Juan Pedro Bolaños, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Salamanca, investigador del Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG) y adscrito también al Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), resultó elegido como nuevo miembro de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO), un reconocimiento vitalicio con el que la reputada organización científica distingue la excelencia en la investigación y los logros excepcionales en las ciencias de la vida.
En total, 71 científicos destacados procedentes de 23 países han sido elegidos por sus logros sobresalientes como miembros de EMBO, la categoría para aquellos que desarrollan su labor en Estados miembros de la Conferencia Europea de Biología Molecular (EMBC) o como miembros asociados de EMBO, si se trata de residentes fuera de Europa.
Concretamente, la cohorte seleccionada este año 2026 está compuesta por 60 miembros de la EMBO, 35 mujeres y 36 hombres que desarrollan su labor en 17 estados miembros de la EMBC. Entre ellos, solo siete desempeñan su actividad en España: tres en Barcelona y uno en Madrid, Sevilla, Salamanca y Valencia, por lo que, además, Juan Pedro Bolaños es el único representante de Castilla y León, También han sido seleccionados once miembros asociados de la EMBO afincados en seis países no europeos.
Los nuevos miembros de la reputada organización, que alberga en su seno a 92 Premios Nobel, pasan ahora a formar parte de una comunidad global de más de 2.200 científicos de las ciencias de la vida. En este sentido, la directora de la Organización Europea de Biología Molecular, Fiona Watt, subrayó que “es un placer dar la bienvenida a los nuevos miembros y a los miembros asociados de la EMBO”. “Su elección celebra sus logros y su creatividad. Al aportar sus perspectivas y experiencias únicas, fortalecerán enormemente la red de destacados científicos de las ciencias de la vida que están dando forma a este campo”, añadió.
“Mi elección como miembro de la EMBO supone uno de los reconocimientos más significativos de mi trayectoria científica y lo recibo con una enorme gratitud. Lo entiendo como un reconocimiento al trabajo desarrollado durante muchos años junto a estudiantes, investigadores, técnicos y colaboradores con quienes he tenido la fortuna de compartir esta aventura científica”, declaró el propio Bolaños.
“Los avances que hemos podido realizar en el estudio de cómo el metabolismo de las células cerebrales influye en funciones tan complejas como la cognición, el envejecimiento o las enfermedades neurodegenerativas, son el resultado de un esfuerzo colectivo sostenido en el tiempo y de la contribución de muchas personas que han formado parte de mi grupo de investigación”, añadió.
Calidad y compromiso
Como organización basada en sus miembros, la Organización Europea de Biología Molecular debe su prestigio e impacto a la calidad y el compromiso de su comunidad científica. Sus miembros forman parte del Consejo de EMBO, de sus comités y de los consejos editoriales asesores y se encargan de evaluar solicitudes de financiación, además, los miembros asociados aportan una perspectiva global a la organización. Todos ellos, en conjunto, influyen en la dirección de las ciencias de la vida y fortalecen las comunidades de investigación tanto en Europa como más allá de sus fronteras.
“Formar parte de la EMBO supone una oportunidad para contribuir de manera más activa a una comunidad científica internacional extraordinaria, comprometida con la generación de conocimiento, la cooperación y la formación de nuevas generaciones de investigadores. Afronto esta nueva etapa con ilusión, responsabilidad y el convencimiento de que desde Salamanca podemos seguir contribuyendo al avance de las ciencias de la vida al más alto nivel”, subrayó al respecto Juan Pedro Bolaños.
Cabe destacar que, los nuevos miembros son seleccionados mediante un proceso anual de nominación y elección, lo que garantiza que la Organización represente variadas áreas de investigación y las tendencias científicas emergentes. De hecho, muchos de los nuevos integrantes en la convocatoria de 2026 han demostrado su excelencia en áreas de investigación fundamental, como la ecología y la evolución, la epigenética o la biología estructural, entre otras.
Trayectoria científica de excelencia
Para el catedrático de la USAL, este nombramiento tiene un significado especialmente emotivo. “Me formé como estudiante, realicé mi tesis doctoral y he desarrollado prácticamente toda mi carrera científica en la Universidad de Salamanca y en los centros de investigación vinculados a ella, por lo que recibir esta distinción representa también una forma de reconocimiento a una institución que ha apoyado mi trabajo desde sus inicios. Creo que es una magnífica noticia para la Universidad de Salamanca, y para el Instituto de Biología Funcional y Genómica y el IBSAL, en general, para la investigación que se realiza en nuestra Comunidad”, subrayó.
“Por otra parte, me hace también una especial ilusión incorporarme a una prestigiosa organización en la que ya están presentes investigadores a los que admiro profundamente, como los Profesores de Investigación del CSIC Sergio Moreno y Francisco Antequera, con quienes, además, comparto centro de investigación”, añadió.
Que los tres miembros de EMBO que desarrollan su actividad científica en Salamanca estén vinculados al Instituto de Biología Funcional y Genómica es, a juicio de Bolaños, “un reflejo de la calidad científica de este instituto universitario y del entorno investigador que se ha ido construyendo en nuestra ciudad”. “Lo siento, por tanto, no como un logro individual, sino como el resultado de una labor colectiva y de un compromiso compartido con la excelencia científica”, matizó.
En el plano más personal, el científico no quiso dejar de expresar su agradecimiento a su familia. “Y muy especialmente a mi mujer, Ángeles Almeida, profesora de Investigación del CSIC, con quien he compartido proyectos, ilusiones y desafíos a lo largo de todos estos años. Sin su apoyo constante y su complicidad intelectual, este camino habría sido mucho más difícil. También a nuestros hijos, que han crecido entendiendo que la ciencia exige dedicación, pero también que merece la pena cuando contribuye, aunque sea modestamente, a mejorar el conocimiento y la vida de las personas”, concluyó.