmaba de dicha. Hoy relleno con lágrimas las botellas de vino, solo para dejar de hallar tu nombre en el fondo vacío.

4º Finalista: Artificial, de Irene Alegría Alcácer, de Salamanca

 -¿Cómo se quita una mancha de vino? -mascullo en voz alta, mientras tecleo la pregunta. La pantalla parpadea un segundo. “Generando la respuesta perfecta”, me avisa mi confidente. Lo bueno se hace esperar. Aunque no demasiado, que es lo importante, claro. Se me dibuja una sonrisa de alivio cuando las palabras empiezan a aparecer sobre el fondo blanco. Instrucciones precisas, pulcramente numeradas y, al final, un guiño cómplice. “Es tu camisa favorita, ¿a que sí? La de las flores azules”. Me tiene calada, hay que ver. De pronto, me encuentro a mí misma a punto de decir “gracias, mamá”.

 5º Finalista: Vino amargo, de José Antonio Carmona Saez, de Ávila  

Eran las doce, cuando descorchó la última botella. El vino, rojo profundo como el rencor, cayó en la copa con un murmullo denso. En el fondo de un buen tinto se esconden verdades que no se atreven a salir. Aspiró su aroma y bebió despacio. El sabor a roble y olvido no apagó el incendio de su pecho. El crujido en el pasillo lo volvió hacia la puerta con una esperanza rota. No, no era el alcohol; era ella que finalmente, vino. Al verla lo comprendió enseguida: no traía perdón, sino el silencio amargo de las despedidas.

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