El Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (Irnasa-CSIC) muestra su satisfacción por la aprobación en el Parlamento Europeo del reglamento sobre nuevas técnicas genómicas (NTGs). La normativa facilitará el uso de plantas modificadas con gran precisión gracias a las nuevas herramientas de edición genética, lo que permitirá impulsar la innovación y obtener beneficios específicos para la agricultura.
Las nuevas técnicas, como la herramienta de edición genética CRISPR, permiten realizar modificaciones muy precisas, tan pequeñas como las que ocurren en la naturaleza de forma espontánea, pero controladas por los investigadores para lograr propiedades específicas. A diferencia de los cultivos transgénicos, que se obtienen introduciendo material genético de otros organismos, las NTGs no dejan ADN ajeno en la planta. De esta forma, la normativa aprobada este miércoles (que entra en vigor 20 días después de publicarse en el Diario Oficial de la UE y será de aplicación en dos años) permitirá el acceso a nuevas variedades vegetales que se adapten mejor al cambio climático y a las plagas, que produzcan mejores cosechas o que requieran menos pesticidas.
Un servicio de edición genética en Salamanca
Precisamente, el IRNASA-CSIC, consciente de las enormes posibilidades de las NTGs y de la necesidad de impulsar la innovación en el sector primario, ha puesto en marcha recientemente el Servicio Científico-Técnico de Edición Genética y Bioinformática, que está a disposición de investigadores y empresas que deseen aprovechar este nuevo escenario. Por el momento, muy pocos centros públicos de investigación científica en España cuentan con una iniciativa similar.
“La aprobación de esta nueva regulación representa un hito histórico para la biotecnología vegetal en Europa”, afirma Sergio Cerezo Medina, responsable de este laboratorio. Esta normativa “abre las puertas al avance de las NTGs en el desarrollo de soluciones basadas en la evidencia científica; una tecnología estratégica para la mejora de cultivos y para garantizar la sostenibilidad y la competitividad de nuestro sector agroalimentario”, añade.
Las NTGs agrupan a un conjunto de herramientas biotecnológicas avanzadas en el que se incluye la edición genómica. Destacan herramientas como CRISPR, que actúan como “tijeras moleculares” que permiten introducir cambios muy precisos en el ADN de las plantas. Estas técnicas permiten modificar genes propios de la planta de forma dirigida y controlada. “Hoy en día es posible obtener una mejora relevante, como puede ser una mayor resistencia a la sequía, a una enfermedad o una mejora nutricional, mediante un pequeño cambio dirigido en el ADN de una planta. Este nivel de precisión era impensable hace apenas una década y abre un enorme abanico de posibilidades para la agricultura del futuro”, explica Cerezo, que estuvo trabajando en Rothamsted Research, un centro británico pionero en esta tecnología.
“Durante mi etapa profesional en el Reino Unido, tuve oportunidad de experimentar de primera mano cómo un entorno regulatorio más flexible se traduce en un impulso directo a la innovación y al desarrollo en el sector empresarial biotecnológico, facilitando enormemente la transición del laboratorio al campo. Esta nueva normativa europea nos sitúa en una posición mucho más competitiva y alineada con los avances científicos y con otros países con una regulación avanzada como el propio Reino Unido, Estados Unidos o Canadá”, destaca el investigador.
En ese sentido, el nuevo Servicio de Edición Genética y Bioinformática del Irnasa-CSIC proporciona un apoyo integral a la investigación en este campo, abarcando todas las fases del proceso, desde el diseño experimental hasta la obtención y validación de plantas editadas genéticamente. Entre sus capacidades se incluyen herramientas de edición genética como CRISPR/Cas9, el cultivo in vitro y la transformación genética de diferentes especies modelo y de interés agrícola, así como el análisis molecular y la caracterización de plantas modificadas genéticamente. “Desde nuestro servicio queremos emplear la bioinformática para transformar datos en conocimiento aplicable que pueda contribuir de forma directa, mediante el uso de NTGs, al desarrollo de nuevas variedades más eficientes, sostenibles y adaptadas a los retos actuales de nuestro sistema agroalimentario”, subraya Cerezo.
El momento de impulsar la transferencia de conocimiento
Tras la luz verde de Europa a las NGT, llega el momento de impulsar la innovación en el sector agroalimentario. La transferencia de conocimiento desde los laboratorios a las empresas y al campo es más necesaria que nunca, lo que requiere intensificar las relaciones entre todos los actores del sector primario. Para los agricultores europeos, amenazados por los altos costes, el clima o la competencia exterior, se abre la puerta para mejorar la viabilidad de sus explotaciones. Por su parte, los consumidores podrán obtener beneficios para su salud a través de alimentos que mejoren su dieta y cuya producción requiera menos productos contaminantes. En definitiva, la ciencia debe contribuir a una agricultura más sostenible y de mayor calidad.
Asimismo, es el momento de la divulgación científica. A pesar de que el uso de las NGT concita un amplio consenso entre la comunidad científica y gran parte del sector agroalimentario, la nueva normativa también genera oposición y dudas. Los investigadores deben asumir el deber de explicar a la sociedad la edición genética de plantas y, en particular, las notables diferencias que existen entre esta técnica y las modificaciones del ADN que dan lugar a los cultivos transgénicos, sometidos a una estricta legislación en Europa.
El IRNASA-CSIC, como centro de investigación científica orientado a la sostenibilidad, está comprometido con todos estos objetivos y pone sus recursos a disposición del sector agroalimentario y de la sociedad. Las nuevas herramientas de edición genética de plantas suponen el inicio de una nueva era llamada a mejorar nuestra alimentación y el medio ambiente; un cambio trascendental que empieza en los laboratorios.